CIMMYT E-News, vol 3 no. 2, Febrero de 2006

Agricultores mexicanos de escasos recursos cultivan más maíz "mejorado" de lo que podría creerse

Nicolás Torres Sánchez, agricultor de 67 años, originario de Querétaro, un poblado en la región chiapaneca La Frailesca, cultiva lo que él llama “variedades locales”, por su grano suave y dulce, así como una variedad de maíz amarillo y un híbrido amarillo-rojo de una empresa privada. También guarda semilla de varias variedades criollas "...porque están adaptadas a este lugar", pero dice que este tipo de variedades están
desapareciendo rápidamente.


Un estudio publicado por el CIMMYT muestra cómo los agricultores en las zonas pobres del sureste de México modifican las variedades y las razas criollas mejoradas para adaptarlas a las condiciones y preferencias locales, mezclando los caracteres que quieren obtener en las razas de maíz "acriollado" que les proporcionan sustento, ingresos y tranquilidad.

¿Cuál es la mejor opción de cultivo para los productores de maíz sin recursos en los países en desarrollo: variedades mejoradas por métodos científicos o "variedades criollas", tipos de maíz de adaptación local generados durante siglos de selección por parte de los habitantes de las zonas rurales? Larga y a veces acaloradamente debatido en los círculos del desarrollo, el tema plantea interrogantes respecto a las características que los agricultores realmente aprecian y el valor de las modernas iniciativas de mejoramiento en países como México, donde el 90% de los agricultores rechazan la “semilla empaquetada” y prefieren sembrar aquella que ellos guardan de sus propias cosechas.

A medida que la controversia avanza rápidamente, parece que los agricultores mexicanos en la inexorable lucha de la diaria supervivencia han ido atenuando las líneas entre los dos extremos al cruzar sus variedades criollas con tipos de maíz mejorado, en un proceso llamado criollización. Una publicación reciente del CIMMYT muestra que el maíz mejorado, mediante las variedades acriolladas, está en verdad mejorando el bienestar de los agricultores mexicanos sin recursos, ofreciéndoles atractivas combinaciones de las características que ellos buscan.

“En la criollización, los agricultores toman un producto del sistema de investigación formal y lo modifican deliberadamente para adaptarlo a sus necesidades", comenta Mauricio Bellon, ex especialista en ecología humana del CIMMYT, quien trabaja ahora en el Instituto Internacional de Recursos Fitogenéticos (International Plant Genetic Resources Institute) y es el primer autor del estudio. “Los agricultores hacen esto sembrando las variedades mejoradas en sus propias condiciones y utilizando sus propias prácticas agronómicas, seleccionando constantemente semilla de estas variedades para resembrarlas y, a veces, promoviendo su hibridación con variedades criollas, ya sea por diseño o por accidente". Este método aporta a los agricultores ciertas ventajas del maíz mejorado (menos altura y robustez) y, al mismo tiempo, conserva las características cualitativas del grano y de adaptación que ellos aprecian.

En el estudio los agricultores aplicaron métodos participativos, estudios etnográficos, encuestas en hogares, colecciones de muestras de maíz y evaluaciones agroeconómicas de las muestras. Se efectuó en dos localidades mexicanas: la costa del estado de Oaxaca y la región chiapaneca La Fraylesca. Las zonas de estudio son contrastantes: una está orientada a la subsistencia y la otra, a la comercialización, pero en ambas prevalece la pobreza extrema. Pero en ambas el maíz continúa desempeñando una función importante en el estilo de vida de la gente. Los agricultores cultivan variedades e híbridos mejorados, variedades acriolladas y variedades criollas, dependiendo de factores como, por ejemplo, si son agricultores de subsistencia o comerciales, o de la relación entre el tipo de suelo y la variedad.

“Como el estudio de Mauricio y muchos otros han mostrado, los pequeños agricultores que siembran maíz para subsistencia y, en particular, aquellos que también venden parte de su producción, valoran diversas características en sus cultivos", comenta Jonathan Hellin, especialista en pobreza del CIMMYT que ha trabajado también en las regiones de estudio. “Por lo general, una sola variedad no puede proporcionar todas las características valiosas y, por tanto, los agricultores constantemente tienen que prescindir de algunas de ellas al elegir sus variedades. Las variedades acriolladas pueden aportar características que no tienen las variedades criollas y esto implica que el agricultor tiene que sacrificar menos características que con las variedades mejoradas, en lo que se refiera a calidad de grano o adaptación a las condiciones locales".

Según Hellin, un elemento esencial es tener confianza en la semilla, sobre todo en el caso de los agricultores más vulnerables, que no desean correr riesgos. “Los agricultores tienen que ver cómo se comporta la semilla antes de probarla, incluso si esto significa utilizar semilla de segunda generación", dice. "El hecho de que las variedades acriolladas sean confiables contribuye al bienestar de los agricultores de manera subjetiva pero verdadera, dándoles una sensación de seguridad. Esto es importante para la gente sin recursos en las zonas vulnerables”.

Pese a la adopción generalizada de germoplasma mejorado, las razas criollas ocupan más del 20% de la superficie dedicada al maíz en las costas de Oaxaca y La Frailesca, y son sembradas por más de 25% de los agricultores, en particular por aquellos que no cuentan con recursos.

Para más información, póngase en contacto con Jonathan Hellin (j.hellin@cgiar.org)

 
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