Ante el aumento de presiones climáticas y riesgos productivos que amenazan la seguridad alimentaria, CIMMYT refuerza en 2026 su trabajo en territorio con una infraestructura científica activa en 16 estados de México, desarrollando y validando soluciones junto con gobiernos estatales, productores y aliados para acelerar la transformación sostenible del campo.

El campo mexicano enfrenta una convergencia de presiones que desafían su capacidad para producir alimentos de manera sostenible: cambio climático, degradación de suelos, escasez de agua, aumento de riesgos fitosanitarios y la necesidad de garantizar de manera continua alimentos suficientes, seguros y nutritivos para una población creciente. En este contexto, la ciencia agrícola no es solo una apuesta de largo plazo: es una respuesta urgente que debe llegar de manera efectiva a las comunidades y a los territorios donde se toman decisiones productivas.
Al iniciar 2026, CIMMYT en México continúa trabajando hombro a hombro con los actores del sector agroalimentario, poniendo a disposición del país una infraestructura científica, experiencia territorial y modelos de innovación orientados a transformar los sistemas agroalimentarios con evidencia científica, capacidad técnica y acompañamiento en campo.
Fundado hace más de 80 años en México, a partir de una alianza pionera entre México, Estados Unidos y otras organizaciones filantrópicas privadas, CIMMYT nació para responder a un desafío compartido: mejorar los cultivos que alimentan a gran parte de la población mundial. Desde sus orígenes, su misión ha sido global y colaborativa, basada en la generación de ciencia abierta y de acceso público, concebida como un bien público al servicio de agricultores, gobiernos y sociedades.
Hoy, esa misión se materializa en una infraestructura científica activa en todo el país, integrada por 46 plataformas de investigación agronómica que operan en 16 estados, entre ellos Oaxaca, Guanajuato, Chiapas, Quintana Roo, Hidalgo, Sonora y el Estado de México. Estas plataformas permiten generar datos en condiciones reales de producción, validar tecnologías y adaptar soluciones científicas a la diversidad de contextos agroecológicos del territorio nacional.
La continuidad de esta infraestructura resulta clave para la transformación del campo. La investigación agrícola requiere procesos sostenidos en el tiempo: la interrupción de la ciencia implica la pérdida de datos, capacidades técnicas y aprendizajes acumulados que no pueden reconstruirse rápidamente, debilitando la capacidad de respuesta frente a crisis productivas y sanitarias.
Desde esta base, CIMMYT pone a disposición capacidades técnicas concretas para atender riesgos prioritarios del sector agroalimentario. La institución desarrolla y valida menús tecnológicos con enfoque preventivo y correctivo, basados en ciencia, que integran materiales mejorados, opciones de biocontrol, herramientas de monitoreo y prácticas agronómicas y poscosecha orientadas a mejorar la productividad, rentabilidad y resiliencia de los sistemas de producción locales basados en cultivos vitales como el maíz.
De manera complementaria, las innovaciones impulsadas por CIMMYT para fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos incluyen la mecanización inteligente, las prácticas de agricultura regenerativa, el mejoramiento participativo y la evaluación de variedades y cultivos adaptados a zonas áridas y semiáridas. Este enfoque permite ofrecer a las y los agricultores alternativas productivas viables frente al cambio climático, a través de cultivos con alta tolerancia al calor y eficiencia en el uso del agua —como mijo, sorgo, garbanzo, caupí, ajonjolí, chícharo guandú y cacahuate—, bajo una visión que prioriza sistemas agrícolas más diversos, resilientes y sostenibles.
A partir de su experiencia científica y trabajo en campo, CIMMYT desarrolla, prueba y adapta innovaciones y herramientas que permiten avanzar hacia esquemas de alerta temprana e inteligencia de riesgo, orientados a anticipar brotes, identificar zonas de mayor vulnerabilidad y apoyar decisiones oportunas en campo y almacenamiento. Esta experiencia ofrece una base sólida para fortalecer las capacidades de prevención y gestión del riesgo a nivel territorial.
Las innovaciones se validan en condiciones reales de producción, con acompañamiento técnico directo, para asegurar su viabilidad, efectividad y pertinencia para agricultores y actores locales. En paralelo, CIMMYT trabaja en la preparación para su adopción y escalamiento, evaluando rutas de implementación, fortaleciendo alianzas y desarrollando módulos de capacitación para técnicos públicos y privados a través de sistemas de extensión locales, especialmente en zonas de mayor riesgo.

Esta infraestructura científica ha permitido que la evidencia generada en campo incida directamente en el diseño e implementación de políticas públicas en colaboración con gobiernos estatales. Durante 2025, el trabajo conjunto con autoridades en estados como Oaxaca y Quintana Roo contribuyó a fortalecer programas orientados al abasto seguro de alimentos, el manejo sostenible de suelos y la atención de riesgos productivos, integrando ciencia, acompañamiento técnico y aprendizaje continuo en la acción pública.
Durante ese mismo año, la infraestructura de CIMMYT contribuyó a la capacitación de más de 3,000 personas, en coordinación con actores públicos y locales, incluyendo el Gobierno del Estado de Quintana Roo, fortaleciendo capacidades técnicas, la participación de mujeres y jóvenes, y la toma de decisiones informadas en los territorios.
En 2025, CIMMYT inició en México la evaluación y validación de 126 variedades de arroz en Tlaltizapán, Morelos, en colaboración con el Gobierno del Estado de Morelos y socios institucionales, generando evidencia científica para fortalecer la productividad, eficiencia y sostenibilidad de una cadena estratégica para la seguridad alimentaria. Los aprendizajes generados en México han servido, además, para escalar soluciones a países vecinos como Guatemala y Honduras, reforzando la resiliencia agroalimentaria a nivel regional.
Hoy, este modelo de ciencia como bien público enfrenta presiones significativas en un entorno de inversión menos predecible. Proteger activos científicos críticos —ensayos a largo plazo, bancos de germoplasma y sistemas de datos— resulta indispensable, ya que no pueden reconstruirse una vez perdidos.

La ciencia que transforma los sistemas agroalimentarios necesita continuidad.
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