Por qué importa la semilla: Aumenta el hambre
en lugares donde se siembran híbridos

En el sur de África, muchos agricultores siembran maíz híbrido. ¿Por qué padecen entonces más hambre que nunca?

En el sur de África, la decreciente fertilidad del suelo, los riesgos climáticos como la sequía y la falta de estiércol o fertilizantes químicos, han ocasionado que los híbridos productivos en el pasado se siembren ahora en ambientes extremadamente rigurosos. La mayoría de los agricultores guardan semilla de sus cosechas para la siembra del año siguiente, a pesar de que obtendrán rendimientos más bajos.

A partir de la segunda generación, el maíz híbrido se convierte en una mezcla genética. Después de varios ciclos, su rendimiento suele ser inferior al de una buena variedad de polinización libre (OPV). Una variedad de este tipo puede representar una mejor inversión que un híbrido, aun de primera generación, en ambientes inhóspitos donde los rendimientos promedio son de 1.5 toneladas por hectárea o menos, como suele suceder en las pequeñas fincas del sur de África. Los agricultores que siembran semilla de OPV de una cosecha anterior pierden menos cosecha que con los híbridos.

Los agricultores han solicitado variedades más apropiadas y, en respuesta, los organismos gubernamentales y las OSC han promovido las OPV. Entretanto, los fitomejoradores han encontrado una forma de desarrollar variedades más resistentes. Este maíz nuevo “tolerante a los factores desfavorables” tiene buen rendimiento en los años con buena precipitación pluvial, pero también produce grano suficiente para satisfacer las necesidades familiares en los años de sequía. Además, no utiliza más agua ni nutrimentos del suelo que las otras variedades.

La rudeza del manejo
genera razas resistentes

Anteriormente, los mejoradores de maíz seleccionaban las variedades basándose principalmente en su comportamiento en ambientes óptimos, con cantidades adecuadas de agua y más que suficientes de fertilizante. Ahora también cultivan sus variedades experimentales en condiciones controladas de sequía y en suelos improductivos con el fin de identificar plantas con excelente comportamiento y rendimiento en cualquier lugar y temporada.

En 1996, el Proyecto para Combatir la Sequía y la Escasa Fertilidad del Suelo en el Sur de África (SADLF) trajo el método de “mejoramiento en condiciones desfavorables” a la región y ayudó a que lo usaran cientos de científicos y técnicos. (El SADLF, un esfuerzo conjunto del CIMMYT y los programas nacionales de investigación agrícola, es patrocinado por la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación y la Fundación Rockefeller.) Las OPV tolerantes a los factores desfavorables obtenidas mediante el proyecto fueron lanzadas en Malawi, Mozambique, Sudáfrica, Tanzania y Zimbabwe y se siembran también en Angola y Zambia.

En ensayos realizados desde Etiopía a Sudáfrica, una OPV producto de esta labor (ZM521) produjo en promedio 34% más grano que las variedades mejoradas conocidas. Una nueva generación del maíz SADLF produce 15% más que ZM521 o sus variedades hermanas. Actualmente se cultivan variedades SADLF en más de 100,000 hectáreas en toda la región y está aumentando su cobertura.

Se necesita
algo más que semilla


La semilla de maíz útil que permanece en la estantería de un investigador es de poca utilidad para la humanidad. “Para verificar el comportamiento de las mejores variedades en las condiciones de los agricultores y ponerla a su disposición cuanto antes, ideamos un método de bajo costo con la participación de los agricultores, conocido como ensayos “madre-bebés”, dice Mick Mwala, catedrático de la Universidad de Zambia e investigador asociado del CIMMYT. Mwala ha ayudado a sus colegas a poner en práctica los ensayos desde 2000 (ver "Producing the Seeds of Change in Nepal --One Community at a Time").

“El CIMMYT ha promovido el establecimiento de los ensayos en toda la región”, dice Mwala. “Estamos hablando de 150 ensayos madre en toda la región y más de 800 ensayos bebés”.

Karsto Kwazira y Xavier Mhike, de AGRITEX, coordinan los ensayos madre-bebés en Zimbabwe. “En nuestra propia unidad de coordinación hay representantes de varias OSC, de organismos de extensión y representantes regionales para la aplicación local”, dice Mhike. “Esta es la primera vez que se comparte información de este tipo entre los programas nacionales, los ministerios de agricultura, OSC y empresas privadas. Anteriormente, cada uno trabajaba en forma aislada. Ahora hay una complementación, con una mayor conciencia de las necesidades de los agricultores”.

¿Cómo funcionan los ensayos madre-bebés?

En los ensayos madre-bebés participan los agricultores para ensayar y evaluar variedades en las condiciones de los campos. Los ensayos son manejados por investigadores y agricultores. En el ensayo madre se pueden sembrar hasta 12 variedades aplicando distintos tratamientos diseñados por los investigadores. Se sitúa el ensayo madre cerca de la comunidad y es manejado por escuelas, universidades, OSC u organismos de extensión. Los bebés son subconjuntos satélites de la madre, constituidos por cuatro o seis variedades sembradas en los campos de los agricultores participantes, que se encargan de su manejo.

Los investigadores y los agricultores evalúan los ensayos y se reúnen, analizan y distribuyen los datos entre múltiples actores. Por ejemplo, algunos de los ensayos tienen que ver con proyectos comunitarios de producción de semilla, en otros se proporciona retroalimentación de información sobre variedades a las empresas productoras de semillas, pero los resultados y la semilla de todos los ensayos se comparten con las organizaciones colaboradoras.

Actualmente se siembran ensayos en todo el este y sur de África.

 

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Febrero, 2004