CIMMYT E-Boletín, vol 3 no. 4, abril de 2006

Un llamado para conservar los recursos en México

La especialista en cereales de grano pequeño, Rebeca González Íñiguez, dice que la parte clave de su trabajo implica escuchar a los agricultores mexicanos –como Agustín Orozco Velázquez, cuya foto vemos aquí– y aprender de la sabiduría que con el tiempo han ido adquiriendo. “Ellos saben qué están haciendo y qué necesitan. Yo simplemente trato de darles apoyo y asesoría". Si no conozco la respuesta a alguna de sus preguntas, llamo a un experto que pueda ayudarlos".

Agricultores en el estado de Michoacán, en la zona sur-centro de México, están cambiando a la agricultura de conservación.

Presionados por el encarecimiento de los insumos, los bajos precios del grano y la degradación de los recursos naturales, agricultores del estado de Michoacán –en la zona sur-centro de México– se unen al creciente número de agricultores en el mundo que están cambiando a la agricultura de conservación, con la ayuda de investigadores como Rebeca González Íñiguez. La sección norte del estado forma parte de la zona mexicana de El Bajío, una extensa región con suelos productivos, buena precipitación pluvial y riego abundante; sin embargo, tiene problemas que están agravándose, por ejemplo, el uso inadecuado de agroquímicos y agua. Los agricultores michoacanas cuentan con propiedades relativamente grandes, de hasta 200 hectáreas, y practican la rotación intensiva, basada principalmente en trigo o cebada con riego en los meses secos de invierno, y maíz o sorgo en verano.

La investigadora especialista en cereales del Instituto Nacional de Investigación Forestal, Agricultura y Ganadería, Rebeca González, ayudó a que los agricultores conocieran la siembra en camas elevadas, un práctica que muchos de ellos utilizan para aumentar la eficiencia en el riego. “En 1994 organizamos la visita de los agricultores a la estación experimental del CIMMYT en Ciudad Obregón, en el norte de México, para que conocieran la siembra en camas y formas más eficientes de aplicar riego", comenta. “Los surcos en ambos lados de las camas agilizan el riego y canalizan el agua de manera que el terreno no se inunde ni queden secciones sin regar". Asimismo, González les consiguió un implemento para formar las camas, que originalmente proporcionó el agrónomo de trigo del CIMMYT, Ken Sayre, quien impulsa y apoya la labor de González y los agricultores michoacanos.

Poco después, para ahorrar tiempo y poder sembrar híbridos de maíz más productivos, de ciclo más prolongado, la mayoría de los agricultores comenzaron a sembrar maíz directamente en los residuos, sin labranza, después de cosechar trigo o cebada. “Aprendieron esto de otros agricultores, en otra región de El Bajío, y además de pueden sembrar con anticipación, han podido ahorrarse el costo de la labranza", señala González. A partir de aquí, solo fue necesario un pequeño paso para experimentar con labranza cero todo el año en camas elevadas permanentes. En 2004, el agricultor de la región Moisés Orozco Velázquez comenzó a ensayar el método con sus hermanos en una fracción de su propiedad de 100 hectáreas, principalmente para reducir gastos. En un principio no estaba de acuerdo con algunas de las nuevas prácticas (por ejemplo, reducir el uso de fertilizantes) que le había sugerido su hermano, que estudiaba agronomía. Sin embargo, finalmente aceptó y se sorprendió gratamente al ver los resultados. “Redujimos en 50% nuestros costos con lo que ahorramos en la compra de fertilizantes, operaciones de labranza y mano de obra, y nuestra cosecha es tan buena, o mejor, que la de nuestros vecinos, que utilizaron labranza tradicional y aplicaron mucho más fertilizante", dice Orozco. “Este año también tuvimos algunas lluvias abundantes y en las partes bajas, donde normalmente perdemos parte de la cosecha por anegamiento, la infiltración fue excelente". Ahora, él y su familia planean aplicar una serie de prácticas que conservan los recursos, como labranza cero, todo el año, en todos sus terrenos.

Al igual que otros agricultores que han adoptado las nuevas prácticas, Orozco aún tiene que resolver diversos problemas, como la densidad de siembra y las dosis de fertilizante, sobre todo el manejo de los residuos, cuyo volumen es de 15 toneladas por hectárea cada año. “Hemos descubierto que si la rociamos con urea, para la temporada de siembra la paja ha comenzado a descomponerse", dice Orozco. También empacan una parte y la venden como forraje. Sin embargo siguen teniendo problemas para conseguir sembradoras que atraviesen la capa de residuos y depositen la semilla en el suelo. González opina que esto constituye un problema importante que hay que resolver. “El futuro de la agricultura de conservación en la región depende de que los agricultores puedan conseguir maquinaria eficaz, a precio accesible". Sayre y sus colaboradores trabajan en diseños adecuados que los fabricantes mexicanos de maquinaria a la larga puedan producir y comercializar.

Si desea más información, diríjase a Ken Sayre (k.sayre@cgiar.org) o Hans Joachim Braun (h.braun@cgiar.org)

 
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