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Productividad y resiliencia: ¿Podemos tener ambas?

November 12, 2014

Frédéric Baudron

Jean-Yves Duriaux, del Grupo de Ecología de los Sistemas de Producción de Wageningen, estima la cantidad de rastrojo de maíz que utiliza una familia en el sur de Etiopía para alimentar a su ganado y como combustible.  Foto: Fredérick Baudron

Jean-Yves Duriaux, del Grupo de Ecología de los Sistemas de Producción de Wageningen, estima la cantidad de rastrojo de maíz que utiliza una familia en el sur de Etiopía para alimentar a su ganado y como combustible.
Foto: Fredérick Baudron

Los mejoradores saben que cuando aumenta la productividad disminuye la resiliencia de las plantas. Se suelen observar procesos similares a nivel de finca —es decir, que cuando se intensifican los sistemas agrícolas, generalmente hay pérdida de resiliencia. Lograr un equilibrio es un gran reto de la intensificación sustentable.

El Análisis Ecológico de Redes es un método que evalúa las funciones de las redes de alimentación (resiliencia, dependencia de recursos importados del ámbito externo, etc.) basándose en la arquitectura de estos sitios. Los sistemas de producción agrícola pueden ser conceptualizados como redes de energía que fluye entre los cultivos alimentarios, los árboles, el ganado, el suelo, las familias campesinas y el ámbito externo (tierra común, otras parcelas y el mercado, por ejemplo).

A fin de tener una mejor idea de cómo aumentar la productividad en las parcelas de los pequeños agricultores con el menor impacto negativo posible en su resiliencia, CIMMYT-Etiopía, en coordinación con el Grupo de Ecología de los Sistemas de Producción de la Universidad de Wageningen, adaptó el método de Análisis Ecológico de Redes en el sur de Etiopía. Para propósitos del estudio se seleccionaron diversas fincas en tres paisajes: uno en el que predominan los cultivos anuales (principalmente maíz y frijol); otro en el que predominan las plantas perennes (ensete, café, khat y árboles nativos y plantados); y un paisaje intermedio. Los flujos de biomasa (alimento humano, alimento animal, combustible, estiércol, etc.), mano de obra y animales de tiro en cada una de las fincas se estimaron haciendo entrevistas y mediciones directas.

Los datos se están analizando, pero los resultados preliminares indican que la dependencia de energía externa (biomasa importada para alimentar al ganado y utilizarla como combustible, mano de obra) disminuye y la resiliencia aumenta a medida que aumenta la diversidad de los flujos internos de energía. Por tanto, una meta importante de la intensificación sustentable debería ser la de mantener una gran diversidad de flujos de energía en los sistemas de producción.

¿Cómo podemos lograr esto? Como es lógico, el estudio reveló que la diversificación es la estrategia clave, ya que el número de flujos entre los componentes internos de los sistemas de producción aumenta a medida que aumenta el número de componentes. Se descubrió asimismo que la integración de la agricultura y la ganadería es también una estrategia para reciclar energía; forrajes y productos no alimentarios (rastrojos y árboles, por ejemplo) y generar productos como leche, carne, estiércol y tracción animal. Estos descubrimientos aportan una nueva dimensión al actual debate en torno a la competencia entre el suelo y el ganado por la biomasa en los sistemas donde se utilizan las prácticas de la agricultura de conservación en África.

Otro hallazgo, que fue fortuito, es que el maíz podría promover la resiliencia y la autosuficiencia de energía por la diversidad de los flujos que sus diversos usos genera: el grano como alimento y fuente de ingresos; y el rastrojo como alimento, combustible y mantillo.