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Impacto de los plaguicidas en México, curso MAP II

Investigación y divulgación preventiva sobre el uso de insumos nocivos y el desarrollo de la educación sanitaria efectiva.
Por: Emma Castolo-Calderón, Red_InnovAC. María Eugenia Olvera, especialista en comunicación, CIMMYT.
26 de mayo de 2017.

Morelia, Mich.– Se llevó a cabo la última sesión del segundo módulo del curso de especialización Manejo Agroecológico de Plagas (MAP II). El taller estuvo a cargo del maestro en ciencias Fernando Bejarano, director del Centro de Análisis y Acción en Tóxicos y sus Alternativos (CAATA), quien exhortó a la investigación y la divulgación del uso de químicos y pertinente sanidad, de esta forma indicó la importancia social, ecológica y moral que aquejan a la comunidad productiva.

En México, parte de la homogenización cultural de la agricultura moderna ha generado condiciones para que los plaguicidas químicos se conviertan muchas veces en la forma dominante para el control de plagas. Un amplio sector de la industria química fabrica aún insumos altamente tóxicos (insecticidas, funguicidas, herbicidas) para la salud pública y el ambiente porque no se toman en cuenta las interacciones bióticas de la agroecología (inclusión del medio en los procesos productivos), lo que ocasiona grandes cambios, daños a los suelos y al ecosistema en general.

Ahora bien, existen 2,370 plaguicidas y pesticidas registrados en Cofepris, de los cuales, 90% son químicos y 10% bioplaguicidas (De los Santos, 2011). De lo anterior, 65% son ligeramente tóxicos, 22% moderadamente tóxicos, 9% altamente tóxicos y 4% extremadamente tóxicos.

Cabe mencionar que el consumo de plaguicidas en México equivale a 36,280.18 toneladas (4.55 t por cada 1,000 ha1) (FAO, 2009).

Como refiere la campaña para el buen uso y manejo de agroquímicos (BUMA), los impactos en la salud por el uso de estos tóxicos sin control han generado afecciones causadas por la exposición continua y prolongada a los plaguicidas. Así también, han fortalecido la resurgencia de las plagas secundarias al convertirlas en plagas primarias y acabar al mismo tiempo con sus enemigos naturales y provocando daños económicos en la parcela.

La presencia de un factor limitante (plaga, deficiencia nutricional, etc.) no es más que un síntoma de que un proceso ecológico no funciona correctamente; sin embargo, poco ayuda el simple hecho de adicionar eso que falta para que éste regrese a su estado funcional. No obstante, la aplicación de insecticidas prohibidos continúa en México y en varios países. Los daños al ambiente y contaminación gradual generan pérdida directa en el ambiente, la biodiversidad y la resistencia, por lo que se deberían considerar de gran interés y así realizar acciones que contrarresten estos impactos.

Los participantes compartieron sus experiencias sobre el uso de plaguicidas en su lugar de origen para realizar un análisis en conjunto y plantear conclusiones críticas sobre el impacto que genera un químico al contacto con el ecosistema y la comunidad.

En el cierre, se hizo hincapié en la falta de información y la necesidad de coincidencia de políticas públicas para regular esta situación. En este sentido es importante que los técnicos, que facilitan las tecnologías sustentables logren una conciencia colectiva con los productores y, por lo tanto, se impacte en la calidad de vida de éstos para incentivar el desarrollo del campo mexicano.

Referencias:
De los Santos, M. (2011). NAFTA TWG Meeting. Cofepris.
FAO. (2009). FAOSTAT. Recuperado de: http://www.fao.org/faostat/en/#data/EP