Un agricultor maya genera una popular variedad de maíz

El agricultor maya y mejorador Rufino Chi: “Quiero ayudar a mis hermanos para que la gente pueda tener alimentos para sus familias y se queden en sus fincas”.

Un experimento por intuición

Es un relato que Rufino Chi ha narrado a menudo y que probablemente seguirá contando durante algún tiempo más, a juzgar por las animadas respuestas de los agricultores cada vez que se menciona a Nalxoy, el producto de una cruza entre PR7822, una población de maíz del CIMMYT, y Naltel, un maíz tradicional cultivado por agricultores indígenas en Yucatán, México.

Nalxoy es el invento de Chi, un agricultor maya de la aldea de Xoy, Yucatán. Chi no sabía que la semilla que obtuvo en 1983 de un viejo amigo y agrónomo, Luis Dzib, provenía del CIMMYT. Sólo sabía lo que Dzib le dijo, que ese maíz era bueno y muy rendidor, y por lo tanto decidió ensayarlo en su campo.

“Tomé la semilla y la sembré. Tuvo muy buenos rendimientos, dio mazorcas y granos de buen tamaño, pero era muy sensible a las plagas. Los tallos tampoco eran fuertes”, dijo Chi. “Pensé, ¿por qué no cruzar este maíz con Nal-tel? Nal-tel daba más maíz por planta, las hojas de la mazorca eran fuertes y duras y el grano era resistente a las plagas. Las ventajas de uno compensaban las desventajas del otro. Los crucé y obtuve esta variedad”.

Chi continuó cultivando el maíz y, después de dos años, convenció a Dzib que lo probara en su campo experimental en Becanchén, Yucatán.

“Rufino vino a verme en 1985 y me contó sobre Nalxoy y su rendimiento, 1,500 kilos por hectárea, en comparación con 750 de cualquiera de las otras variedades que sembraba”, recuerda Dzib. “Quería que sembrara este maíz. Al principio yo era escéptico, pero comencé a cultivar el maíz y registrar su rendimiento y cualidades. Al mismo tiempo, el padre y los hermanos de Rufino, así como miembros de la comunidad continuaron experimentando con el maíz en sus campos.

Se difunden la noticia y la semilla

La variedad que Chi desarrolló en 1983 era de grano amarillo. En 1998, comenzó a experimentar nuevamente y obtuvo una variedad Nalxoy de grano blanco. Las variedades Nalxoy de grano amarillo y de grano blanco fueron ensayadas en los campos de los agricultores en Xoy y otros municipios. Se difundió la noticia acerca de este maíz.

“Los agricultores se enteraban de la existencia de Nalxoy por otros agricultores y venían a comprar semilla. Un año vinieron algunos agricultores de Chiapas. Regresaron un año después y pidieron más semilla. Conocí a un agricultor de Campeche que compró 10 kilos. Cuando fui a Quintana Roo, me preguntaron por Nalxoy y compraron 16 kilos”, dice Chi.

Nalxoy, ahora conocida por su adaptabilidad y altos rendimientos, se convirtió en parte de programas no gubernamentales y de investigación en la zona.

“Se difundió a varias comunidades en el sur y el centro de Yucatán y en Quintana Roo”, dice Dzib. Pronto más agricultores comenzaron a pedir la semilla.

“Cuando no tenemos maíz, no tenemos nada”

Yucatán tiene una numerosa población indígena y algunas de las comunidades más pobres y marginadas del país. Las tasas elevadas de emigración, la escasa educación, la falta de servicios sociales básicos y los ingresos muy bajos son comunes. La mayoría de los agricultores dependen del maíz como alimento y las condiciones en las que lo cultivan son difíciles.

“Los suelos son pobres en muchas zonas y tenemos demasiada lluvia o está muy seco”, dice Dzib. “Las hojas de Nalxoy se enroscan cuando no llueve. Tan pronto como comienza a llover, Nalxoy empieza a crecer. La planta puede ser más baja y tener menos rendimiento, pero sí habrá una cosecha. Con Nalxoy, los agricultores tienen una mayor seguridad alimentaria”.

“Cuando no tenemos maíz, no tenemos nada. Tenemos que salir a trabajar para alimentar a la familia”, dice Daniel Castillo, un agricultor de Tahdziú, una de las comunidades más pobres de la zona. “Necesitamos maíz para todo el año. Este maíz –señala a Nalxoy– es bueno. Es más tolerante, podemos producirlo con otros cultivos y rinde más. Ahora no cultivamos ningún otro maíz”. Abel Escoffie, Director del Instituto Nacional Indigenista (INI) en José María Morelos, Quintana Roo, comparte esa opinión: “Es un buen maíz y tenemos muchas esperanzas en él. La mayoría de las variedades de maíz que tenemos aquí son muy sensibles a las plagas y no toleran la sequía. Sería muy bueno que podamos mejorarlo más”.

“El maíz es importante para las comunidades indígenas”

Para Chi, Nalxoy no sólo ha traído mayor seguridad alimentaria a su aldea sino también más cohesión entre las comunidades indígenas: “A través de este trabajo, los agricultores se acercan unos a otros. Podemos aprender de los demás y organizarnos mejor. El maíz es muy importante para las comunidades indígenas, que son pobres y están desnutridas.”

La experiencia de Rufino Chi muestra que los pequeños agricultores pobres suelen tener sus propias vías para adoptar maíz mejorado, según el experto en ciencias sociales del CIMMYT Mauricio Bellon. Bellon se entusiasmó cuando se enteró de la existencia de Nalxoy porque corroboraba la investigación del CIMMYT sobre “acriollamiento”, el proceso mediante el cual los agricultores modifican el maíz mejorado para adaptarlo a sus necesidades.

“Los pequeños agricultores se benefician con el maíz mejorado por vías diferentes, no necesariamente adoptando en forma directa una variedad mejorada”, dice Bellon. “Aun cuando el CIMMYT no proporcionó el maíz a los agricultores con la intención de que lo transformaran, surgió Nalxoy porque el maíz mejorado evidentemente tenía algunas características valiosas. Debemos evaluar experiencias como ésta y determinar si podemos aprovecharlas para servir mejor a la gente”.

 

Si desea mayor información, diríjase a:
Mauricio Bellon (m.bellon@cgiar.org)

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August, 2004