| La dulzura del éxito
El maíz transforma el panorama y el estilo
de vida de la gente en Bangladesh

Nurul Islam, del ONG Unnayan Sangha. “Nos
sorprendimos al verlos llegar cargando do
kilos de dulces, y dinero". |
Nurul Islam apenas si podía creer lo que veía.
Once agricultores de escasos recursos acaban de entrar en su oficina
en Sherpur, Bangladesh; llevaban dos kilos de dulces, y dinero.
“Nos quedamos atónitos cuando entraron con los dulces
y el dinero", dice Islam. “Pensamos que estábamos
arriesgándonos mucho cuando hicimos los préstamos,
pero pagaron a tiempo, con intereses, y nos regalaron dulces como
muestra de su gratitud". Nurul Islam es el Director de Unnayan
Sangha, un organismo no gubernamental fundado en 1980 para ayudar
a la gente necesitada de la región, principalmente por medio
de programas de microcrédito. El grupo había estado
muy activo promoviendo el establecimiento de piscifactorías
en traspatios y habían logrado muy buenos resultados al poner
en operación 6,000 estanques en los terrenos de los miembros
del grupo. Sin embargo, no habían pensado en el maíz
ni en los ingresos que podrían obtener y que podrían
ayudar a que la gente saliera de la pobreza.
El gobierno de Bangladesh ha intentado promover el
maíz en la zona. Se adapta bien al clima, a la disponibilidad
de agua y las necesidades de los agricultores, pero en muchos casos
no todo había resultado como se esperaba. No obstante, los
agricultores en la región están sembrando cada vez
menos trigo como segundo cultivo después del arroz, debido
a que la variedad que emplean es susceptible al tizón de
la hoja, una enfermedad común del trigo en esa zona, que
diezma los rendimientos en más de 15%. El CIMMYT, con apoyo
de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID),
ha estado colaborando con el Instituto de investigación agrícola
de Bangladesh (BARI) en el estudio del potencial del maíz
en la región, en particular como alimento animal.
Los primeros buenos resultados
con el maíz dejan una gran huella
Los orígenes de una pequeña revolución en el
maíz en Jamalpur y Sherpur comenzaron con un solo agricultor,
Mahbubur Rahman, quien es también mecánico. Él
se dirigió a su colega del CIMMYT, Mahfuzul Hoque, del BARI.
Hoque había sembrado maíz en la zona y conocía
el suelo y el clima. Rahamn preguntó si su terreno era adecuado
para sembrar maíz como segundo cultivo. La respuesta de Hoque
fue un ‘sí’ rotundo. Rahman se dio cuenta de
que para que otros agricultores como él pudieran adoptar
ese cultivo de maíz tendrían que conseguir desgranadoras.
Consiguió los planos y fabricó desgranadoras, 1 mecánica
y 48 manuales. Anotó también a su hermano menor Masudur
y a otro agricultor para que promovieran la tecnología. En
poco tiempo el grupo reunió a 16 familias y sembraron 5.5
hectáreas la primera temporada.
Agricultores de escasos recursos atienden
la parcela. Valió la pena la inversión. |
Fueron los miembros de ese grupo los que se acercaron
a Unnayan Sangha para que comenzaran a darse préstamos. Gracias
a las buenas negociaciones, la tecnología y el cultivo se
difundieron rápidamente. Localmente se podía conseguir
poca semilla; la de importación solía ser de baja
calidad. Los dirigentes del ONG vieron que había mercado
para la semilla de híbridos de maíz de calidad y,
por tanto, comenzaron a producirla a nivel comunitario con dos líneas
de maíz del CIMMYTR (CML 283 F y CML 287 M) como progenitores.
Esta es su primera temporada y quieren vender la semilla de su media
hectárea a agricultores a pequeña escala que sean
miembros de su organización. Algunos de estos agricultores
dedican tiempo y mano de obra al manejo de la parcela.
Media hectárea: un primer
paso para salir de la pobreza

M. Kazal en su puesto de té a la
orilla del camino. “Me siento teniendo mi propia tierra". |
M. Kazal, uno de los primeros 16 productores de maíz,
era antes un aparcero sin tierra. Para pagar, entregaba al propietario
de la tierra casi 12% de su cosecha. También tenía
un puesto de té al borde del camino cerca de su terreno,
sobre una ruta polvorienta en el distrito Sherpur de Bangladesh.
Con el puesto de té ganaba algo de dinero, suficiente para
comprar el fertilizante que aplicaba al terreno que arrendaba.
Él, su esposa y sus dos niños asistieron
a un evento de capacitación para toda la familia en producción
de maíz organizado por el CIMMYT. Sembraron poco la primera
temporada, pero obtuvieron cerca de US$ 175 de su primera cosecha,
cantidad con la que pudieron comprar seis becerros. La siguiente
temporada los alimentó con maíz, para engordarlos,
y los vendió en US$ 900. Por el sobrante de su maíz
le dieron US$600. Combinando sus utilidades decidió hacer
el cambio más grande de su vida: compró media hectárea
de tierra. En dos temporadas que sembró maíz cambió
de ser un hombre que no tenía tierra a todo un terrateniente.
“Me siento mejor teniendo tierra”, afirma. “Mi
estatus en la comunidad ha cambiado”.
Kazal dice que lo primero que espera poder hacer es
dar educación a sus hijos, algo que él nunca tuvo.
Su padre, sentado junto a él en puesto de té, sonríe
con orgullo. “No puedo encontrar las palabras... Quiero que
él tenga una vida mejor".
¿Alimento humano o animal?

El padre de Kazal está orgulloso
de los logros de su hijo. “No puedo encontrar las palabras
para expresar lo que siento”. |
Cualquier maíz en Bangladesh se venderá
fácilmente como alimento animal, pero el personal de Unnayan
Sangha está también interesado en satisfacer la demanda
de maíz para consumo humano. Comentan que entre 20 y 25%
de su maíz lo utilizan ahora los agricultores para preparar
chapati, el pan que se consume en el sur de Asia.
¿Ha hecho el maíz alguna diferencia
en la región? “Definitivamente, sí", afirma
Hoque. “Los agricultores que siembran maíz tienen ahora
un mayor poder adquisitivo y uno puede ver más casas de hojalata,
más maquinaria nueva". Y pensar que todo comenzó
con dos kilos de dulces para festejar el éxito.
Si desea más información, póngase
en contacto con Steve Waddington (s.waddington@cgiar.org)
|
 |
|