Nueva
vida para antiguas variedades
Científico del CIMMYT investiga si, en
lugar de sustituir las variedades antiguas por variedades "nuevas
y mejoradas", es posible combinar lo mejor de las más
recientes y al mismo tiempo conservar las antiguas.
En el poblado de Tumbadero, México, próximo
a la estación Agua Fría del CIMMYT, los agricultores
valoran muchísimo sus variedades tradicionales. El maíz
que cultivan produce mazorcas pequeñas y no rinde mucho.
Lo que hace especial a cada mazorca es una larga cubierta de hojas
que la empequeñece. El poblado se encuentra cerca de una
importante ruta de transporte y los comerciantes pagan una prima
por las hojas, las cuales se utilizan para envolver una de las preparaciones
de maíz más típicas de México: los tamales.
“Obtenemos más dinero por la venta de hojas que por
la del grano", dice Rubén López, un agricultor
de la localidad. Pero los demás lugareños tienen un
problema: almacenar las mazorcas es invitar a los insectos a darse
un festín. Con tan poco rendimiento, conservar todo el grano
que sea posible para producir alimentos es sumamente importante.
A menos de 100 kilómetros de Tumbadero hay
otro poblado llamado Cañada Rica. Está lejos de la
ruta principal y lejos de los comerciantes. Agricultores como Eva
Cruz se interesan más por la calidad de cocción de
la harina de maíz que por las hojas, que ellos no pueden
vender. Eva emplea las hojas para atizar el fuego cuando hace tortillas
en las mañanas. “Nuestro maíz es bueno para
hacer tortillas", dice Eva. “Son gorditas y llenadoras,
mucho mejores que las que uno compra en la tortillería, hechas
con harina de maíz". Pero el maíz de Eva Cruz
no está exento de problemas. Las plagas de almacenamiento
continuamente atacan su cosecha, igual que ocurre con el maíz
en Tumbadero.
Es
obvio que las variedades tradicionales que cultivan los agricultores
de estos dos poblados son muy diferentes y ellos las han mejorado
para satisfacer ciertas necesidades. Cada variedad tiene también
buena adaptación a las condiciones de cultivo locales. Los
agricultores no quieren perder esas cualidades pero necesitan también
maíz que rinda más, que tenga mejores características
de almacenamiento y que tolere mejor las condiciones adversas que
sus variedades tradicionales. Armar este rompecabezas se convirtió
un desafío para Dave Bergvinson, entomólogo del CIMMYT
especialista en plagas del maíz. “Qué pasaría
si, en lugar de mejorar todas las características de nuevas
variedades a gran escala, se diera la oportunidad a los agricultores
de que ellos mismos mejoraran sus propias variedades", cuestionó
Bergvinson. “Tomamos sus mejores variedades y las combinamos
con las mejores nuestras y luego dejamos que ellos hagan el resto".
Para poner a prueba la idea, Bergvinson está trabajando con
agricultores de regiones mexicanas aisladas que no cuentan con recursos
económicos. Lleva semilla de los agricultores a un sitio
de investigación del CIMMYT, como la estación en Agua
Fría, donde la cruza con maíz del CIMMYT que contiene
características que no tienen las variedades de ellos. Cada
cruza tiene ciertas características para cada poblado o agricultor.
Después de un ciclo de cruzas, Bergvinson selecciona la progenie
que ha tenido mejor comportamiento y que mejor se ajusta a las preferencias
de los agricultores en cuanto a hojas, tipo de grano, adaptación
y otros caracteres. Por último, devuelve la semilla de la
variedad local mejorada a los agricultores. A partir de ese momento
cada agricultor obtiene algo que, básicamente, es su variedad
tradicional pero con ciertas mejoras.
Según Bergvinson, el CIMMYT no cuenta con recursos
para realizar este trabajo a gran escala. “No es una solución
masiva, a gran escala", señala. Pero es una forma de
llegar a pequeñas áreas donde hay pobreza extrema
y ofrecer una opción a los agricultores". Trabajar de
esta manera ayuda a los fitomejoradores a saber de primera mano
qué es lo que los usuarios finales –productores y consumidores–
consideran importante en los cultivos mejorados.
El proyecto piloto apenas se encuentra en su cuarto
ciclo y hay que hacer muchos análisis; sin embargo, agricultores
como Eva Cruz y Rubén López, que ya han sembrado la
nueva semilla, han podido ver los buenos resultados del cambio.
Han visto asimismo que las características que ellos valoran
tanto en su maíz no se han perdido.
Si quiere más información,
póngase en contacto con David Bergvinson (d.bergvinson@cgiar.org)
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