El CIMMYT ayuda a los agricultores
a labrar menos y cosechar más en Chiapas, México

Los hermanos Aníbal Teco Sánchez y Eder Teco Sánchez en Villa Hidalgo, Chiapas, siembran su maíz con espeques. Desde hace 12 años dejaron de quemar los residuos y comenzaron a usar la labranza de conservación.
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Como parte de iniciativas globales destinadas a estudiar y promover
las prácticas de conservación de recursos, por más
de tres décadas, el CIMMYT ha desempeñado una función
vital en el estudio y adopción de la agricultura de conservación
en el sureste de México, mediante la capacitación
y la colaboración con instituciones mexicanas agrícolas.
“Todos han compartido los resultados de la labor
del CIMMYT en el sureste mexicano: productores, extensionistas e
investigadores”, señala Walter López Báez,
investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales,
Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) en Chiapas y experto en manejo
integrado de cuencas hidrográficas, al referirse a las actividades
de promoción de la labranza de conservación entre
investigadores y agricultores.
El largo y sinuoso camino hacia
mejores prácticas en la agricultura
El CIMMYT ha estado promoviendo las prácticas de conservación
de recursos en el sureste mexicano desde la década de los 70, cuando
el Centro invitó a un grupo de investigadores y técnicos de FIRA
(una institución de financiamiento y desarrollo del Banco de México)
y del INIFAP a visitar las regiones donde se había adoptado la agricultura
de conservación en los Estados Unidos. En México, el Centro promovió
la labranza de conservación para el cultivo de maíz, práctica mediante
la cual los agricultores colocan la semilla directamente en los
residuos de un cultivo anterior, sin tener que quemarlos o arar
el suelo. De esta manera, el suelo queda protegido de la erosión,
retiene la humedad y conserva su estructura y fertilidad.
En 1984 el CIMMYT colaboró con el INIFAP en un estudio exhaustivo acerca de cómo mejorar el cultivo de maíz en la zona; a partir de ese trabajo se generaron recomendaciones técnicas para conservar el suelo y reducir la acidez. "El proyecto fue importante porque en él se empleo una metodología de investigación adaptativa, en que todo comienza y termina con los agricultores", comenta López, que ha trabajado en la zona del sureste de México con el INIFAP por más de 20 años. A finales de los 80, el CIMMYT dio cursos de capacitación en labranza de conservación a investigadores y extensionistas mexicanos y elaboró un manual sobre el tema.
Las actividades de investigación que en común desempeñan el INIFAP y el CIMMYT en Chiapas se han concentrado en la severa degradación de los recursos naturales en los sistemas de producción de maíz en la región conocida como La Frailesca, con el propósito de identificar opciones para la conservación de recursos y los factores que influyen en su adopción. El CIMMYT efectuó tres estudios sobre la adopción de la labranza de conservación y la reducción de la quema de residuos en La Frailesca de 1992 a 1996. "La investigación impulsó y reorientó la investigación a nivel gubernamental y los programas de promoción para la labranza de conservación", señala López. Los investigadores del CIRAD, un organismo francés de investigación agrícola también desempeñaron un papel importante.
De izquierda a derecha: Ingeniero Tavín
Hernández Gómez, presidente del club de conservadores de Villa
Flores, Raquel Padilla (miembro de club), Mirjam Pulleman,
especialista en suelos del CIMMYT, y Antonio Castellanos. |
Los agricultores dejan el arado,
recogen su cosecha
En enero de 2008, la investigadora especialista en suelos del CIMMYT
Mirjam Pulleman estuvo en La Frailesca, Chiapas, para evaluar la
adopción y los impactos de la labranza de conservación. "Varios
agricultores en terrenos severamente degradados dijeron haber incrementado
sus rendimientos de 50 a 100% gracias a la labranza de conservación",
dice Pulleman. "Los agricultores han estado asimismo experimentando
con diferentes leguminosas y sorgo intercalados, gracias a que,
al eliminar la labranza, hay más humedad residual."
Tavín Gómez Hernández comenzó a practicar la labranza de conservación
en 1999; es presidente de un club de agricultores-conservadores
que promueven la agricultura de conservación en Villaflores, Chiapas.
"Poco a poco, la textura del suelo ha ido cambiando, ha mejorado
y han disminuido las malezas", según Gómez. "Puedo sembrar a tiempo,
intercalar otros cultivos. Con la diversificación de cultivos se
pueden reducir los costos de los fertilizantes, conseguir forraje
más variado para los animales y controlar las plagas y las malezas.
"Según datos obtenidos de experimentos en la región, la retención de residuos en la superficie, incluso a un nivel de 30% de cobertura, puede frenar considerablemente la severa erosión del suelo que ocurre en los sistemas tradicionales", señala Pulleman. Con los rendimientos de maíz que se logran en Chiapas, esto significa que una parte de los residuos se destina a forraje y se deja la otra en el terreno como capa que conserva y protege los suelos.
Un legado perdurable
Las asociaciones colaborativas del CIMMYT y los programas de capacitación práctica con instituciones agrícolas mexicanas han proporcionado las herramientas y los conocimientos para difundir las prácticas de conservación de recursos. Según López, la Universidad de Chiapas, por ejemplo, sigue utilizando las parcelas de demostración en las que se aplicaron las prácticas en un proyecto del INIFAP-CIMMYT en 1984. El Centro ha apoyado asimismo a varios científicos mexicanos en su investigación de posgrado en agroforestería en el CATIE
en Costa Rica y a varios otros en estudios de conservación de suelos y agua en el Colegio de Posgraduados de México.
“El CIMMYT ofrece aún considerable apoyo,
y Mirjam Pulleman y John Hellin [especialista en pobreza del CIMMYT]
trabajan actualmente en proyectos de labranza de conservación
en Chiapas”, continúa López. El trabajo que
se hace en el sureste de México refleja el compromiso global
del CIMMYT en los principios de la agricultura de conservación
que ayudan a mejorar los ingresos y el estilo de vida de los habitantes
de las zonas rurales. El Centro ha contribuido a que los agricultores
utilicen la labranza de conservación para sembrar trigo y
otras prácticas de conservación de recursos en más
de 2 millones de hectáreas en el sur de Asia. Asimismo, el
CIMMYT y sus colaboradores trabajan en la difusión de la
labranza de conservación en los sistemas de producción
de maíz a pequeña escala en el este y sur de África,
donde los suelos están severamente degradados y la falta
de humedad es una limitante para lograr buenos rendimientos.
Para más información, póngase en contacto con Mirjam Pulleman(mirjam.pulleman@wur.nl)
or Jonathan Hellin (j.hellin@cgiar.org)
Los artículos siguientes están relacionados con la participación del CIMMYT en el ensayo y promoción de la agricultura de conservación en México, África y el sur de Asia:
Frenar la pérdida de la fertilidad de los suelos africanos
La agricultura de conservación en México
Estudio para promover tecnologías que conservan los recursos en tierras poco utilizadas
El arado quedó atrás
Un llamado para conservar los recursos en México
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