CIMMYT E-Boletín, vol 3 no. 4, abril de 2006

La dulzura del éxito

El maíz transforma el panorama y el estilo de vida de la gente en Bangladesh

Nurul Islam, del ONG Unnayan Sangha. “Nos sorprendimos al verlos llegar cargando do
kilos de dulces, y dinero".

Nurul Islam apenas si podía creer lo que veía. Once agricultores de escasos recursos acaban de entrar en su oficina en Sherpur, Bangladesh; llevaban dos kilos de dulces, y dinero. “Nos quedamos atónitos cuando entraron con los dulces y el dinero", dice Islam. “Pensamos que estábamos arriesgándonos mucho cuando hicimos los préstamos, pero pagaron a tiempo, con intereses, y nos regalaron dulces como muestra de su gratitud". Nurul Islam es el Director de Unnayan Sangha, un organismo no gubernamental fundado en 1980 para ayudar a la gente necesitada de la región, principalmente por medio de programas de microcrédito. El grupo había estado muy activo promoviendo el establecimiento de piscifactorías en traspatios y habían logrado muy buenos resultados al poner en operación 6,000 estanques en los terrenos de los miembros del grupo. Sin embargo, no habían pensado en el maíz ni en los ingresos que podrían obtener y que podrían ayudar a que la gente saliera de la pobreza.

El gobierno de Bangladesh ha intentado promover el maíz en la zona. Se adapta bien al clima, a la disponibilidad de agua y las necesidades de los agricultores, pero en muchos casos no todo había resultado como se esperaba. No obstante, los agricultores en la región están sembrando cada vez menos trigo como segundo cultivo después del arroz, debido a que la variedad que emplean es susceptible al tizón de la hoja, una enfermedad común del trigo en esa zona, que diezma los rendimientos en más de 15%. El CIMMYT, con apoyo de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), ha estado colaborando con el Instituto de investigación agrícola de Bangladesh (BARI) en el estudio del potencial del maíz en la región, en particular como alimento animal.

Los primeros buenos resultados con el maíz dejan una gran huella
Los orígenes de una pequeña revolución en el maíz en Jamalpur y Sherpur comenzaron con un solo agricultor, Mahbubur Rahman, quien es también mecánico. Él se dirigió a su colega del CIMMYT, Mahfuzul Hoque, del BARI. Hoque había sembrado maíz en la zona y conocía el suelo y el clima. Rahamn preguntó si su terreno era adecuado para sembrar maíz como segundo cultivo. La respuesta de Hoque fue un ‘sí’ rotundo. Rahman se dio cuenta de que para que otros agricultores como él pudieran adoptar ese cultivo de maíz tendrían que conseguir desgranadoras. Consiguió los planos y fabricó desgranadoras, 1 mecánica y 48 manuales. Anotó también a su hermano menor Masudur y a otro agricultor para que promovieran la tecnología. En poco tiempo el grupo reunió a 16 familias y sembraron 5.5 hectáreas la primera temporada.

Agricultores de escasos recursos atienden la parcela. Valió la pena la inversión.

Fueron los miembros de ese grupo los que se acercaron a Unnayan Sangha para que comenzaran a darse préstamos. Gracias a las buenas negociaciones, la tecnología y el cultivo se difundieron rápidamente. Localmente se podía conseguir poca semilla; la de importación solía ser de baja calidad. Los dirigentes del ONG vieron que había mercado para la semilla de híbridos de maíz de calidad y, por tanto, comenzaron a producirla a nivel comunitario con dos líneas de maíz del CIMMYTR (CML 283 F y CML 287 M) como progenitores. Esta es su primera temporada y quieren vender la semilla de su media hectárea a agricultores a pequeña escala que sean miembros de su organización. Algunos de estos agricultores dedican tiempo y mano de obra al manejo de la parcela.

Media hectárea: un primer paso para salir de la pobreza

M. Kazal en su puesto de té a la orilla del camino. “Me siento teniendo mi propia tierra".

M. Kazal, uno de los primeros 16 productores de maíz, era antes un aparcero sin tierra. Para pagar, entregaba al propietario de la tierra casi 12% de su cosecha. También tenía un puesto de té al borde del camino cerca de su terreno, sobre una ruta polvorienta en el distrito Sherpur de Bangladesh. Con el puesto de té ganaba algo de dinero, suficiente para comprar el fertilizante que aplicaba al terreno que arrendaba.

Él, su esposa y sus dos niños asistieron a un evento de capacitación para toda la familia en producción de maíz organizado por el CIMMYT. Sembraron poco la primera temporada, pero obtuvieron cerca de US$ 175 de su primera cosecha, cantidad con la que pudieron comprar seis becerros. La siguiente temporada los alimentó con maíz, para engordarlos, y los vendió en US$ 900. Por el sobrante de su maíz le dieron US$600. Combinando sus utilidades decidió hacer el cambio más grande de su vida: compró media hectárea de tierra. En dos temporadas que sembró maíz cambió de ser un hombre que no tenía tierra a todo un terrateniente. “Me siento mejor teniendo tierra”, afirma. “Mi estatus en la comunidad ha cambiado”.

Kazal dice que lo primero que espera poder hacer es dar educación a sus hijos, algo que él nunca tuvo. Su padre, sentado junto a él en puesto de té, sonríe con orgullo. “No puedo encontrar las palabras... Quiero que él tenga una vida mejor".

¿Alimento humano o animal?

El padre de Kazal está orgulloso de los logros de su hijo. “No puedo encontrar las palabras para expresar lo que siento”.

Cualquier maíz en Bangladesh se venderá fácilmente como alimento animal, pero el personal de Unnayan Sangha está también interesado en satisfacer la demanda de maíz para consumo humano. Comentan que entre 20 y 25% de su maíz lo utilizan ahora los agricultores para preparar chapati, el pan que se consume en el sur de Asia.

¿Ha hecho el maíz alguna diferencia en la región? “Definitivamente, sí", afirma Hoque. “Los agricultores que siembran maíz tienen ahora un mayor poder adquisitivo y uno puede ver más casas de hojalata, más maquinaria nueva". Y pensar que todo comenzó con dos kilos de dulces para festejar el éxito.

Si desea más información, póngase en contacto con Steve Waddington (s.waddington@cgiar.org)

 
Abril
Agricultores mexicanos en pie a pesar de los impactos del Tratado de Libre Comercio
Un llamado para conservar los recursos en México

Arriba

April, 2006