La colaboración entre CIMMYT y SEFADER refuerza la ciencia como bien público al fortalecer la red de técnicas y técnicos de los programas públicos, integrando evidencia científica y desarrollo de capacidades para el acompañamiento técnico a las comunidades rurales de Oaxaca.

En un contexto marcado por presiones crecientes sobre los sistemas agroalimentarios —desde el cambio climático y la degradación de los recursos naturales hasta la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria—, la ciencia se vuelve un insumo estratégico para la toma de decisiones públicas. Sin embargo, su impacto depende de la capacidad de traducir el conocimiento en acciones concretas, pertinentes y sostenidas en el tiempo, especialmente en los territorios rurales
Desde esta perspectiva, la colaboración entre el CIMMYT y la Secretaría de Fomento Agroalimentario y Desarrollo Rural (SEFADER) del Gobierno del Estado de Oaxaca parte de una premisa clara: acercar la ciencia a las comunidades rurales requiere fortalecer las capacidades de quienes las acompañan día a día con asesoramiento técnico y formativo. Esta visión fue refrendada durante la clausura del programa, realizada al cierre de 2025, con la participación de Víctor López Leyva, secretario de SEFADER; el Mtro. Flavio Aragón Cuevas, quien en ese momento se desempeñaba como subsecretario de Seguridad Alimentaria; Jelle van Loon, representante regional de CIMMYT para América Latina; y Anabel Díaz, coordinadora de Capacitación en CIMMYT, quienes coincidieron en que la capacitación es el puente entre la evidencia científica, la política pública y las realidades productivas del campo.
Con la clausura del Programa de formación continua y multi-actor para fortalecer capacidades territoriales, CIMMYT y SEFADER consolidaron un proceso de capacitación orientado a mejorar la calidad del acompañamiento técnico y formativo en el campo oaxaqueño, fortaleciendo el papel de los agentes de cambio que trabajan directamente con productoras y productores.

Este programa, desarrollado como parte de la colaboración entre CIMMYT y SEFADER, se diseñó desde una premisa clara: que la capacitación no fuera un ejercicio aislado, sino una herramienta para fortalecer capacidades reales y aplicables en el trabajo con comunidades rurales. En ese sentido, el proceso buscó que el conocimiento se tradujera en mejores decisiones, en una lectura más integral de los sistemas productivos y en prácticas de acompañamiento más pertinentes para las comunidades rurales.
El enfoque formativo se estructuró bajo un modelo educativo por competencias, integrando aprendizaje conceptual, capacidad analítica y experiencia práctica. Participaron coordinadores, técnicos especialistas, formadores e investigadores, quienes trabajaron en el desarrollo de habilidades técnicas y socioemocionales consideradas clave para el desempeño en campo. Entre los temas abordados se incluyeron comunicación efectiva, liderazgo con responsabilidad y ética, trabajo colaborativo, gestión del tiempo, resolución de conflictos y análisis de información para la toma de decisiones.
Este énfasis respondió a una realidad concreta: el acompañamiento a las comunidades rurales exige no solo conocimiento técnico, sino también capacidades humanas que permitan generar confianza, facilitar procesos de aprendizaje y fortalecer el trabajo en equipo. La capacitación permitió a las y los participantes reflexionar sobre su práctica cotidiana, identificar áreas de mejora y fortalecer su rol dentro de los equipos institucionales que implementan la política pública en el territorio.
Como resultado del proceso, cada participante elaboró un plan de mejora, acompañado de compromisos específicos de aplicación. Estos planes se orientaron a mejorar prácticas laborales, fortalecer la coordinación entre equipos y elevar la calidad de las actividades formativas. Además, se estableció el compromiso de implementar acciones concretas derivadas de la capacitación y de presentar evidencia de su aplicación, asegurando que el aprendizaje tuviera continuidad más allá del aula.

El programa también generó resultados diferenciados según el rol de las y los participantes. En el caso de coordinadores, se avanzó en la definición de planes de actividades con una visión más clara y eficiente; para los técnicos especialistas, se promovieron espacios de alineación interna y definición de expectativas de trabajo; a nivel individual, se fortaleció la claridad sobre responsabilidades y estrategias de colaboración. Estos resultados contribuyen a consolidar un tejido institucional más sólido, capaz de responder de manera articulada a los desafíos del sector agroalimentario.
Este proceso de capacitación se inscribe en la visión de CIMMYT de impulsar la ciencia como un bien público, al servicio de las instituciones y de las comunidades rurales. Desde esta perspectiva, la ciencia no se concibe como un fin en sí mismo, sino como una herramienta que, al articularse con la política pública, permite fortalecer la seguridad alimentaria, la autosuficiencia en maíz y cultivos asociados, y la sostenibilidad de los sistemas productivos.
La clausura del programa marca la consolidación de una base de capacidades sobre la cual seguir construyendo. A partir de este proceso, se cuenta con un plan de mejora con horizonte 2026, orientado a fortalecer la calidad de los procesos de capacitación, ampliar su impacto y dar continuidad al acompañamiento en campo. Este enfoque reconoce que la transformación de los sistemas agroalimentarios es un proceso de largo plazo, que requiere aprendizaje continuo, adaptación y trabajo conjunto.
La ciencia de CIMMYT está lista para continuar impulsando el desarrollo de sistemas agroalimentarios resilientes, la seguridad alimentaria y la autosuficiencia en el estado, mediante prácticas sostenibles que acompañen la transformación de los sistemas agroalimentarios en Oaxaca y en México, en estrecha articulación con la política pública.
En un contexto de desafíos crecientes para el campo oaxaqueño y para México, este proceso confirma que la capacitación es el camino para llevar la ciencia a las comunidades rurales e integrarla con sus saberes y realidades productivas. De esta manera, la ciencia se concibe como un bien público, al servicio de las comunidades rurales, que fortalece su resiliencia y sostiene, a largo plazo, la seguridad alimentaria, la autosuficiencia y la transformación sostenible de los sistemas agroalimentarios.