¿Podrá la investigación dilucidar las causas de contaminación en la cadena alimentaria y contrarrestar la “intoxicación masiva más grande en la historia”? Hashem Mondal no se había estado sintiendo bien. Trabaja arrastrando un rickshaw en una zona rural de Bangladesh y notó que, en los días soleados, se cansaba con facilidad y sentía picazón en la piel. Eso comenzó hace alrededor de un año y medio. Poco después, su piel se volvió moteada con manchas de color café oscuro y aparecieron lesiones ulcerosas en las palmas de sus manos y las plantas de sus pies. Fue más que una molestia. Quien arrastra un rickshaw se gana la vida (US$ 2 en un buen día) gracias a sus pies y sus manos. Sin saberlo, Mondal se había sumado a las decenas de millones de habitantes de Bangladesh que son víctimas del arsenismo —la intoxicación por arsénico— en lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha llamado la “intoxicación masiva más grande en la historia”. En un suceso conmovedor y grotesco, esta amenaza para la salud surgió de un esfuerzo humanitario en los años 70 por llevar agua potable a los habitantes de Bangladesh y combatir enfermedades letales transmitidas por el agua, como la fiebre tifoidea, la disentería y la diarrea. Se perforaron miles de pozos entubados en todo el país. La incidencia de las enfermedades transmitidas por el agua disminuyó de manera notable. Pero lo que no estaba previsto era que los acuíferos poco profundos del país se contaminarían cada vez más con arsénico. El arsénico formaba parte del limo depositado en toda la cuenca de las tierras bajas de Bangladeh y Bengala Occidental a medida que se erosionaban los Himalayas. Cuando se extrajeron grandes cantidades de agua para riego en el invierno, el arsénico fue liberado en el agua para beber y para la agricultura. La máxima concentración de arsénico en el agua considerada inocua por la OMS es de 10 partes por cada mil millones (ppmm): el umbral oficial en Bangladesh es de 50 ppmm en el agua potable. En las zonas rurales de Bangladesh, el agua bombeada de muchos pozos contiene concentraciones de arsénico que superan las 500 ppmm. En el pozo de donde Mondal extraía agua se comprobó una concentración de 400 ppmm y sus primeros síntomas de arsenismo son típicos. La exposición más prolongada a menudo provoca cáncer. Se estima que el arsénico presente en el agua potable causará hasta 270,000 defunciones por cáncer en Bangladesh en los próximos años. También puede haber efectos relacionados con la diabetes, enfermedades cardiovasculares y la reproducción. La gente sin recursos no puede comprar agua embotellada, carne, ni siquiera lentejas, que podrían contrarrestar los efectos de la toxina.
No sorprende entonces que el arsénico se haya convertido en una gran prioridad para el gobierno y las organizaciones de asistencia. Hasta hace poco, la investigación y las medidas correctoras se enfocaron casi exclusivamente en el agua potable; pero los vínculos entre el arsénico y la actividad agrícola, específicamente las tierras y los cultivos bajo riego, casi no se habían estudiado. “El arsénico en el agua de riego representa una posible amenaza para los suelos y los cultivos, la cadena alimentaria en general y, por consiguiente, la salud humana”, dice el agrónomo del CIMMYT Craig Meisner. “En promedio, un adulto en Bangladesh bebe alrededor de 4 a 5 litros de agua al día y consume unos 450 gramos de arroz. Suponiendo que haya 200 ppmm de arsénico en el agua para beber y unos 0.5 miligramos por kilogramo en el grano de arroz, la ingesta diaria total de arsénico sería de aproximadamente 1.2 miligramos, lo cual tal vez sea peligroso”. El problema relacionado con la cadena alimentaria y la salud del hombre es multifacético (véase la figura). El científico afiliado del CIMMYT G. M. Panaullah señala: “Hay interrogantes acerca de cuánto arsénico realmente es absorbido por la planta y, luego, cuánto de este último arsénico llega al grano y la paja en diversas condiciones y sistemas agronómicos. Entonces, ¿el arsénico representa en realidad un riesgo para la salud y, si es así, en qué concentraciones y en qué condiciones? Consideremos también que la paja se utiliza para alimentar a los animales y como combustible. ¿Serán afectadas las personas al beber la leche o comer la carne de esos animales? ¿Resultará nocivo el humo de un fuego alimentado con la paja?” Se requieren mucha más información y conocimientos. “En este punto”, dice Panaullah, “no queremos alarmar a la gente con situaciones que, en última instancia, tal vez no sean peligrosas. Por otra parte, es indispensable que determinemos lo que está sucediendo en los campos y la cadena alimentaria y comencemos a formular respuestas”. El CIMMYT, en colaboración con el Instituto de Investigación Agrícola de Bangladesh (BARI), el Instituto de Investigación sobre el Arroz de Bangladesh (BRRI), el Instituto de Agricultura Nuclear de Bangladesh (BINA), la Universidad Agrícola de Bangladesh y las universidades de Cornell y Texas A&M, abordan estos problemas mediante un proyecto patrocinado por la USAID. El proyecto evaluará la contaminación por arsénico del agua de riego y los suelos, estudiará los efectos del arsénico sobre el rendimiento de los cultivos y la composición y calidad del grano y la paja, y creará tecnologías que aminoren el problema y fomenten una agricultura y alimentos sanos. Para lograr esto, el proyecto proporcionó un riguroso adiestramiento a científicos y técnicos de Bangladesh en las universidades estadounidenses. El proyecto también auspicia programas de doctorado para cuatro estudiantes de Bangladeh. Durante 2002 y comienzos de 2003, se efectuó una evaluación preliminar en 450 sitios con pozos entubados poco profundos de cinco zonas representativas del este, el centro y el oeste de Bangladesh. Se recolectaron muestras de agua de riego, de suelo y de grano y de paja en todos los sitios, que fueron analizadas por el recién capacitado equipo de Bangladesh, y los resultados fueron validados en los laboratorios de las universidades estadounidenses. La finca de Yusuf Alí Sarker en Faridpur era típica de los sitios investigados. El agricultor trabaja con funcionarios del Departamento de Extensión Agrícola y científicos del BINA con el fin de definir regímenes de muestreo para efectuar pruebas con muestras del agua de riego a distintas distancias del pozo, extraer muestras del suelo en distintos sitios del campo y recolectar grano y paja a diferentes distancias del pozo y de diversas variedades de arroz. El equipo del proyecto periódicamente visita el sitio y supervisa la recolección de datos. Alí Sarker tiene poca o ninguna educación escolar, pero comprende perfectamente la magnitud de la situación. “Cuando el gobierno comenzó a colocar las tuberías hace cinco o seis años, me di cuenta del problema”, dice. “El pozo de donde saco agua para beber sabía a rojo [la designación usada para un pozo peligroso], tenía 181 ppb o 18 veces más que el límite considerado aceptable por la OMS, pero, ¿qué puedo hacer? Soy pobre y nadie puede vivir sin agua. Así que trabajo con los científicos y los agentes de extensión para ver qué podemos hacer. Pero ante todo, estamos agradecidos porque alguien trata de ayudar”.
El proyecto ya ha hecho descubrimientos útiles y ha confirmado que la forma en que pasa el agua del suelo a los cultivos y a los alimentos es compleja. Los análisis de los granos y la paja del arroz revelaron concentraciones insólitamente elevadas de arsénico en el grano (0.8-1.0 mg/kg) en algunos sitios, pero en general fueron de 0.2-0.4 mg/kg. Panaullah dice se observó que en general las concentraciones de arsénico eran del orden de 1:10:100 en el grano:paja:raíz. Especialmente en la investigación de sistemas agrícolas se encontró que, en algunos suelos, el arroz cultivado en condiciones anaeróbicas tenía concentraciones de arsénico 10-10 veces más altas que las encontradas en el trigo, que se produce en condiciones aeróbicas. Se cree que se descubrirán relaciones similares entre el arroz y otros cultivos, como el maíz y las papas. Las concentraciones de arsénico en el agua y el suelo no siempre están bien correlacionadas entre sí e individualmente no siempre están relacionadas con concentraciones elevadas de arsénico en las plantas. Las concentraciones altas y bajas de arsénico en el agua de riego y el suelo sistemáticamente dan como resultado plantas con concentraciones de arsénico altas y bajas, respectivamente. No obstante, los científicos informan que “hay una gran zona intermedia donde se vuelve confuso el panorama”. La mineralogía, la textura del suelo o factores vinculados con el riego como la velocidad del flujo y la distancia del pozo tal vez tengan algo que ver. Éstas son algunas de las posibilidades examinadas en las fincas de Alí Sarker y otros agricultores. Después de la recolección y el análisis de los datos, comenta Meisner, se hará una evaluación de los riesgos. “Los resultados de la evaluación permitirán a los agricultores saber cuáles serán los efectos cuando un pozo contenga cierta concentración de arsénico y su cultivo se encuentre a cierta distancia del pozo”. Según las conclusiones de la investigación, la sustitución del arroz boro (arroz de invierno irrigado) por maíz, trigo u otros cultivos, o la aceleración de la adopción de tecnologías que conservan el agua, como la labranza cero o la siembra en camas, podrían ser una respuesta importante al problema. Aun en esta fase preliminar, Panaullah, Meisner y el equipo del proyecto creen que pueden lograr un efecto positivo para la salud y los medios de subsistencia de los habitantes de Bangladesh. En un encuentro casual, integrantes del proyecto identificaron la enfermedad del hombre que arrastraba el rickshaw, lo enviaron a un médico y le han dado seguimiento al tratamiento desde entonces. Está recuperando sus fuerzas y están desapareciendo las lesiones dolorosas. “Es gratificante ver que está mejorando”, comenta Panaullah. “Imagínense si pudiéramos hacer lo mismo por millones de personas”.
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