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A la larga, ganar la batalla
Tres décadas de investigación sobre
maíz tolerante a la sequía por parte del CIMMYT y
un grupo muy sólido de colaboradores ha hecho la diferencia
en la vida de los agricultores africanos. Tal logro ha sido reconocido
al otorgársele al CIMMYT el premio Rey Balduino del CGIAR
2006.
Esto comenzó a finales de la década
de 1970, en México, con un pequeño experimento para
dotar de tolerancia a la sequía la población de maíz
de tierras bajas del trópico llamada Tuxpeño. En 1986
el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) comenzó
a contribuir para que se realizaran estudios más exhaustivos
sobre tolerancia a la sequía en el maíz. A mediados
de 1990, el objetivo de la investigación se dirigió
a África, una región donde las condiciones para cultivar
maíz son las más adversas en todo el mundo: África
Oriental y África del Sur, donde el maíz es la fuente
de alimentación y sustento de unos 250 millones de personas.
A la fecha se ha producido semilla suficiente para
sembrar una superficie de más de 2.5 millones de hectáreas
en África Oriental y África del Sur con nuevas variedades
que producen más grano en temporadas de sequía o cuando
las condiciones son favorables. Para lograr estos resultados hubo
que establecer una serie de asociaciones colaborativas con donadores,
programas nacionales de investigación agrícola, programas
de extensión, pequeños productores de semilla, productores
de semilla comunitarios y agricultores individuales; crear nuevos
métodos de selección de germoplasma en condiciones
reales en diversos lugares del mundo; y hacer más eficientes
los métodos con la participación de los agricultores
para seleccionar y distribuir las mejores variedades.
El CIMMYT y sus colaboradores utilizaron nuevas metodologías
de fitomejoramiento que favorecen a la gente sin recursos, según
Marianne Bänziger, directora del Programa Global de Maíz
del CIMMYT.
“A las variedades tradicionales hay que aplicarles
fertilizante cuando hay buenas lluvias. El CIMMYT tomó una
ruta totalmente diferente”, dice Bänziger. “Tomamos
las variedades, expusimos miles de ellas a condiciones climáticas
extremas, como sequía y escasa fertilidad. Seleccionamos
las mejores. Se las llevamos a los agricultores y ellos nos indicaron
cuáles les gustaban."
Con fondos de los proyectos se equiparon totalmente
25 sitios de selección para controlar las condiciones adversas
a que se sometieron los materiales y se establecieron más
de 120 sitios de ensayos, propiedad de los programas nacionales
y operados por éstos. Se integró una red de la que
forman parte el CIMMYT, los programas nacionales de investigación
agrícola (PNIA) del sector público, y el sector privado,
con objeto de ensayar sistemáticamente nuevas variedades
e híbridos de todos los proveedores en cuanto a las limitantes
más relevantes para los pequeños agricultores en África
Oriental y sur de África. Recientemente la red dio pruebas
de que ese método de mejoramiento genético funciona.
En una simple comparación entre todos los híbridos
de maíz para condiciones adversas generados por el CIMMYT,
utilizando sus métodos de mejoramiento, y un número
similar de híbridos producidos por empresas privadas de renombre
mediante métodos tradicionales, en la cual se utilizaron
83 híbridos, 65 sitios con condiciones climáticas
adversas elegidas al azar en regiones del sur de África,
y tres años de evaluación, los resultados demostraron
que, en condiciones de producción lo más parecidas
a aquellas que enfrentan los agricultores de escasos recursos en
África (es decir, a niveles de rendimiento de 1–5 toneladas
por hectárea), las variedades del CIMMYT rindieron en promedio
20% más en condiciones extremas y 5% más en condiciones
favorables. Entre ellas, los mejores híbridos tolerantes
a condiciones climáticas adversas rindieron 100% bajo los
efectos de la sequía; esto muestra el gran potencial que
poseen los recursos genéticos del maíz.
En la selección final se aplicó la metodología
participativa llamada sistemas de ensayos "madre-bebé",
en la que los agricultores se hicieron cargo de algunas parcelas
"bebé" en sus propios terrenos, en tanto que ONG,
investigadores y extensionistas llevaron a cabo un "ensayo
madre" en el centro de sus comunidades. De esta manera los
agricultores podrán ver cómo se comportaron las variedades
con potencial en cada localidad.
Como resultado de esta labor, más de 50 variedades
de polinización libre e híbridos se han puesto a disposición
de colaboradores del sector público y del sector privado,
de programas nacionales de investigación agrícola
(PNIA), ONG y compañías semilleras, para producir
semilla y hacerla llegar a los agricultores. “Ninguno de estos
logros habría sido posible sin la colaboración de
tantos investigadores, ONG y extensionistas del sector público
y el sector privado", dice Bänziger. "Fueron ellos
los que evaluaron las variedades en condiciones diversas conjuntamente
con los agricultores. Comenzaron asimismo a adoptar los nuevos métodos
de fitomejoramiento en sus propios programas, generaron sus propias
variedades y se dieron a la tarea de producir semilla y de hacerla
llegar a los agricultores."
La historia no ha terminado. Los investigadores del
CIMMYT están seguros de que la diversidad genética
en el maíz es suficiente para seguir dotando de tolerancia
a la sequía a muchas de las nuevas variedades de maíz.
“Los aumentos de rendimiento son de tal magnitud que con cada
año de investigación podemos sumar 100 kg más
de grano cuando hay sequía”, señala Bänziger.
El gran reto consiste en incorporar estos incrementos a las variedades
adaptadas y obtener semilla para los agricultores que más
la necesitan; una enorme tarea y una gran oportunidad dada la inminente
amenaza que representa el cambio climático.
Si desea más información,
póngase en contacto con Marianne Bänziger (m.banziger@cgiar.org)
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