Las historias no narradas de la vida de los habitantes de las zonas rurales: Cómo hacen más eficiente la investigación los métodos antropológicos

Lone Badstue camina a lo largo de los surcos dejando caer semillas de maíz más o menos cada 90 centímetros y las tapa con tierra que arrastra con el pie. Un paso, un paso, arrastre, un paso, un paso, arrastre. Muy cerca, la otra mitad del equipo de investigación, Alejandro Ramírez López, camina junto a Don Leonardo, cuyo campo siembran hoy, conversando con él acerca de su cultivo de maíz. ¿Cómo determina usted qué maíz sembrar y dónde? ¿Cómo selecciona esta semilla? ¿Qué otros cultivos ha sembrado este año?

Don Leonardo está arando los últimos surcos de este campo. Dirige el arado tirado por bueyes como si fuera un timón, socavando líneas rectas a todo lo largo del campo. El suelo está endurecido después de meses de lluvias insólitamente intensas en esta parte de Oaxaca, México. La hija de Don Leonardo, Dionisia, deja caer frijoles en el surco próximo a Badstue y bromea acerca de la técnica no muy perfecta de siembra de la investigadora.

Badstue, que es antropóloga, pasa mucho tiempo con los agricultores y sus familias para saber cómo sus prácticas de producción de maíz y de manejo de la semilla influyen en la diversidad genética de las variedades locales de maíz.

“Por supuesto, me hacen muchas preguntas también, desde cómo proteger su semilla de las plagas a cuáles son las prácticas agrícolas en Dinamarca, mi país natal”,

dice. Este mismo deseo de obtener información inspira la experimentación de los agricultores con razas indígenas, lo cual es una razón para el alto grado de diversidad genética presente en su maíz.

Hacer frente al cambio

“Parte de mi labor es investigar las estrategias de los pequeños agricultores para hacer frente al cambio”, explica Badstue. “No se cultiva maíz en el vacío. En estas familias, la producción de maíz influye en todas las demás actividades y es afectada por éstas.

 

 

 

 

 

 

 

Lo vemos como un producto de procesos sociales que se modifican a medida que cambia el contexto socioeconómico y cultural”

Cuando se conserva o se pierde la diversidad del maíz, ese resultado es consecuencia de decisiones y factores complejos.

Para comprender cómo las personas adaptan sus necesidades, preferencias y valores a los cambios económicos, políticos y sociales, Badstue usa un “enfoque orientado a los actores”, que reconoce la capacidad del individuo de procesar experiencias y determinar cómo responder a nuevas amenazas y oportunidades.

Al elegir cómo responder, estos “actores sociales” no se someten pasivamente a los cambios impuestos desde el exterior. Influyen en los resultados del cambio, en parte haciendo ajustes a sus métodos de producción agrícola.

Una perspectiva más amplia

Investigadores como Badstue tratan de que el CIMMYT y la comunidad internacional de desarrollo conozcan las prioridades de los pequeños agricultores y las complejas realidades de sus vidas, de tal modo que ese conocimiento se incorpore en los programas, los productos y las técnicas destinados a ayudarlos. “Esta perspectiva es importante si se quiere que organizaciones como el CIMMYT verdaderamente trabajen con las personas en el desarrollo de métodos sostenibles para hacer frente a los abrumadores cambios que se producen en el sector agrícola”, dice Badstue.

“La gente a veces piensa que esta clase de investigación es demasiado específica y localizada para generar resultados aplicables en otros lugares”, continúa. “No obstante, si nos permite trabajar con la gente de Oaxaca para conservar la diversidad de sus variedades tradicionales de maíz, probablemente lograremos repercusiones de importancia mundial”

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Febrero, 2004