CIMMYT E-Boletín, vol 3 no. 12, diciembre de 2006

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A la larga, ganar la batalla

Tres décadas de investigación sobre maíz tolerante a la sequía por parte del CIMMYT y un grupo muy sólido de colaboradores ha hecho la diferencia en la vida de los agricultores africanos. Tal logro ha sido reconocido al otorgársele al CIMMYT el premio Rey Balduino del CGIAR 2006.

Esto comenzó a finales de la década de 1970, en México, con un pequeño experimento para dotar de tolerancia a la sequía la población de maíz de tierras bajas del trópico llamada Tuxpeño. En 1986 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) comenzó a contribuir para que se realizaran estudios más exhaustivos sobre tolerancia a la sequía en el maíz. A mediados de 1990, el objetivo de la investigación se dirigió a África, una región donde las condiciones para cultivar maíz son las más adversas en todo el mundo: África Oriental y África del Sur, donde el maíz es la fuente de alimentación y sustento de unos 250 millones de personas.

A la fecha se ha producido semilla suficiente para sembrar una superficie de más de 2.5 millones de hectáreas en África Oriental y África del Sur con nuevas variedades que producen más grano en temporadas de sequía o cuando las condiciones son favorables. Para lograr estos resultados hubo que establecer una serie de asociaciones colaborativas con donadores, programas nacionales de investigación agrícola, programas de extensión, pequeños productores de semilla, productores de semilla comunitarios y agricultores individuales; crear nuevos métodos de selección de germoplasma en condiciones reales en diversos lugares del mundo; y hacer más eficientes los métodos con la participación de los agricultores para seleccionar y distribuir las mejores variedades.

El CIMMYT y sus colaboradores utilizaron nuevas metodologías de fitomejoramiento que favorecen a la gente sin recursos, según Marianne Bänziger, directora del Programa Global de Maíz del CIMMYT.

“A las variedades tradicionales hay que aplicarles fertilizante cuando hay buenas lluvias. El CIMMYT tomó una ruta totalmente diferente”, dice Bänziger. “Tomamos las variedades, expusimos miles de ellas a condiciones climáticas extremas, como sequía y escasa fertilidad. Seleccionamos las mejores. Se las llevamos a los agricultores y ellos nos indicaron cuáles les gustaban."

Con fondos de los proyectos se equiparon totalmente 25 sitios de selección para controlar las condiciones adversas a que se sometieron los materiales y se establecieron más de 120 sitios de ensayos, propiedad de los programas nacionales y operados por éstos. Se integró una red de la que forman parte el CIMMYT, los programas nacionales de investigación agrícola (PNIA) del sector público, y el sector privado, con objeto de ensayar sistemáticamente nuevas variedades e híbridos de todos los proveedores en cuanto a las limitantes más relevantes para los pequeños agricultores en África Oriental y sur de África. Recientemente la red dio pruebas de que ese método de mejoramiento genético funciona. En una simple comparación entre todos los híbridos de maíz para condiciones adversas generados por el CIMMYT, utilizando sus métodos de mejoramiento, y un número similar de híbridos producidos por empresas privadas de renombre mediante métodos tradicionales, en la cual se utilizaron 83 híbridos, 65 sitios con condiciones climáticas adversas elegidas al azar en regiones del sur de África, y tres años de evaluación, los resultados demostraron que, en condiciones de producción lo más parecidas a aquellas que enfrentan los agricultores de escasos recursos en África (es decir, a niveles de rendimiento de 1–5 toneladas por hectárea), las variedades del CIMMYT rindieron en promedio 20% más en condiciones extremas y 5% más en condiciones favorables. Entre ellas, los mejores híbridos tolerantes a condiciones climáticas adversas rindieron 100% bajo los efectos de la sequía; esto muestra el gran potencial que poseen los recursos genéticos del maíz.

En la selección final se aplicó la metodología participativa llamada sistemas de ensayos "madre-bebé", en la que los agricultores se hicieron cargo de algunas parcelas "bebé" en sus propios terrenos, en tanto que ONG, investigadores y extensionistas llevaron a cabo un "ensayo madre" en el centro de sus comunidades. De esta manera los agricultores podrán ver cómo se comportaron las variedades con potencial en cada localidad.

Como resultado de esta labor, más de 50 variedades de polinización libre e híbridos se han puesto a disposición de colaboradores del sector público y del sector privado, de programas nacionales de investigación agrícola (PNIA), ONG y compañías semilleras, para producir semilla y hacerla llegar a los agricultores. “Ninguno de estos logros habría sido posible sin la colaboración de tantos investigadores, ONG y extensionistas del sector público y el sector privado", dice Bänziger. "Fueron ellos los que evaluaron las variedades en condiciones diversas conjuntamente con los agricultores. Comenzaron asimismo a adoptar los nuevos métodos de fitomejoramiento en sus propios programas, generaron sus propias variedades y se dieron a la tarea de producir semilla y de hacerla llegar a los agricultores."

La historia no ha terminado. Los investigadores del CIMMYT están seguros de que la diversidad genética en el maíz es suficiente para seguir dotando de tolerancia a la sequía a muchas de las nuevas variedades de maíz. “Los aumentos de rendimiento son de tal magnitud que con cada año de investigación podemos sumar 100 kg más de grano cuando hay sequía”, señala Bänziger. El gran reto consiste en incorporar estos incrementos a las variedades adaptadas y obtener semilla para los agricultores que más la necesitan; una enorme tarea y una gran oportunidad dada la inminente amenaza que representa el cambio climático.

Si desea más información, póngase en contacto con Marianne Bänziger (m.banziger@cgiar.org)

 
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Aumenta la magnitud de la amenaza

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December, 2006