Los agricultores dejan el arado ¿Cómo podría una estación experimental de trigo en la parte central de un estado productor de maíz convertirse en un recurso para sus vecinos? Mediante una campaña en favor de la agricultura de conservación y los híbridos de maíz, el superintendente de la estación experimental Toluca del CIMMYT, Fernando Delgado Ramos, está cambiando la forma de pensar de algunos agricultores acerca de la labranza. Lo que comenzó como una rotación de cultivos en un ensayo de trigo, está atrayendo la atención por sus rendimientos de maíz. Julián Martínez es uno de los agricultores que han tomado nota de esta tecnología, pues ha visto enormes diferencias en sus rendimientos desde que adoptó semilla híbrida de maíz y métodos de siembra directa en camas elevadas, hace dos años. Cuando comenzó a sembrar los híbridos directamente en camas, le daba pena que vieran su parcela, pero ahora, cuando alguien pasa por el camino, él lo saluda tocando la punta de su sombrero y esbozando una amplia sonrisa. El año pasado le fue muy bien; logró una cosecha tan buena que el propietario del terreno le aumentó la renta, lo cual obligó a Martínez a trasladar sus actividades a un ejido (tierra comunal) cercano. Aunque la nueva parcela es pequeña, la cosecha este año también fue abundante. Además, no hubo acame; los tallos de las plantas eran fuertes y se mantuvieron en pie. Otro de los beneficios del híbrido que Martínez eligió son sus mazorcas bien protegidas y más llenas de granos. Al pasar por Toluca, ubicado en un valle alto, se observa claramente que el acame es un problema común. No obstante, aun cuando pueden ver que el acame ya no es un problema para Martínez y que sus rendimientos de maíz se duplicaron hasta alcanzar ocho toneladas por hectárea, muchos agricultores locales no toman en serio las prácticas que él y Delgado promueven.
“Cuando comencé a utilizar este sistema de siembra, mi papá creía que estaba loco", comenta Martínez. "¿Qué vas a hacer con eso?", me preguntó. "Pensaba que yo no era un buen agricultor, que estaba haciendo mal las cosas", admite Martínez y explica que al principio su padre no le permitió rentar las tres hectáreas de su propiedad. En mayo y junio, cuando las variedades locales de madurez precoz estaban más altas que sus híbridos de madurez tardía, se preocupó. "Pero ya no", comenta. Para cuando terminó la cosecha del 2003, su papá y su hermano estaban convencidos de los beneficios del nuevo maíz. Delgado, que asesoró a Martínez durante el cambio, considera que estas experiencias son muy valiosas porque "a mí me da gusto cuando un agricultor adopta la tecnología, porque después se propaga por sí misma". El año que viene espera ayudar a dos agricultores en Jalisco a dejar la siembra tradicional en más de 250 hectáreas y cambiar a camas permanentes. Estos son grandes logros a partir de una idea que al principio fue muy modesta. Una actividad que beneficia
a los vecinos Son los agricultores más empeñosos, que han agotado otras fuentes de información y asistencia y que tratan de aumentar sus cosechas, los que acuden a Delgado. La mayoría de los agricultores del Valle de Toluca no dependen totalmente de la agricultura que, más bien, es un complemento de su trabajo regular. Estos agricultores emprendedores quieren mejorar sus rendimientos, en contraste con la mayoría, que siembra solo para darle uso a la tierra y se conforma con una cosecha moderada. No obstante, cada año, unos 600 agricultores acuden a las pláticas que sobre agricultura de conservación imparte Delgado. Si bien los métodos que ellos aplican no les permiten prosperar, los agricultores locales se resisten al cambio. Explica Delgado. "Hago que toquen la tierra y les muestro que sí se puede. No es imposible cambiar su forma de pensar". Pero para convencerlos se requiere trabajar intensamente, dialogar y examinar todas las opciones y estrategias de este nuevo concepto, a veces durante cinco horas. La "cultura de la labranza" está muy arraigada en la vida de los mexicanos y será difícil desarraigarla. Esta es la razón por la que Delgado trabaja también con niños; va a las escuelas para dar a conocer estos conceptos. "Cambiar la cultura es poner la agricultura de conservación en la mente de los niños", comenta. "Es maravilloso explicarles en qué consiste, ya que entienden cómo se alimentan y qué es lo que consumen". La labor de Delgado con la agricultura de conservación comenzó como una forma de reducir los gastos operativos de la Estación Toluca, aplicando menos agua, combustible y pases de tractor. El 50% de los terrenos de la estación se utiliza para ensayos de trigo; el otro 50% se dedica a rotaciones de cultivos para conservar la fertilidad del suelo. Fue en esta sección donde Delgado comenzó a aplicar los métodos de siembra directa en camas elevadas con el propósito de ahorrar recursos para otros proyectos. Después de un par de ciclos, se cosecharon 10 toneladas de grano por hectárea, en comparación con el promedio anterior de 5 a 8 toneladas. Con eso, la agricultura de conservación capturó su atención. Es obvio que el planeta ha sido alterado por la existencia de los seres humanos; la agricultura de conservación constituye "un poco de apoyo para el planeta", afirma Delgado. Se muestra muy entusiasmado respecto al proyecto y lo expresa pausadamente, escogiendo sus palabras. "La agricultura de conservación es el futuro", asegura. "Es de sentido común; así ayudamos al medio ambiente". Entre sus metas se encuentran ofrecer tecnologías que conserven, mejoren y utilicen en forma más eficiente recursos como el suelo, el agua y el combustible. Además de los beneficios para el medio ambiente, la agricultura de conservación fomenta una agricultura más sustentable, con mejores rendimientos. Para lograr estos objetivos, hay que dejar que se acumule una cubierta permanente sobre el suelo, lo cual hace que la labranza sea obsoleta. Esto es lo más difícil de aceptar para los agricultores, porque arar la tierra es la forma en que ellos y sus padres han sobrevivido. Piensan que si no remueven el suelo con el arado, las malezas invadirán el campo y, además, sembrar sobre los residuos de la cosecha del año anterior les parece un tanto desordenado. Sin embargo, si junto con la agricultura de conservación se utiliza la aplicación oportuna de herbicidas y una rotación adecuada de cultivos, pueden mejorar los rendimientos. “La gente viene a la estación, y los agricultores quieren ser mejores que el CIMMYT”, se ríe Delgado. Ha surgido una rivalidad amistosa por los buenos resultados que se obtienen en Toluca y ahora los agricultores quieren mejorar sus rendimientos y superar los de la estación. Delgado piensa que esto es "bueno porque la competencia sana ha hecho que los agricultores mejoren sus técnicas". Una pequeña revolución en Toluca; un gran cambio en la mente de los agricultores. Un cambio que los mismos agricultores han ido propagando. La misma gente, que hasta hace unos años decía que los agricultores innovadores estábamos locos, ahora pregunta cómo puede ensayar la nueva tecnología. La idea es que los agricultores adapten la nueva tecnología a sus propias necesidades; es decir, que la modifiquen en lugar de adoptarla, para que la transición a la agricultura de conservación sea fácil. En lugar de comprar equipo nuevo, Delgado les propone hacer adaptaciones a la maquinaria que ya tienen. "Para los pequeños agricultores, gastar US$1,800 en una máquina nueva no es una opción. Pero reponer una pieza que cuesta una fracción de esa suma resulta práctico y está dentro de sus posibilidades," afirma Delgado. Esto es lo que permite a los pequeños y medianos agricultores como Julián Martínez comenzar a practicar la agricultura de conservación. El agrónomo de trigo del CIMMYT Ken Sayre elogia los esfuerzos de Delgado: “Fernando cree que mejorar las condiciones de producción directamente en los campos de los agricultores es la mejor forma de ayudarlos". Sin duda, sus prácticas ideas están ayudando a muchos agricultores a incrementar la productividad y rentabilidad de sus sistemas de cultivo.
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