En busca de refugios El Proyecto de Maíz Resistente a los Insectos para África (IRMA), realizado en colaboración por el CIMMYT y el KARI y patrocinado por la Fundación Syngenta para la Agricultura Sustentable, emplea la biotecnología y el mejoramiento tradicional para desarrollar maíz resistente a los barrenadores del tallo, una de las plagas más devastadoras en África. Mulaa, entomóloga del KARI, y su colega del CIMMYT el entomólogo David Bergvinson, buscan plantas que pudieran servir como refugio en un sistema orientado a limitar la resistencia de los insectos al maíz Bt, una planta genéticamente modificada que representa una gran esperanza para controlar los barrenadores del tallo. Si bien el maíz Bt del CIMMYT difiere de otras tecnologías porque produce su propio plaguicida en lugar de requerir rociamientos, comparte la vulnerabilidad común a otras medidas de protección de las plantas: la plaga perseguida puede desarrollar resistencia. Para impedir esto, los agricultores de los países en desarrollo tienen que sembrar una proporción considerable de sus campos (por ejemplo, 20%) con variedades que sean sensibles a las plagas en cuestión. Esos refugios proporcionan un sitio seguro donde se pueden reproducir los insectos que, de otro modo, sucumbirían con la toxina Bt. Las poblaciones de insectos sensibles resultantes se aparean con los pocos insectos resistentes que evolucionan y esto retrasa mucho el desarrollo de poblaciones de insectos resistentes a la toxina Bt (o cualquier otra forma de resistencia controlada por un gen único). Los refugios constituyen un elemento fundamental de una estrategia más amplia de manejo de la resistencia de los insectos, que incluye el manejo integrado de las plagas y la combinación de múltiples fuentes de resistencia a los insectos en la planta de maíz. Distintos sistemas de cultivo,
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Mulaa multiplicó plantas candidatas para los refugios en Kitale en 2000. En el año siguiente, se evaluaron 30 huéspedes alternativos para los barrenadores del tallo en ensayos efectuados en estaciones experimentales situadas en cuatro de las cinco regiones productoras de maíz. El sorgo, en particular las variedades locales, tuvo la tasa más alta de daño por barrenadores y la mayor cantidad de agujeros de salida (que indican la supervivencia de las larvas). Aunque la hierba de Colón y el sorgo de Sudán, parecían funcionar bien como refugios, su costo fue elevado; las hierbas elefante resistió el desove y proporcionaron buenas utilidades, pero no se destacaron por el desarrollo larval.
También se efectuaron bioensayos en laboratorio en 2001, usando la especie más común de barrenadores del tallo para determinar la supervivencia y el desarrollo de las larvas y la fecundidad en diversos huéspedes. Variedades específicas de sorgo, los híbridos de maíz y las gramíneas forrajeras apoyaron adecuadamente la supervivencia y el desarrollo de los barrenadores. Se están verificando los resultados para integrarlos con los datos de las estaciones experimentales.
Planear los refugios apropiados para cada categoría de agricultores representa un reto. Se están realizando encuestas entre los agricultores en las tierras altas de Kitale, las tierras bajas tropicales (Mtwapa) y la zona árida de altitud media (Katumani). En 2003 se efectuarán encuestas en la zona de transición de altitud media (Kakemega) y la zona húmeda de altitud media (Embu). Estas encuestas proporcionarán estimaciones de las especies y la superficie de los refugios en esas zonas.
La
historia de dos agricultores
Dos agricultores de la zona de Kitale reflejan los extremos que deben abarcar las estrategias con refugios. Collins Omunga (fotografía de arriba) tiene más de 600 hectáreas en las tierras altas del distrito de Trans-Nzoia. Sus ingresos básicos provienen del maíz y el ganado. Tiene un Certificado de Agricultura y ha estado trabajando en su finca por más de 30 años. Ya cultiva hierba de elefantes en unas 18 hectáreas para usarla para alimentar el ganado y controlar la erosión y no duda de su valor económico. En un año malo, Omunga calcula que se pierde 20% de su cultivo de maíz y está dispuesto a ensayar algo eficaz contra los barrenadores. No cree que manejar un refugio represente un gran obstáculo. “Los agricultores están ansiosos de adoptar nuevas tecnologías”, dice. “Los conocimientos se difunden, como puede usted ver en la amplia adopción del maíz híbrido y los fertilizantes. Pero hay algunos agricultores ‘perezosos’ por ahí y podrían ser más problemáticos”. Mulaa no está de acuerdo con la caracterización de agricultores perezosos. “Hay algunos agricultores con parcelas muy pequeñas”, dice, “de medio acre o hasta menos; no diversifican los cultivos y sólo siembran maíz. Para este grupo, pensamos establecer algún tipo de refugio comunal rotativo”. No muy lejos, Samson Nyabero (fotografía de abajo) trabaja sus seis hectáreas. La diversidad encontrada en esta finca anima a Mulaa. Además de algunas parcelas pequeñas con frutales, Nyabero produce maíz y, lo que es más importante, sorgo, mijo africano y hierba de elefantes, todos ellos posibles refugios eficaces. Dice que en un año malo pierde entre 30 y 40% de su maíz a causa de los barrenadores del tallo. No le gusta comprar plaguicida porque a menudo está adulterado o ya ha caducado. El momento y la cantidad de las aplicaciones también plantean restricciones. Él también consideró que no había problema en adaptar sus prácticas de cultivo si con ello conseguía deshacerse de los barrenadores. Mulaa se siente estimulada por lo que ha visto en las fincas de Kitale, pero reconoce que se necesita realizar más investigación antes de poder hacer recomendaciones definitivas. Aun así, el desarrollo de una estrategia bien estructurada para manejar la resistencia de los insectos es sólo cuestión de tiempo.
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Si
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David
Bergvinson (d.bergvinson@cgiar.org)
August, 2004