| Un llamado para conservar los recursos
en México

La especialista en cereales de grano pequeño, Rebeca
González Íñiguez, dice que la parte clave
de su trabajo implica escuchar a los agricultores mexicanos
–como Agustín Orozco Velázquez, cuya foto
vemos aquí– y aprender de la sabiduría
que con el tiempo han ido adquiriendo. “Ellos saben
qué están haciendo y qué necesitan. Yo
simplemente trato de darles apoyo y asesoría".
Si no conozco la respuesta a alguna de sus preguntas, llamo
a un experto que pueda ayudarlos". |
Agricultores en el estado de Michoacán,
en la zona sur-centro de México, están cambiando a
la agricultura de conservación.
Presionados por el encarecimiento de los insumos,
los bajos precios del grano y la degradación de los recursos
naturales, agricultores del estado de Michoacán –en
la zona sur-centro de México– se unen al creciente
número de agricultores en el mundo que están cambiando
a la agricultura de conservación, con la ayuda de investigadores
como Rebeca González Íñiguez. La sección
norte del estado forma parte de la zona mexicana de El Bajío,
una extensa región con suelos productivos, buena precipitación
pluvial y riego abundante; sin embargo, tiene problemas que están
agravándose, por ejemplo, el uso inadecuado de agroquímicos
y agua. Los agricultores michoacanas cuentan con propiedades relativamente
grandes, de hasta 200 hectáreas, y practican la rotación
intensiva, basada principalmente en trigo o cebada con riego en
los meses secos de invierno, y maíz o sorgo en verano.
La investigadora especialista en cereales del Instituto
Nacional de Investigación Forestal, Agricultura y Ganadería,
Rebeca González, ayudó a que los agricultores conocieran
la siembra en camas elevadas, un práctica que muchos de ellos
utilizan para aumentar la eficiencia en el riego. “En 1994
organizamos la visita de los agricultores a la estación experimental
del CIMMYT en Ciudad Obregón, en el norte de México,
para que conocieran la siembra en camas y formas más eficientes
de aplicar riego", comenta. “Los surcos en ambos lados
de las camas agilizan el riego y canalizan el agua de manera que
el terreno no se inunde ni queden secciones sin regar". Asimismo,
González les consiguió un implemento para formar las
camas, que originalmente proporcionó el agrónomo de
trigo del CIMMYT, Ken Sayre, quien impulsa y apoya la labor de González
y los agricultores michoacanos.
Poco después, para ahorrar tiempo y poder
sembrar híbridos de maíz más productivos, de
ciclo más prolongado, la mayoría de los agricultores
comenzaron a sembrar maíz directamente en los residuos, sin
labranza, después de cosechar trigo o cebada. “Aprendieron
esto de otros agricultores, en otra región de El Bajío,
y además de pueden sembrar con anticipación, han podido
ahorrarse el costo de la labranza", señala González.
A partir de aquí, solo fue necesario un pequeño paso
para experimentar con labranza cero todo el año en camas
elevadas permanentes. En 2004, el agricultor de la región
Moisés Orozco Velázquez comenzó a ensayar el
método con sus hermanos en una fracción de su propiedad
de 100 hectáreas, principalmente para reducir gastos. En
un principio no estaba de acuerdo con algunas de las nuevas prácticas
(por ejemplo, reducir el uso de fertilizantes) que le había
sugerido su hermano, que estudiaba agronomía. Sin embargo,
finalmente aceptó y se sorprendió gratamente al ver
los resultados. “Redujimos en 50% nuestros costos con lo que
ahorramos en la compra de fertilizantes, operaciones de labranza
y mano de obra, y nuestra cosecha es tan buena, o mejor, que la
de nuestros vecinos, que utilizaron labranza tradicional y aplicaron
mucho más fertilizante", dice Orozco. “Este año
también tuvimos algunas lluvias abundantes y en las partes
bajas, donde normalmente perdemos parte de la cosecha por anegamiento,
la infiltración fue excelente". Ahora, él y su
familia planean aplicar una serie de prácticas que conservan
los recursos, como labranza cero, todo el año, en todos sus
terrenos.
Al igual que otros agricultores que han adoptado
las nuevas prácticas, Orozco aún tiene que resolver
diversos problemas, como la densidad de siembra y las dosis de fertilizante,
sobre todo el manejo de los residuos, cuyo volumen es de 15 toneladas
por hectárea cada año. “Hemos descubierto que
si la rociamos con urea, para la temporada de siembra la paja ha
comenzado a descomponerse", dice Orozco. También empacan
una parte y la venden como forraje. Sin embargo siguen teniendo
problemas para conseguir sembradoras que atraviesen la capa de residuos
y depositen la semilla en el suelo. González opina que esto
constituye un problema importante que hay que resolver. “El
futuro de la agricultura de conservación en la región
depende de que los agricultores puedan conseguir maquinaria eficaz,
a precio accesible". Sayre y sus colaboradores trabajan en
diseños adecuados que los fabricantes mexicanos de maquinaria
a la larga puedan producir y comercializar.
Si desea más información,
diríjase a Ken Sayre (k.sayre@cgiar.org)
o Hans Joachim Braun (h.braun@cgiar.org)
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