Asegurar la
supervivencia de los trigos sacramentales
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Algunos de los primeros trigos que
llegaron a México, los llamados trigos sacramentales, nos dan
una idea del pasado —y posiblemente el futuro— del trigo.
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Una
instantánea de un trigo del siglo XVI
Traídos a México en el siglo XVI por
monjes españoles, los trigos sacramentales proporcionaron grano para elaborar
ostias: las obleas de pan ázimo consagradas durante la misa católica romana
(de allí el nombre de sacramentales). Los pueblos indígenas de México tenían
un cereal propio –el maíz– pero, por razones religiosas, la hostia debe ser
hecha con harina de trigo. Los monjes dieron trigo a los indios para que lo
sembraran después de la cosecha de maíz. Por consiguiente, “el trigo se
propagó en México tan rápido como la religión católica”, dice Bent
Skovmand, jefe del banco de germoplasma de trigo del CIMMYT.
Las condiciones en algunas regiones
donde se sembraron esos trigos, como los Valles Altos de la Mixteca en el estado
de Oaxaca, están lejos de ser las ideales para producir trigo. Sin embargo, los
trigos sacramentales se han cultivado allí durante siglos y aún se les puede
encontrar en los campos de los agricultores. Se cree que son descendientes
directos de los trigos introducidos por los monjes en 1540. Como el trigo no
suele sembrarse en sitios como los Valles Altos de la Mixteca, los trigos
sacramentales probablemente nunca se cruzaron con otras variedades y conservaron
prácticamente intacto su patrimonio genético.
El valor potencial de estos trigos
reside en el hecho de que se conocen tan pocos trigos de su tipo, especialmente
en las Américas. Si los trigos sacramentales actuales son representativos de
los introducidos por los españoles, podrían decirnos mucho acerca de los
trigos ibéricos en el siglo XVI. Por ejemplo, podrían revelar si el sabor y
otras cualidades de panificación del trigo realmente han mejorado en los siglos
transcurridos desde que llegaron a Oaxaca. Skovmand comenta: “Los agricultores
que producen trigos sacramentales afirman que su sabor es mucho mejor que el de
las variedades modernas”.
Cuando las tradiciones mueren,
también muere la biodiversidad
Una de las funciones importantes de un
banco de germoplasma es conservar muestras de tantos tipos diferentes de una
especie vegetal como sea posible. Son de especial interés las plantas en
peligro de desaparecer, como las que serán arrasadas por las aguas cuando se
desborde una presa, o se perderán cuando los agricultores que la siembran
mueran o emigren a las ciudades. Los trigos sacramentales, cultivados por muy
pocos agricultores de Oaxaca, están incluidos en esta última categoría.
Hace unos años, Skovmand oyó de
estos y otros trigos raros y decidió que era importante recolectar muestras
para su conservación. Obtuvo fondos de la CONABIO, la organización mexicana
encargada del estudio de la biodiversidad, para realizar la recolección de
trigo en 23 estados mexicanos. Como resultado, se agregaron a nuestra colección
10,000 muestras nuevas recolectadas en 249 sitios de 19 estados. Se depositaron
duplicados de las muestras en el banco de germoplasma del Instituto Nacional de
Investigaciones Forestales y Agropecuarias (INIFAP) de México, en Chapingo.
Los trigos sacramentales no son los únicos
trigos entre las colecciones nuevas que desde hace mucho tiempo se siembran para
propósitos especiales en México. Dos variedades de los agricultores del estado
de Michoacán, por ejemplo, se producen exclusivamente por su paja, que se teje
para elaborar objetos decorativos.
El riesgo evidente que corren éstas y
otras variedades raras es que su supervivencia depende de pequeños grupos de
personas que las cultivan y que un día podrían abandonar su estilo tradicional
de vida. En cambio, si se almacenan en un banco de germoplasma, esas variedades
y su dotación genética estarán disponibles por tiempo indefinido. Tal vez un
día los mejoradores que intentan incrementar la producción de grano en
ambientes marginales encuentren lo que buscan en los trigos del siglo XVI.
Si
desea mayor información, diríjase a:
Bent Skovmand (b.skovmand@cgiar.org)
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August, 2004
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