¿Renuncian los investigadores a hacer algo
en Africa?

“No lo crea. Se dice que no pasa nada en África, ningún avance, ningún movimiento, pero en realidad suceden muchas cosas a nivel de fincas y son los agricultores quienes las inician.”

Como ha trabajado en África desde 1986, las percepciones de Hugo De Groote provienen de una certeza bien fundamentada. “Cuando se adaptan las tecnologías a las necesidades y preferencias de los agricultores, éstos generan más alimentos, una mayor producción y más ingresos. Cuando los agricultores ven un buen material, lo prueban.”

De Groote, economista del CIMMYT, hace estos comentarios en los campos de Nguno Ndunda, cuya finca está situada en una región árida de altitud media de Kenya. Fue una parada no planeada. De Groote se dirigía a visitar a otro agricultor que colaboraría en una evaluación rural participativa (PRA), cuando divisó profundos camellones en el suelo rojo de una ladera y árboles frutales, hortalizas y granos. Se dio cuenta de que se trataba de una finca innovadora y decidió detenerse.

De Groote se comunica con la agricultora por ayuda de Daniel Mulwa, asistente de campo del KARI, cuya lengua materna es el ki-kamba, el idioma local. Una vez que Ndunda se entera de su interés en el maíz y la agricultura, los invita a recorrer la finca que trabaja con sus hijas, nietas y bisnietos.

Ndunda relata que su esposo, quien trabajó en la finca de un colono, trajo la idea de sembrar maíz en surcos abiertos con arados tirados por bueyes, en lugar de excavar con una azada. Esto complementó los camellones –abiertos durante un proyecto gubernamental de esa época– al permitir una mejor recolección del agua de escurrimiento y la humedad y, con el tiempo, la formación de terrazas. El suelo retiene ahora agua suficiente para cultivar bananas, papayas, aguacates, calabazas y otros cultivos de alto valor, además de gandules, frijoles y yuca. La producción de maíz es el elemento principal de la operación y de la alimentación de la familia. En el pasado, la Estación de Investigación de Katumani proporcionó algunos cultivos nuevos (yuca) y mejoró variedades de maíz que ayudaron a la familia de Ndunda. Sin embargo, existen amenazas graves para la producción que todavía preocupan mucho a la matriarca: específicamente, los barrenadores del tallo y la sequía.

El CIMMYT escucha a los agricultores como Ndunda y no es entonces una casualidad que esos dos problemas ocupen los primeros lugares en su agenda de investigación para el este de África. De Groote y los economistas del KARI reúnen y analizan datos de las fincas necesarios para orientar la investigación sobre los barrenadores del tallo y la sequía. Esos datos también ayudarán a determinar si las nuevas tecnologías funcionan para los agricultores.

Información precisa sobre los barrenadores del tallo

Como parte del Proyecto de Maíz Resistente a los Insectos para África (IRMA), De Groote y sus colegas del KARI organizaron y realizaron PRA en las cinco principales zonas productoras de maíz en Kenya. Saben cuáles son las variedades de maíz preferidas por los agricultores, cuáles consideran ellos que son las restricciones más importantes de la producción y qué plagas piensan que son más perjudiciales para su maíz. 

Las encuestas incluyeron a más de 900 agricultores reunidos en 43 grupos de discusión, así como entrevistas intensivas con informantes. Además, cinco agricultores de 27 de los sitios de las PRA acordaron sembrar parcelas (en total 135) para que los investigadores pudieran evaluar las pérdidas provocadas por los barrenadores en las condiciones típicas de las fincas. Una perspectiva más clara del problema de los barrenadores a nivel de finca ayudará en el desarrollo de variedades resistentes a los insectos adaptadas a las condiciones de Kenya, y también proporcionará datos para evaluar los efectos una vez que estas variedades lleguen a los campos. Después de la primera serie de 135 estudios en fincas se realizarán otras cinco series.


El maíz es el elemento esencial en la finca trabajada por Nguno Ndunda (izquierda) con ayuda de sus hijas, nietas y bisnietos.

This first set of 135 on-farm studies will be followed by five more sets.

“Nuestros estudios muestran que los agricultores consideran que los principales problemas de plagas en el maíz son los barrenadores del tallo y los gorgojos durante el almacenamiento. Ambas plagas ocuparon alguno de los tres primeros lugares en todos los sistemas de maíz”, dice De Groote. (Agrega que se está preparando un proyecto para combatir los gorgojos en grano almacenado.) Las estimaciones de los agricultores acerca de los daños causados por los barrenadores variaron entre 25 y 60% en las diversas regiones, mientras que las pérdidas reales medidas fluctuaron entre 11% en las tierras altas y 46% en las áreas húmedas de altitud media. Por desgracia, hay confusión en estas cifras porque influyó también la severa sequía que asoló a Kenya en esa época. De las 135 parcelas sembradas, sólo 45 produjeron lo que se podría llamar una cosecha. “La pérdida de tiempo y esfuerzos en la investigación fue grande, pero eso no es nada en comparación con las pérdidas que sufrieron los agricultores, cuyos cultivos fueron diezmados”, se lamenta De Groote, “ 

La devastadora sequía y las pérdidas de los cultivos concordaron con la elevada posición (tercera) que los agricultores asignaron a la tolerancia a la sequía como característica importante al seleccionar variedades de maíz. La madurez precoz fue la primera, tal vez porque los agricultores desean que el maíz escape a la sequía a finales de ciclo de cultivo al desarrollarse con más rapidez.

 


La vida de un investigador itinerante


“No creo haberme aburrido ni un solo día en los 20 años transcurridos desde que dejé mi país natal, Bélgica”, reflexiona el economista del CIMMYT Hugo De Groote. “Todavía lo disfruto, sigo esperando hacer mi pequeña contribución para ayudar a los necesitados en el mundo en desarrollo, y aún encuentro mi trabajo increíblemente interesante.”

Hay un largo camino entre la construcción de letrinas y pozos en una pequeña aldea en el nordeste de Tailandia y la realización de encuestas entre agricultores de maíz en las colinas de Kenya. Las paradas intermedias han incluido Togo, la Universidad de Wisconsin, Malí y Benin, trabajando en todo, desde variedades nuevas de cultivo hasta invasiones por lirio acuático y plagas de langostas.

La vida de un investigador itinerante tiene su lado malo, admite Hugo. Se paga un precio en cuanto a las relaciones familiares y con los amigos; el trabajo puede ser físicamente duro. Residir y trabajar entre personas que viven en la malnutrición, con una tasa elevada de criminalidad, enfermedades tropicales, sida y, sobre todo, en una pobreza extrema, puede también cobrar un tributo emocional. No es fácil contemplar sin inmutarse el abismo que separa a los ricos y los desposeídos del mundo.

Para Hugo, todo se compensa cuando va al campo y encuentra agricultores ansiosos de aprender y probar algo nuevo. “Muchas veces, cuando vamos a otra aldea, los agricultores están ansiosos de evaluar una variedad o tecnologías nuevas”, comenta. “Si se obtienen buenos resultados, uno sabe que les ha ayudado llevándoles algo útil.”

Las preocupaciones de los agricultores locales orientan la investigación sobre la sequía

Desarrollar variedades de maíz tolerantes a la sequía para el este de África –y promover su utilización en los campos– es el objetivo de otro proyecto del CIMMYT ejecutados por De Groote y economistas del KARI: el Proyecto de Maíz Resistente a Factores Desfavorables para África (AMS). Se ensayaron en el proyecto más de 2,000 variedades experimentales en condiciones de sequía y de escasez de nitrógeno, y las más promisorias fueron cruzadas con variedades adaptadas al lugar. Si bien algunas mostraron un gran potencial, podría ser difícil que los agricultores, en particular en las zonas más áridas, adopten el maíz mejorado, dada su renuencia en el pasado a aceptar variedades nuevas. Muchos piensan que el fracaso en distribuir esas variedades en los campos puede atribuirse a la falta de comunicación entre mejoradores y agricultores.

Para resolver estas diferencias, De Groote y sus colegas del proyecto seleccionaron una o más aldeas cerca de las estaciones experimentales del KARI donde se realizaban las actividades del AMS. Se organizaron sesiones en grupos en esas aldeas para conocer las preferencias de los agricultores y los problemas de producción y reunir información sobre los sistemas agrícolas, el ciclo de cultivo, la disponibilidad de servicios de extensión y las condiciones del mercado local. Al terminar las reuniones, se preguntó a los agricultores si les gustaría evaluar las variedades ensayadas en la estación experimental cercana.

“En los cuatro sitios,” dice De Groote, “los agricultores se entusiasmaron con la evaluación de las variedades. De hecho, querían evaluarlas dos veces: una vez durante el periodo vegetativo y nuevamente en la cosecha. Algunos de los mejoradores realmente han aprovechado esto. Hubo un caso en que un grupo de agricultores fue raptado –en sentido figurado– de nuestras parcelas del AMS cuando un mejorador del KARI decidió que quería que evaluaran algunas variedades proporcionadas por el CIMMYT-Zimbabwe con las que estaba trabajando. Es grandioso ver ese intercambio en acción.”

Los agricultores opinaron que 13 de las 52 variedades eran considerablemente superiores a la variedad local más popular. Los mejoradores reducirán estas 13 selecciones a 8 ó 10 teniendo en cuenta otros factores de comportamiento, y las proporcionarán a los agricultores para que las evalúen. Este método también se puede utilizar para el sistema de ensayos madre-bebés, que ha dado tan buenos resultados en Zimbabwe* y es ahora introducido en Kenya.

“Todavía necesitamos perfeccionar nuestra metodología participativa,” señala De Groote, “pero ya tenemos las bases. Los agricultores están ansiosos de participar en la selección de variedades nuevas y esto puede ser una buena oportunidad de aumentar la colaboración entre los agricultores, los mejoradores y los especialistas en ciencias sociales. Al conocer las preferencias de los agricultores en una etapa temprana de la investigación y hablar con ellos cuando cultivan y evalúan las variedades experimentales que prefieren en sus propias fincas, podremos contribuir a que la adopción tenga más éxito que en el pasado.”

 


* SeeFarmers’ Voices Are Heard Here, ” CIMMYT Annual Report 1999-2000 (Mexico City, CIMMYT, 2000).

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For more information:
Hugo De Groote (h.degroote@cgiar.org)

 

© CIMMYT October 2001

Reporte anual 00-2001