El CIMMYT no tiene poder para invocar la lluvia o alterar las fuerzas macroeconómicas que están destruyendo a las naciones africanas, pero su personal moviliza la colaboración, conocimientos y otros recursos para restablecer el futuro de las familias campesinas a pesar de la hambruna y los campos agotados.
Agness Pungulani, una madre soltera de la aldea de Mbingwa, situada a unos 100 kilómetros al noroeste de Lilongwe, la capital de Malawi, no puede producir suficiente en su media hectárea de tierras de labranza para alimentarse a sí misma y a sus hijos. “Mis hijos no son sanos”, dice. “Nuestros problemas son la falta de alimentos, fertilizantes y fuentes de ingresos”. Trabaja como asalariada en los campos cuando puede encontrar trabajo, pero tiene que desyerbar el equivalente de un surco de 140 metros, por ejemplo, para adquirir un solo kilogramo de maíz al precio normal en el mercado, de 10 kwachas (alrededor de US$ 0.11). Durante el período de hambruna de 2002, en los mercados no había grano, los mercaderes locales vendían el maíz a 25 kwachas o más el kilo y casi no había trabajo en el campo. Cuando se agotaron las existencias de alimentos, Pungulani y muchas otras personas recogían forraje, bebían té preparado con hojas de ocra silvestre a la hora de la cena y molían raíces de bananos para obtener una harina gruesa semejante a su alimento de maíz preferido, el nesima. El jefe de una familia vecina, a la cual también le iba mal, comenta: “Esta harina tiene un sabor agrio, pero la comemos porque no tenemos otra cosa”.
Normalmente el período de hambruna llega en enero o febrero en esta parte de Malawi, pero últimamente las familias se han quedado sin grano ya en septiembre y tienen que sobrevivir hasta las cosechas de marzo. World Vision y otras OSC distribuyen alimentos a los aldeanos que los necesitan, como Pungulani, pero otros no se han salvado de la hambruna. Últimamente ha habido más hambrunas de similar intensidad en Zimbabwe y es probable que empeoren antes de que concluya el 2003. Toda una generación de niños sufre los efectos físicos y sociales debilitantes del hambre crónica. De ahora en adelante, ¿padecerán hambre permanente? La mayoría de los habitantes de la región viven en zonas rurales, trabajan la tierra como medio de subsistencia y, cuando pueden obtenerlo, consumen grandes cantidades de maíz. Los suelos improductivos, la sequía, los conflictos, la malnutrición y las enfermedades —en particular el paludismo y el VIH/SIDA— son penurias cotidianas. Sin embargo, de todos sus problemas el más importante es la falta de fertilizante para los suelos agotados. “En Zimbabwe, por ejemplo, las personas solían aplicar mucho fertilizante y estiércol, pero han sufrido muchas sequías y han perdido su ganado”, dice Shephard Siziba, investigador asociado del CIMMYT y economista de la Universidad de Zimbabwe. Ha entrevistado a agricultores de Malawi, Mozambique, Zambia y Zimbabwe para conocer los aspectos económicos de los problemas de la fertilidad del suelo. “Se han eliminado los subsidios. Los comerciantes pagan lo menos que pueden por las cosechas y venden el grano a precios muy altos durante el período de hambruna. Los agricultores no pueden comprar fertilizantes. Los suelos se están volviendo más ácidos y menos fértiles. Lo que en realidad necesitan los agricultores es ayuda para incrementar la capacidad productiva de sus magros suelos y recursos hídricos”. Siziba, sus colegas del CIMMYT y los asociados antes mencionados ayudan a los agricultores a encontrar nuevas formas de cuidar y obtener más de sus suelos mediante una organización conocida como Red para la Fertilidad del Suelo. La red promueve la comunicación y el trabajo en común de cientos de investigadores e instituciones —ministerios de agricultura, organismos de extensión, universidades— en el ámbito nacional e internacional. “La Red para la Fertilidad del Suelo contribuye a evitar la duplicación de esfuerzos y mantiene la atención en los problemas de la vida real de los pequeños agricultores”, dice Stephen Waddington, coordinador de la red y agrónomo regional del CIMMYT. “Todos participan: edafólogos y agrónomos, extensionistas, OSC, antropólogos, economistas y los encargados de formular las políticas”. La Red para la Fertilización del Suelo también forma parte de un proyecto complementario cuyo propósito es ayudar a los pequeños agricultores a hacer frente a los riesgos agrícolas (véase “Risk Management in Maize Systems."). Entre los logros de la Red para la Fertilidad del Suelo se cuentan las opciones de mejorar la fertilidad del suelo, los aportes técnicos para la toma de decisiones sobre políticas, las recomendaciones para hacer un uso más eficiente de los fertilizantes, la capacitación para los comerciantes en el uso de insumos y el apoyo a miles de pequeños agricultores para que ensayen y adopten prácticas nuevas que de otro modo quizás nunca hubieran probado. Los habitantes del área comunal de Chihota tienen la fortuna de vivir a sólo unos 50 u 80 kilómetros de Harare, la capital de Zimbabwe. Venden en los mercados de Harare tomates, cebollas, chícharos, verduras y otros productos, que cultivan en parcelas muy cuidadas y fertilizadas llamadas “dambo” o “viei”, por lo general situadas junto a los ríos. En contraste, en sus parcelas de las tierras altas ácidas y arenosas siembran una serie de híbridos de maíz, con los cuales obtienen rendimientos muy bajos. En 1999, con el apoyo de la Red para la Fertilidad del Suelo, extensionistas de la Agencia de Investigación Agrícola y Extensión de Zimbabwe (AGRITEX) ayudaron a cientos de agricultores a ensayar la práctica de encalado —un tratamiento químico que reduce la acidez del suelo— y abonos verdes y rotaciones de diversos cultivos en los campos de maíz.
Varios centenares de agricultores locales han adoptado las prácticas mejoradas de manejo del suelo y muchos continúan experimentando con ellas. Mary Munemo sembró maíz durante tres ciclos en un campo al cual había aplicado cal en 1999 y observó un gran aumento del rendimiento. “Es difícil y costoso conseguir cal y a veces la que se consigue no alcanzan para todos”, dice Munemo, pero ahora ella y sus compañeros han comenzado a formar un fondo común para comprar insumos a granel.Venancio Gotami, un supervisor de AGRITEX que ha trabajado en el distrito desde 1989, dice que la Red para la Fertilidad del Suelo faculta a los agricultores para ensayar prácticas más avanzadas que requieren que los agricultores adquieran ciertos conocimientos. “Hasta ha aumentado el valor de la tierra”, dice Gotami, “porque los agricultores descubren los beneficios de producir maíz utilizando las nuevas prácticas”. En Mozambique, la Red para la Fertilidad del Suelo ayuda al recién establecido programa nacional de investigación de maíz a llevar a cabo un extenso proyecto de ensayos en fincas con cultivos intercalados de maíz y leguminosas de grano y rotaciones de maíz y yuca, ya que estas prácticas conservan la fertilidad del suelo y ayudan a producir alimentos. Los agricultores del sur de África tendrán que emplear múltiples estrategias si desean aumentar sus recursos en el futuro. "Aun si se utilizan prácticas de manejo de la fertilidad, el cultivo de maíz en el sur de África es básicamente una actividad extractiva”, dice Waddington.
“En Zimbabwe, donde los campesinos siembran 80% de sus tierras con maíz, no hay nada que comer cuando se malogra la cosecha.” La agricultura de conservación es también una opción promisoria, ya que incluye prácticas que reducen la labranza y reciclan los residuos de los cultivos para ahorrar mano de obra, enriquecer el suelo y capturar y retener la humedad. En mayo de 2003, representantes del CIMMYT, Malawi, Tanzanía, Zambia, Zimbabwe, la Red Africana para la Labranza de Conservación, la Universidad de Hohenheim, la Unidad Regional de Manejo de la Tierra con sede en Kenia, el Organismo Alemán de Cooperación Técnica (GTZ) y la organización Sasakawa Mundial 2000 se reunieron para elaborar un proyecto de agricultura de conservación destinado al este y el sur de África. En junio, miembros de la Red para la Fertilidad del Suelo y representantes del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), el Centro Mundial de Silvicultura y del Centro Internacional para la Investigación en Zonas Tropicales Semiáridas (ICRISAT) se reunieron con John Lynam, director adjunto del Programa de Seguridad Alimentaria de la Fundación Rockefeller, cuya responsabilidad específica es la conservación de la fertilidad del suelo. Un resultado importante fue la decisión de formar un consorcio para la investigación y el desarrollo de la fertilidad del suelo con el fin de incrementar la seguridad alimentaria en el sur de África. “La idea es aumentar la participación atrayendo más recursos para atender estos problemas importantes y coordinar y concentrar los esfuerzos de todos,” dice Waddington.
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