La
fórmula del éxito
Si podemos combinar nuestros conocimientos sobre
fitomejoramiento con análisis de laboratorio utilizando tecnología
de punta, podremos producir maíz rico en nutrientes vitales.
“Sorprendentemente, el vínculo entre
la agricultura y la nutrición no ha sido totalmente explorado”
–señala Kevin Pixley, que dirige el proyecto de “Maíz
biofortificado para lograr una mejor nutrición humana”
en el CIMMYT. “Puede ser que los métodos agrícolas
mitiguen las deficiencias de micronutrientes de manera más
económica y sustentable que los suplementos alimenticios”.
El efecto es potencialmente de largo alcance: el maíz es
el alimento básico preferido de más de 1.2 mil millones
de personas en África al sur del Sahara y Latinoamérica.
Sin embargo, las dietas a base de maíz, en particular las
de la gente muy pobre, no incluyen vitaminas y minerales esenciales.
Más de 50 millones de personas en estas regiones padecen
deficiencia de vitamina A, causa ésta de problemas visuales
y del incremento en la mortalidad infantil.
El propósito del proyecto de Pixley es generar
variedades de maíz con una combinación de alto contenido
de provitaminas A, hierro y cinc y cualidades agronómicas
superiores, y difundirlas en los países con que trabajamos
en África y Latinoamérica. El proyecto es parte de
HarvestPlus, un programa internacional e interdisciplinario cuyo
fin es aminorar los problemas de deficiencia de nutrientes mediante
el mejoramiento de cultivos básicos que contengan micronutrientes.
El
maíz blanco que se consume en gran parte de África
al sur del Sahara no contiene provitamina A, en tanto que las variedades
normales de maíz amarillo contienen cerca de 2 microgramos
por gramo (µg/g)—proporción aún insuficiente
en una dieta en la que predomina el maíz. La buena noticia
es que existe una variación genética substancial en
el maíz asociada con las concentraciones de provitaminas
A. En el proyecto se han seleccionado cientos de muestras de maíz
para buscar esta característica y luego se han utilizado
aquellas con las mejores cualidades. El equipo de trabajo ha logrado
hasta ahora el objetivo intermedio de HarvestPlus de obtener maíz
con 8 µg/g con los mejores materiales experimentales que ha
conseguido; los investigadores creen poder lograr su objetivo final
de producir maíz con hasta 15 µg/g en unos cuantos
años más, aplicando modernas herramientas de laboratorio,
que ayuden a seleccionar los materiales idóneos para el mejoramiento.
El principal propósito de las actividades
de mejoramiento en el CIMMYT es aumentar la concentración
de provitaminas A en el maíz. Las variedades de polinización
libre (VPL) se están generando con variedades populares que
se cultivan en los países colaboradores y materiales fuente
con alto contenido de provitamina A. Además, el equipo a
cargo del proyecto está generando líneas endogámicas
e híbridos que poseen esta característica, basados
en germoplasma de África y México, que se pondrán
a disposición de nuestros colaboradores sin costo alguno,
para que los empleen en la producción de sus propios híbridos
o VPL enriquecidos. Proporcionar materiales fuente a otros programas
es una parte importante del proyecto, en particular a colaboradores
clave en Brasil, Etiopía, Ghana, Guatemala y Zambia, donde
su comportamiento se ensaya en agroambientes locales.
Este trabajo para generar líneas de maíz
mejoradas depende de las mediciones confiables del contenido de
micronutrientes de los materiales de mejoramiento en cada etapa.
Por tanto, un aspecto importante del proyecto ha consistido en experimentar
con técnicas para analizar el contenido de carotenoides (que
incluye provitaminas A), hierro y cinc.
Los caretonoides presentan un reto particular al trabajar con ellos,
ya que son muy sensibles a la luz y al oxígeno, y esto los
hace vulnerables y dificulta su almacenamiento. La doctora Natalia
Palacios, especialista en maíz, y su equipo han adaptado
y aplicado protocolos para analizar el contenido de caretonoides
utilizando cromatografía líquida de alta resolución
(high performance liquid chromatography, HPLC), en colaboración
con otros investigadores de la red HarvestPlus. La tecnología
HPLC es muy precisa, pero es también costosa y lenta.
El equipo espera recibir este mes equipo nuevo para
medir la reflectancia en el infrarrojo cercano (NIR). Esta técnica
es confiable y rápida. El trabajo en colaboración
con el Centro Internacional de la Papa (CIP) ha revelado que es
posible difererenciar con buenos resultados distintos compuestos
carotenoides si se utiliza NIR. El siguiente paso que dará
el equipo constituye un gran impulso que forjará los cimientos
de esta labor. “Para nosotros representa un gran reto, pero
también la oportunidad de ayudar y hacer más eficientes
las actividades de mejoramiento, proporcionando una mayor cantidad
de datos en poco tiempo y a bajo costo" –dice Palacios.
El equipo cree que la NIR multiplicará su potencial de selección
de manera impresionante: el año pasado trabajaron a toda
su capacidad y analizaron 2,000 muestras; sin embargo, con la NIR
esperan poder analizar hasta 10,000 por año.
El equipo explorará asimismo el potencial
de la NIR para hacer mediciones de hierro y cinc. Lamentablemente,
la variabilidad natural del contenido de hierro en el maíz
es muy limitada y podría ser insuficiente para mejorar líneas
enriquecidas con este importante componente; hasta cierto punto
esto ocurre también con el cinc. Sin embargo, la deficiencia
de hierro es un problema global de suma importancia: se estima que
cerca de tres mil millones de personas padecen deficiencia de este
elemento. Es por eso que el equipo se enfocará en el incremento
de la biodisponibilidad de hierro en el maíz; es decir, en
seleccionar maíz con una mayor cantidad de hierro que puedan
asimilar los seres humanos, en lugar de una mayor cantidad absoluta
de hierro.
La meta final es reducir la desnutrición por
falta de micronutrientes entre los consumidores de maíz,
proporcionándoles variedades enriquecidas que los agricultores
quieran sembrar y los consumidores quieran incorporar a sus dietas.
“Estamos abriendo nuevos caminos al trabajar
en la biofortificación del maíz” –señala
Pixley. “Esto es lo increíble de la ciencia.”
Si desea más información,
póngase en contacto con Kevin Pixley, Director Asociado,
Programa Global de Maíz (k.pixley@cgiar.org)
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