Con el apoyo de la Fundación Rockefeller, el CIMMYT trabaja con grupos de acción comunitaria y los programas nacionales de investigación de Uganda y Kenya para ayudar a los agricultores a producir y comercializar semilla de calidad de las variedades mejoradas de maíz que seleccionan.

La producción comunitaria de semilla:  

¿Pueden los agricultores abastecerse a sí mismos y obtener beneficios?

“Veo en el aula a niños malnutridos y aquí estamos tratando instruirlos, pero no se puede enseñar a un niño que está muriendo de hambre”. Paul Okongo, maestro de escuela y agricultor en la aldea de Ochur, quería ayudar a los niños y las viudas de su comunidad. En 1993, él, su esposa Joyce y varias mujeres de la aldea fundaron Adopción de Tecnologías mediante Organizaciones de Investigación (TATRO), una agrupación local cuyo propósito principal es mejorar la situación de las mujeres haciendo que participen en el desarrollo agrícola y pequeñas agroempresas. Son tantos los logros de la asociación que a Ochur comúnmente la llaman “TATRO”.

La participación de la asociación en el proyecto de producción de semilla del CIMMYT y la Fundación Rockefeller* es un elemento de un plan que incluye la diversificación de los cultivos, la producción y comercialización de semilla y la difusión de información. Los agricultores de TATRO, que han empezado a producir semilla de variedades mejoradas de maíz, esperan obtener semilla para sus propias necesidades y utilidades vendiendo el resto a otros agricultores. Una innovación que podría ser útil es un banco comunal para almacenar la semilla, que permita a los participantes depositar y retirar semilla cuando la necesiten.

El maíz en el este de África: 
Una larga serie de limitaciones

El maíz es el principal cultivo alimentario en Kenya y adquiere cada vez más importancia en Uganda. El incremento de la población impulsa el crecimiento de la demanda de maíz en un 3% o más cada año. “El consumo per cápita medio es de 100 kilogramos de maíz al año, pero una sola persona puede llegar a comer hasta 200 kilogramos”, comenta Moses Siambi, un investigador adscrito al proyecto de semilla del Instituto de Investigación Agrícola de Kenya (KARI). “En un año malo, los agricultores pueden cosechar sólo 180 kilogramos de grano por hectárea. La familia media de agricultores tiene ocho o más miembros y menos de dos hectáreas.”

¿Cuál es la causa de los bajos rendimientos? La agricultura es de temporal, con sistemas de cultivo complejos que requieren mano de obra intensiva y son afectados por frecuentes sequías, enfermedades, plagas en el campo y el almacenamiento, malezas, la planta parásita Striga y la escasa fertilidad del suelo. Como si esto no fuera suficiente, el 65% de la población de Kenya vive en la cuenca del Lago Victoria, una de las regiones del mundo más severamente afectadas por el VIH y el SIDA. La enfermedad destruye familias y deja poca mano de obra para el trabajo agrícola.

La falta de sistemas eficientes de producción y distribución de semilla limita la difusión de variedades de maíz y prácticas agrícolas mejoradas en el este de África, opina Stephen Mugo, mejorador de maíz del CIMMYT y coordinador del proyecto de semilla. “Las variedades mejoradas aumentaron los rendimientos en el pasado y podrían volver a hacerlo, pero sólo alrededor de la quinta parte de los agricultores de la región producen variedades mejoradas” señala. Aun cuando los agricultores dispongan de algún dinero en efectivo, les es difícil encontrar semilla de calidad de las variedades que se adaptan a sus necesidades, a pesar de los numerosos proveedores.

El propósito del proyecto era familiarizar a los agricultores con las diversas variedades mejoradas disponibles. En cada aldea participante, los investigadores cultivaron dos ensayos “madres”, cada uno de ellos constituido por 20-30 variedades o híbridos; entre 7 y 12 agricultores por aldea cultivaron ensayos “bebés”, en los que cada agricultor sembró cuatro de las mismas variedades incluidas en el ensayo madre. “Los ensayos bebés se dispusieron en un diseño de cuatro cuadrados, con una variedad en cada cuadrado”, dice Siambi. “Los agricultores podían pararse en el centro del campo y apreciar el comportamiento de un vistazo". Los ensayos madres se sembraron con y sin fertilizante. “Las notables diferencias del comportamiento mostraron a los agricultores lo importante que es el fertilizante”, señala Siambi. “Éste es un gran logro porque en la región se tiene la creencia de que los fertilizantes inorgánicos dañan el suelo”.

En 2001, dos variedades provenientes del trabajo de mejoramiento para obtener tolerancia a los factores desfavorables en el sur de África (SADVILA y SADVILB) se colocaron entre las mejores en los ensayos en Kenya, superando incluso a los mejores híbridos testigo. Los agricultores de algunas aldeas ya han comenzado a producir semilla de esas variedades. El proyecto multiplica semilla básica (o de fundación) para que otros puedan hacer lo mismo.

Uganda: Las mujeres impulsan
el desarrollo de la comunidad

 “En Uganda, no se consigue fácilmente semilla mejorada ni insumos en las aldeas”, comenta George Bigirwa, jefe de investigación de maíz en la Organización Nacional de Investigación Agrícola (NARO) y coordinador del proyecto de semilla en Uganda. “Sin embargo, en los últimos cinco años los agricultores han tenido un mayor acceso a los créditos, se pueden importar insumos exentos de aranceles aduaneros y el gobierno ha estimulado el establecimiento de asociaciones de agricultores”. Los gobiernos de Kenya y Uganda promueven la equidad entre los géneros para fomentar el desarrollo y mejorar la calidad de la vida rural. Los grupos comunitarios desempeñan una función esencial.

 


Community seed production helps women earn income and gain some control over the resources they generate.

Uno de esos grupos, la Asociación Bakusekamajja de Agricultores para el Desarrollo de las Mujeres, en el distrito de Iganga, en el este de Uganda, participa con entusiasmo en el proyecto de semilla. La asociación dirige las actividades de más de 450 agricultoras locales. La fundadora, Grace Bakaira, primero movilizó a unas cuantas mujeres en 1986 para organizar la capacitación en artesanías y el cultivo de vegetales, pero ahora cataliza una serie de actividades de desarrollo agrícola y comunitario en las que participan familias enteras. “La gente quería organizarse”, dice. “Es más fácil solicitar apoyo de las ONG y los organismos gubernamentales en forma colectiva”.

Con un método similar al de TATRO, Bakusekamajja ayuda a las mujeres a desempeñar actividades que aportan dinero a la familia y les proporcionan cierto control sobre los recursos que generan.

Bakusekamajja comenzó la producción de semilla a mediados de los años 90. El grupo tiene comités para la siembra, la cosecha y la comercialización de semilla. Vende la semilla de Longe 1 (una cruza del Compuesto Kawanda y la población 49 del CIMMYT) a sus integrantes por el equivalente de US$ 0.50 el kilogramo, precio que es alrededor de 20 a 40% más bajo que el de los híbridos comerciales.

Según el mejorador de maíz y experto en producción de semilla del CIMMYT David Beck, el proyecto brinda apoyo técnico a Bakusekamajja, pero también aprende del éxito del grupo. “Los elementos que veo incluyen el liderazgo dinámico de Grace Bakaira y sus colegas, una excelente organización, buena comunicación, estrecha colaboración con organismos técnicos como la NARO, una buena elección de variedades y esmerada atención a los detalles necesarios para producir semilla de calidad”, comenta Beck. “Tal vez lo más importante sea el vínculo especial entre los miembros, que sólo puedo describir como extraordinario”.

La búsqueda de mercados

Una preocupación común expresada por los agricultores es el problema de conseguir mercados para el grano y, con el tiempo, la semilla. En su próxima etapa, se abordará en el proyecto el problema del mercado para la semilla. Bakaira identifica la organización colectiva como una estrategia clave: “En lugar de tratar de vender la semilla en forma individual, los agricultores tienen que reunirla y buscar un mercado externo”. La calidad es fundamental: los productores de semilla deben garantizar su pureza genética y su capacidad de germinar. Asegurar la pureza implica aislar las parcelas de producción –ya sea en el espacio o el tiempo– para evitar que se contaminen con el polen de otras plantas. La germinación depende en parte del almacenamiento y el tratamiento. “Si los agricultores producen la semilla en forma apropiada y la cosechan y tratan correctamente, tal vez los agricultores de otros lugares quieran comprarla”, señala Bakaira.

No todos los agricultores tienen los medios o la tendencia a producir y comercializar semilla de calidad, pero aquellos que cuentan con ellos podrían mejorar sus medios de subsistencia. “Esperamos que la semilla llegue a agricultores que desean obtener semilla de calidad pero no pueden comprarla de empresas que operan con altos costos”, comenta Mugo.

Los colegas en Kenya incluyen al KARI; ONG como Servicios Católicos de Ayuda (CRS) por conducto de la diócesis católica de Homabay, el Programa para el Desarrollo Sustentable Orientado a la Comunidad (SCODP) y CARE-Kenya; muchas empresas de semilla (Faida Seeds, Lagrotech, Western Seed Company, Kenya Seed Company, Pioneer y Monsanto); y escuelas de las aldeas. En Uganda, el proyecto ha sido puesto en marcha por conducto de la NARO, ONG (IDEA, UNFA), Pannar Seed Co., FICA, Faida Seed y Western Seed, entre otros organismos.


* “Strengthening Maize Seed Supply Systems for Small-Scale Farmers in Western Kenya and Uganda.”

 

Si desea mayor información, diríjase a:
Stephen Mugo (s.mugo@cgiar.org)

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August, 2004