¿Pueden los agricultores abastecerse a sí mismos y obtener beneficios? “Veo en el aula a niños
malnutridos y aquí estamos tratando instruirlos, pero no se puede enseñar
a un niño que está muriendo de hambre”. Paul Okongo, maestro de
escuela y agricultor en la aldea de Ochur, quería ayudar a los niños y
las viudas de su comunidad. En 1993, él, su esposa Joyce y varias
mujeres de la aldea fundaron Adopción de Tecnologías mediante
Organizaciones de Investigación (TATRO), una agrupación local cuyo
propósito principal es mejorar la situación de las mujeres haciendo
que participen en el desarrollo agrícola y pequeñas agroempresas. Son
tantos los logros de la asociación que a Ochur comúnmente la llaman
“TATRO”. La participación de la asociación en el proyecto de producción de semilla del CIMMYT y la Fundación Rockefeller* es un elemento de un plan que incluye la diversificación de los cultivos, la producción y comercialización de semilla y la difusión de información. Los agricultores de TATRO, que han empezado a producir semilla de variedades mejoradas de maíz, esperan obtener semilla para sus propias necesidades y utilidades vendiendo el resto a otros agricultores. Una innovación que podría ser útil es un banco comunal para almacenar la semilla, que permita a los participantes depositar y retirar semilla cuando la necesiten. El maíz en el este de África:
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Uno de esos grupos, la
Asociación Bakusekamajja de Agricultores para el Desarrollo de las
Mujeres, en el distrito de Iganga, en el este de Uganda, participa con
entusiasmo en el proyecto de semilla. La asociación dirige las
actividades de más de 450 agricultoras locales. La fundadora, Grace
Bakaira, primero movilizó a unas cuantas mujeres en 1986 para organizar
la capacitación en artesanías y el cultivo de vegetales, pero ahora
cataliza una serie de actividades de desarrollo agrícola y comunitario
en las que participan familias enteras. “La gente quería organizarse”,
dice. “Es más fácil solicitar apoyo de las ONG y los organismos
gubernamentales en forma colectiva”.
Con un método similar al de
TATRO, Bakusekamajja ayuda a las mujeres a desempeñar actividades que
aportan dinero a la familia y les proporcionan cierto control sobre los
recursos que generan.
Bakusekamajja comenzó la
producción de semilla a mediados de los años 90. El grupo tiene comités
para la siembra, la cosecha y la comercialización de semilla. Vende la
semilla de Longe 1 (una cruza del Compuesto Kawanda y la población 49
del CIMMYT) a sus integrantes por el equivalente de US$ 0.50 el
kilogramo, precio que es alrededor de 20 a 40% más bajo que el de los híbridos
comerciales.
Según el mejorador de maíz y experto en producción de semilla del CIMMYT David Beck, el proyecto brinda apoyo técnico a Bakusekamajja, pero también aprende del éxito del grupo. “Los elementos que veo incluyen el liderazgo dinámico de Grace Bakaira y sus colegas, una excelente organización, buena comunicación, estrecha colaboración con organismos técnicos como la NARO, una buena elección de variedades y esmerada atención a los detalles necesarios para producir semilla de calidad”, comenta Beck. “Tal vez lo más importante sea el vínculo especial entre los miembros, que sólo puedo describir como extraordinario”.
Una preocupación común
expresada por los agricultores es el problema de conseguir mercados para
el grano y, con el tiempo, la semilla. En su próxima etapa, se abordará
en el proyecto el problema del mercado para la semilla. Bakaira
identifica la organización colectiva como una estrategia clave: “En
lugar de tratar de vender la semilla en forma individual, los
agricultores tienen que reunirla y buscar un mercado externo”. La
calidad es fundamental: los productores de semilla deben garantizar su
pureza genética y su capacidad de germinar. Asegurar la pureza implica
aislar las parcelas de producción –ya sea en el espacio o el tiempo–
para evitar que se contaminen con el polen de otras plantas. La
germinación depende en parte del almacenamiento y el tratamiento. “Si
los agricultores producen la semilla en forma apropiada y la cosechan y
tratan correctamente, tal vez los agricultores de otros lugares quieran
comprarla”, señala Bakaira.
No todos los agricultores
tienen los medios o la tendencia a producir y comercializar semilla de
calidad, pero aquellos que cuentan con ellos podrían mejorar sus medios
de subsistencia. “Esperamos que la semilla llegue a agricultores que
desean obtener semilla de calidad pero no pueden comprarla de empresas
que operan con altos costos”, comenta Mugo.
Los colegas en Kenya incluyen
al KARI; ONG como Servicios Católicos de Ayuda (CRS) por conducto de la
diócesis católica de Homabay, el Programa para el Desarrollo
Sustentable Orientado a la Comunidad (SCODP) y CARE-Kenya; muchas
empresas de semilla (Faida Seeds, Lagrotech, Western Seed Company, Kenya
Seed Company, Pioneer y Monsanto); y escuelas de las aldeas. En Uganda,
el proyecto ha sido puesto en marcha por conducto de la NARO, ONG (IDEA,
UNFA), Pannar Seed Co., FICA, Faida Seed y Western Seed, entre otros
organismos.
* Strengthening Maize Seed Supply Systems for Small-Scale Farmers in Western Kenya and Uganda.
Si
desea mayor información, diríjase a:
Stephen
Mugo (s.mugo@cgiar.org)
August, 2004