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Los agrónomos la clasifican como hierba parásita Striga hermonthica. Los economistas informan que provoca pérdidas de rendimiento que van de 20 a 80% y que, en África al sur del Sahara, la pérdida de la productividad asciende a mil millones de dólares para más de 100 millones de personas, en su mayoría pequeños agricultores o agricultores de autoconsumo. Los productores de maíz del oeste de Kenya simple y desdeñosamente la maldicen como “hierba bruja”. Una cosa en la que todos están de acuerdo es que este flagelo, que muestra una notable resistencia a los métodos tradicionales de control, está creciendo, tanto en la superficie afectada como en la intensidad de la infestación. El Centro de Biotecnología Aplicada (ABC) del CIMMYT, junto con el Departamento de Ciencias Zoológicas y Botánicas de la Universidad de Sheffield, buscan soluciones. Patrocinados por la Fundación Rockefeller, científicos de las dos instituciones investigan fuentes no tradicionales de resistencia a Striga. Sarah Hearne, genetista molecular y fisióloga, encabeza las actividades del CIMMYT. Desde 1999, dice Hearne, el CIMMYT ha examinado accesiones de Tripsacum y teosintle (parientes silvestres del maíz) para detectar resistencia a Striga. Los exámenes revelaron que el tetraploide apomíctico Tripsacum es muy resistente. Los resultados obtenidos con el teosintle no fueron tan alentadores, si bien tres accesiones mostraron cierto potencial. Jane Ininda, del Instituto de Investigación Agrícola de Kenya (KARI), examinará más adelante muchas más accesiones de teosintle, que representan la gama completa de diversidad. Los híbridos de maíz-Tripsacum,
generados por el proyecto sobre la apomixis del CIMMYT y el Instituto de
Investigación para el Desarrollo (IRD), también han despertado gran interés (véase
see "Apomixis: Why Is It
Taking So Long?). Estas plantas tienen diversas combinaciones de cromosomas de maíz y
Tripsacum. Hearne comenzó a examinar estos híbridos a comienzos de 2002 y a la
fecha se cultivan 60, que han sido infectados con Striga en cámaras para
observar las raíces y evaluar la resistencia y observar la forma que adopta.
Una vez que se hayan identificado líneas resistentes, dice Hearne, podremos
determinar los cromosomas responsables de la resistencia a Striga, comparando
los niveles de resistencia en las líneas y los cromosomas que se sabe que la
contienen. “Si la característica está localizada en muchos cromosomas, va a
ser muy difícil introducirla recurriendo al mejoramiento tradicional;
probablemente no se logrará. Pero, si está localizada en un solo cromosoma,
tal vez podamos trasladar al maíz el gen o genes que controlan la resistencia”,
comenta. Hearne también trata de identificar
la base de la resistencia a Striga en Tripsacum comparando las diferencias en la
expresión génica y proteínica entre el Tripsacum resistente y el maíz
sensible. La investigación sobre las proteínas se efectúa en colaboración
con Christophe Brugidou, del IRD. Si los investigadores identifican gen o genes
candidatos responsables de la resistencia, tal vez se pueda introducir la
resistencia en el maíz usando un método transgénico. Por último,
Hearne está evaluando el empleo de los genes identificados por
Mutator, un elemento transferible que se introduce en los genes que
controlan las funciones de la planta y los desactiva. “Por ejemplo,
si usted tiene un gen de pigmentación roja en el grano y se le
introdujera Mutator, el gen perdería esa pigmentación. Estamos
aplicando ese mismo principio en la búsqueda de resistencia a Striga,
ya que puede existir un gen regulador que impida al maíz activar
defensas contra la mala hierba”. Durante 1998-1999, se examinaron alrededor de 8,000 líneas de maíz identificadas con Mutator en condiciones experimentales controladas. Unas 80 mostraron cierto grado de resistencia. Desde entonces, ese grupo se ha reducido a unas 20 entradas, dice Hearne. Una de ellas parece particularmente promisoria. Una vez que esté caracterizado el gen, los investigadores intentarán cruzarlo con material adaptado y verificar su comportamiento. Si bien pasarán algunos años antes de que estos resultados lleguen a los campos de los agricultores, Hearne es optimista y piensa que los nuevos conocimientos acerca de las respuestas de las plantas a Striga y algunos productos de la investigación proporcionarán resistencia perdurable a la hierba parásita y alivio a muchas generaciones de agricultores africanos.
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