CIMMYT E-Boletín, vol 3 no. 9, Septiembre 2006

Llegamos a los lugares más remotos

El proyecto de investigación sobre maíz en laderas para Nepal, patrocinado por la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Swiss Agency for Development and Cooperation, SDC), ayuda a los agricultores más pobres de Nepal con nuevas variedades y prácticas agronómicas que seleccionan ellos mismos.

La gente que habita en la cima de las colinas cubiertas de nubes en el este de Nepal aún no consumen Coca-Cola, supuestamente la bebida comercial más popular del planeta. Tal es el grado de aislamiento en que se hallan. Tienen un camino, pero éste se encuentra a 600 metros, abajo en el valle, y la única manera de subir y bajar es a pie, recorriendo una vereda precaria, llena de basura y con tramos de pendientes tan inclinadas que dan miedo. La gente tiene que subir y bajar por esta senda a fin de transportar todo lo que necesitan, cargado sobre su espalda. Aquí por siglos el alimento básico ha sido el maíz, aunque muchos agricultores en la región no puede cultivar cantidades suficientes para subsistir todo el año. Sus necesidades han atraído la atención del CIMMYT, el Consejo de Investigación Agrícola de Nepal (Nepal Agricultural Research Council, NARC), la SDC y otros colaboradores, para llegar a esta gente "inalcanzable".

Una de esas personas es Bissnu Maya. Ella es madre soltera, tiene tres hijos y entre todos cultivan 0.6 hectáreas de tierra en las empinadas pendientes. Es muy buena agricultora pero emplea todo el dinero que gana para que sus hijos puedan ir a la escuela. “Con educación podrán conseguir un empleo y tener una vida mejor", dice. Bissnu Maya es una ‘dalit’, de los más pobres entre los pobres en Nepal, intocable que suele ser rechazada por la gente más afortunada. Sin embargo, su diminuta finca es una maravilla. Siembra maíz, mijo, tomates y pepinos en su parcela. Tiene un búfalo de agua, dos vacas, algunas gallinas y cabras. Hace un año que tienen electricidad en el poblado y ella tiene ahora un pequeño radio y un foco o bombilla. Lo que todavía no tiene es maíz suficiente para todo un año. Las variedades tradicionales dan solo una mazorca pequeña por planta, y la plantas crecen tanto que el viento las derriba. Esto afecta no solo porque reduce el rendimiento sino porque daña las plantas intercaladas, de menor altura.

Maya consintió en ayudar en las evaluaciones participativas de variedades de maíz generadas con materiales del CIMMYT y el NARC, que podrían ayudarla a solucionar los principales problemas de producción en su finca. Dedica una porción de su terreno a una parcela de demostración de la variedad que le pareció que era la mejor para sustituir su maíz tradicional. Su tallo es más corto y robusto, produce dos mazorcas grandes por planta y madura antes que el maíz que había estado sembrando. Por si fuera poco, la nueva variedad sigue conservando su color verde después de que la planta ha madurado y esto le permite alimentar mejor a sus animales.


Rajendra, su hijo mayor, de 18 años, carga una canasta de tomates de 50 kg que su madre cosechó para entregársela a un comerciante, que lo espera 600 metros abajo. Por la canasta les darán entre tres y cinco dólares.

El proyecto se ha concentrado intencionalmente en las agricultoras y en aquellos que no pueden producir lo suficiente para alimentar a sus familias, ensayando y promoviendo tecnologías que los agricultores mismos pueden poner en marcha. Si bien los primeros ensayos se realizan en la estación experimental NARC en Pakhribas, a una hora de distancia desde el camino del valle, el trabajo vital de investigación se hace con agricultores como Maya en sus explotaciones. Anteriormente, las recomendaciones sobre las variedades y las prácticas agrícolas se basaban en los ensayos que se efectuaban exclusivamente en las estaciones experimentales, y en las que raramente se tomaban en cuenta las verdaderas condiciones en que los agricultores de ladera como Maya viven y trabajan. “Hasta la investigación en finca tenía como propósito crear ambientes de producción parecidos a los de las estaciones experimentales, en lugar de encontrar soluciones a los problemas existentes en el campo", dice Memo Ortiz-Ferrara, del CIMMYT, quien dirige el proyecto.

Con la nueva forma de trabajar los agricultores han podido elegir variedades más apropiadas, aplicando su propio criterio, entre una variedad de opciones (5-10 variedades se ofrecen en un ciclo de cultivo). Ha ayudado asimismo, por un lado, a expandir áreas donde se cultivan nuevas variedades y, por otro, a mejorar las prácticas agronómicas. Dependiendo de la localidad, los agricultores han observado que sus rendimientos han aumentado entre 20 y 50% con las nuevas variedades.

“Ahora mi producción alcanza y puedo vender algunos remanentes para pagar la educación de mis hijos", dice Bissnu.

Está por concluir la segunda fase del proyecto y un grupo evaluador ha comenzado una serie de entrevistas más a fondo con los investigadores y los agricultores que participaron en el proyecto para determinar el impacto general.

La investigación participativa es parte vital de varios proyectos del CIMMYT alrededor del mundo (v. artículo complementario: Investigadores del CIMMYT dicen que la investigación participativa es el puntal de sus logros).

Si desea más información, póngase en contacto con Memo Ortiz-Ferrara (g.ortiz-ferrara@cgiar.org)

 
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Investigadores del CIMMYT dicen que la investigación participativa es el puntal de sus logros

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September, 2006