Llegamos
a los lugares más remotos
El proyecto de investigación sobre maíz
en laderas para Nepal, patrocinado por la Agencia Suiza para el
Desarrollo y la Cooperación (Swiss
Agency for Development and Cooperation, SDC), ayuda a los agricultores
más pobres de Nepal con nuevas variedades y prácticas
agronómicas que seleccionan ellos mismos.
La gente que habita en la cima de las colinas cubiertas
de nubes en el este de Nepal aún no consumen Coca-Cola, supuestamente
la bebida comercial más popular del planeta. Tal es el grado
de aislamiento en que se hallan. Tienen un camino, pero éste
se encuentra a 600 metros, abajo en el valle, y la única
manera de subir y bajar es a pie, recorriendo una vereda precaria,
llena de basura y con tramos de pendientes tan inclinadas que dan
miedo. La gente tiene que subir y bajar por esta senda a fin de
transportar todo lo que necesitan, cargado sobre su espalda. Aquí
por siglos el alimento básico ha sido el maíz, aunque
muchos agricultores en la región no puede cultivar cantidades
suficientes para subsistir todo el año. Sus necesidades han
atraído la atención del CIMMYT, el Consejo de Investigación
Agrícola de Nepal (Nepal
Agricultural Research Council, NARC), la SDC y otros colaboradores,
para llegar a esta gente "inalcanzable".
|
Una de esas personas es Bissnu Maya. Ella es madre
soltera, tiene tres hijos y entre todos cultivan 0.6 hectáreas
de tierra en las empinadas pendientes. Es muy buena agricultora
pero emplea todo el dinero que gana para que sus hijos puedan ir
a la escuela. “Con educación podrán conseguir
un empleo y tener una vida mejor", dice. Bissnu Maya es una
‘dalit’, de los más pobres entre los pobres en
Nepal, intocable que suele ser rechazada por la gente más
afortunada. Sin embargo, su diminuta finca es una maravilla. Siembra
maíz, mijo, tomates y pepinos en su parcela. Tiene un búfalo
de agua, dos vacas, algunas gallinas y cabras. Hace un año
que tienen electricidad en el poblado y ella tiene ahora un pequeño
radio y un foco o bombilla. Lo que todavía no tiene es maíz
suficiente para todo un año. Las variedades tradicionales
dan solo una mazorca pequeña por planta, y la plantas crecen
tanto que el viento las derriba. Esto afecta no solo porque reduce
el rendimiento sino porque daña las plantas intercaladas,
de menor altura.
Maya consintió en ayudar en las evaluaciones
participativas de variedades de maíz generadas con materiales
del CIMMYT y el NARC, que podrían ayudarla a solucionar los
principales problemas de producción en su finca. Dedica una
porción de su terreno a una parcela de demostración
de la variedad que le pareció que era la mejor para sustituir
su maíz tradicional. Su tallo es más corto y robusto,
produce dos mazorcas grandes por planta y madura antes que el maíz
que había estado sembrando. Por si fuera poco, la nueva variedad
sigue conservando su color verde después de que la planta
ha madurado y esto le permite alimentar mejor a sus animales.
Rajendra, su hijo mayor, de 18 años,
carga una canasta de tomates de 50 kg que su madre cosechó
para entregársela a un comerciante, que lo espera 600
metros abajo. Por la canasta les darán entre tres y
cinco dólares. |
El proyecto se ha concentrado intencionalmente en
las agricultoras y en aquellos que no pueden producir lo suficiente
para alimentar a sus familias, ensayando y promoviendo tecnologías
que los agricultores mismos pueden poner en marcha. Si bien los
primeros ensayos se realizan en la estación experimental
NARC en Pakhribas, a una hora de distancia desde el camino del valle,
el trabajo vital de investigación se hace con agricultores
como Maya en sus explotaciones. Anteriormente, las recomendaciones
sobre las variedades y las prácticas agrícolas se
basaban en los ensayos que se efectuaban exclusivamente en las estaciones
experimentales, y en las que raramente se tomaban en cuenta las
verdaderas condiciones en que los agricultores de ladera como Maya
viven y trabajan. “Hasta la investigación en finca
tenía como propósito crear ambientes de producción
parecidos a los de las estaciones experimentales, en lugar de encontrar
soluciones a los problemas existentes en el campo", dice Memo
Ortiz-Ferrara, del CIMMYT, quien dirige el proyecto.
Con la nueva forma de trabajar los agricultores han
podido elegir variedades más apropiadas, aplicando su propio
criterio, entre una variedad de opciones (5-10 variedades se ofrecen
en un ciclo de cultivo). Ha ayudado asimismo, por un lado, a expandir
áreas donde se cultivan nuevas variedades y, por otro, a
mejorar las prácticas agronómicas. Dependiendo de
la localidad, los agricultores han observado que sus rendimientos
han aumentado entre 20 y 50% con las nuevas variedades.
“Ahora mi producción alcanza y puedo
vender algunos remanentes para pagar la educación de mis
hijos", dice Bissnu.
Está por concluir la segunda fase del proyecto
y un grupo evaluador ha comenzado una serie de entrevistas más
a fondo con los investigadores y los agricultores que participaron
en el proyecto para determinar el impacto general.
La investigación participativa es parte
vital de varios proyectos del CIMMYT alrededor del mundo (v. artículo
complementario: Investigadores
del CIMMYT dicen que la investigación participativa es el
puntal de sus logros).
Si desea más información, póngase
en contacto con Memo Ortiz-Ferrara (g.ortiz-ferrara@cgiar.org)
|
 |
|