CIMMYT E-Boletín, vol 3 no. 11, Noviembre 2006

Nueva vida para antiguas variedades

Científico del CIMMYT investiga si, en lugar de sustituir las variedades antiguas por variedades "nuevas y mejoradas", es posible combinar lo mejor de las más recientes y al mismo tiempo conservar las antiguas.

En el poblado de Tumbadero, México, próximo a la estación Agua Fría del CIMMYT, los agricultores valoran muchísimo sus variedades tradicionales. El maíz que cultivan produce mazorcas pequeñas y no rinde mucho. Lo que hace especial a cada mazorca es una larga cubierta de hojas que la empequeñece. El poblado se encuentra cerca de una importante ruta de transporte y los comerciantes pagan una prima por las hojas, las cuales se utilizan para envolver una de las preparaciones de maíz más típicas de México: los tamales. “Obtenemos más dinero por la venta de hojas que por la del grano", dice Rubén López, un agricultor de la localidad. Pero los demás lugareños tienen un problema: almacenar las mazorcas es invitar a los insectos a darse un festín. Con tan poco rendimiento, conservar todo el grano que sea posible para producir alimentos es sumamente importante.

A menos de 100 kilómetros de Tumbadero hay otro poblado llamado Cañada Rica. Está lejos de la ruta principal y lejos de los comerciantes. Agricultores como Eva Cruz se interesan más por la calidad de cocción de la harina de maíz que por las hojas, que ellos no pueden vender. Eva emplea las hojas para atizar el fuego cuando hace tortillas en las mañanas. “Nuestro maíz es bueno para hacer tortillas", dice Eva. “Son gorditas y llenadoras, mucho mejores que las que uno compra en la tortillería, hechas con harina de maíz". Pero el maíz de Eva Cruz no está exento de problemas. Las plagas de almacenamiento continuamente atacan su cosecha, igual que ocurre con el maíz en Tumbadero.

Es obvio que las variedades tradicionales que cultivan los agricultores de estos dos poblados son muy diferentes y ellos las han mejorado para satisfacer ciertas necesidades. Cada variedad tiene también buena adaptación a las condiciones de cultivo locales. Los agricultores no quieren perder esas cualidades pero necesitan también maíz que rinda más, que tenga mejores características de almacenamiento y que tolere mejor las condiciones adversas que sus variedades tradicionales. Armar este rompecabezas se convirtió un desafío para Dave Bergvinson, entomólogo del CIMMYT especialista en plagas del maíz. “Qué pasaría si, en lugar de mejorar todas las características de nuevas variedades a gran escala, se diera la oportunidad a los agricultores de que ellos mismos mejoraran sus propias variedades", cuestionó Bergvinson. “Tomamos sus mejores variedades y las combinamos con las mejores nuestras y luego dejamos que ellos hagan el resto". Para poner a prueba la idea, Bergvinson está trabajando con agricultores de regiones mexicanas aisladas que no cuentan con recursos económicos. Lleva semilla de los agricultores a un sitio de investigación del CIMMYT, como la estación en Agua Fría, donde la cruza con maíz del CIMMYT que contiene características que no tienen las variedades de ellos. Cada cruza tiene ciertas características para cada poblado o agricultor. Después de un ciclo de cruzas, Bergvinson selecciona la progenie que ha tenido mejor comportamiento y que mejor se ajusta a las preferencias de los agricultores en cuanto a hojas, tipo de grano, adaptación y otros caracteres. Por último, devuelve la semilla de la variedad local mejorada a los agricultores. A partir de ese momento cada agricultor obtiene algo que, básicamente, es su variedad tradicional pero con ciertas mejoras.

Según Bergvinson, el CIMMYT no cuenta con recursos para realizar este trabajo a gran escala. “No es una solución masiva, a gran escala", señala. Pero es una forma de llegar a pequeñas áreas donde hay pobreza extrema y ofrecer una opción a los agricultores". Trabajar de esta manera ayuda a los fitomejoradores a saber de primera mano qué es lo que los usuarios finales –productores y consumidores– consideran importante en los cultivos mejorados.

El proyecto piloto apenas se encuentra en su cuarto ciclo y hay que hacer muchos análisis; sin embargo, agricultores como Eva Cruz y Rubén López, que ya han sembrado la nueva semilla, han podido ver los buenos resultados del cambio. Han visto asimismo que las características que ellos valoran tanto en su maíz no se han perdido.

Si quiere más información, póngase en contacto con David Bergvinson (d.bergvinson@cgiar.org)

 
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