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Científicos proponen formar una alianza global para asegurar el abastecimiento de alimentos en “Science”

July 28, 2017

El Batán, Estado de México, 27 de julio de 2017- En un momento en que los patrones climáticos son menos predecibles y la presión poblacional sobre la oferta de alimentos está aumentando, un grupo de científicos especializados en cultivos está sentando las bases de una red internacional para enfrentar los retos a la seguridad alimentaria mundial en forma sistemática.

La investigación enfocada en cultivos específicos logra avances genéticos progresivos, pero los científicos necesitan adoptar un enfoque más integrado y de mayor orientación internacional para aprovechar la tecnología, los conocimientos y la infraestructura con mayor eficiencia y propósito, dijo Matthew Reynolds, científico distinguido y mejorador de trigo del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) en un artículo publicado esta semana en la revista Science.

Hoy día, existen 795 millones de personas de escasos recursos que no tienen suficiente que comer, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En 2030, el número de personas pobres podría incrementar entre 35 y 122 millones, en buena medida por el impacto del cambio climático en el sector agrícola, advierte la FAO.

“Sabemos cómo hacer que los cultivos sean más resilientes al calor y la sequía, pero estamos en un punto en el que necesitamos acelerar nuestro trabajo”, afirma Reynolds con el respaldo de un equipo de coautores de la comunidad científica. “Dado que la naturaleza de estos problemas es trasnacional, una red más global podría acelerar nuestros esfuerzos y, al mismo tiempo, incrementar la eficiencia y evitar la duplicación de esfuerzos.”

Los científicos planean desplegar la nueva Red Mundial de Mejoramiento de Cultivos (GCIN, siglas en inglés) para emplear enfoques comparativos en todos los principales cultivos y medios ambientes a fin de mejorar rasgos fisiológicos como el acceso de las raíces al agua utilizando la teledetección, método que frecuentemente requiere la utilización de costosa tecnología móvil, aérea o satelital.

Mediante exitosas colaboraciones específicamente en trigo, desde principios de la década de los sesenta, la Red Internacional de Mejoramiento de Trigo (IWIN), que forma parte del grupo de investigadores agrícolas afiliados al CGIAR, ha logrado significativos avances en la fitogenética que son inocuos para el medio ambiente y económicamente eficientes y que sirven como formato para el éxito proyectado de la GCIN.

Los científicos de la IWIN realizan esfuerzos de mejoramiento dirigidos a 12 megaambientes diferentes de trigo y evalúan nuevos genotipos de trigo en 700 sitios de prueba en más de 90 países. Cada año producen alrededor de 1,000 líneas de trigo de alto rendimiento y resistentes a enfermedades, que se distribuyen como bienes públicos internacionales.

Un estudio reciente sobre el mejoramiento de trigo indica que, a través de IWIN, las variedades del CGIAR cubren aproximadamente la mitad del área de cultivo de trigo del mundo, lo que genera una derrama económica de $2,200 millones a más de $3,000 millones de dólares anuales a consumidores y productores de escasos recursos.

“La relación beneficio:costo de la inversión es de 100 a 1, sin considerar los costos que se evitan en materia de pandemias y el terreno protegido de la actividad agrícola gracias al incremento de los rendimientos; el análisis económico indica que al menos 20 millones de hectáreas de ecosistemas naturales se han salvado del arado”, dijo Reynolds.

“Los altos costos de transacción y la inestabilidad del financiamiento para cultivos han obstaculizado la investigación que se necesita urgentemente”, agregó. “Esto no tiene sentido en vista del extraordinario retorno que genera la inversión en IWIN y que podría ser transferido a GCIN”.

A través de una colaboración entre cultivos, los científicos internacionales pueden impulsar los beneficios del trabajo práctico que realizan con los sistemas nacionales de investigación agrícola y así mejorar el valor de las “contribuciones en especie”, declaró.

Los objetivos incluyen estandarizar los datos y las técnicas de fenotipeado para convertirlos en mejores prácticas y asegurar que la información pueda ser compartida y asimilada en todo el mundo.

Este enfoque también motivará a los investigadores de ciencias básicas a aventurarse, de trabajar exclusivamente en instalaciones controladas, a ambientes de campo reales y a llevar tecnologías de punta con ellos, dijo Reynolds.

El intercambio de datos podría llevar a descripciones más precisas de los ambientes y tratamientos experimentales. Actualmente, la información sólo está disponible en forma selectiva, pero una red la promovería a través de programas de libre acceso.

Los beneficios de la investigación integrada a través del grupo de investigadores agrícolas del CGIAR y de la FAO son bien conocidos, pero la red que se está proponiendo podría fortalecer y mejorar el intercambio de información a nivel trasnacional.

Los campos experimentales (o laboratorios de campo) que son esenciales para traducir los avances científicos en mejores rendimientos de cultivos podrían beneficiarse, en ciertos casos, de una reubicación estratégica. A menudo se encuentran en ciertas zonas debido a razones históricas, económicas o políticas y no por necesidades prácticas actuales, explicó Reynolds.

Se espera que el cambio climático produzca temperaturas más altas e incremente la intensidad de las sequías, inundaciones y tormentas, lo cual afectará negativamente los medios de vida y la seguridad alimentaria. Los modelos climáticos indican que los niveles del mar se elevarán y los patrones de inundaciones y sequías cambiarán debido al derretimiento de los glaciares en regiones altas.

Temperaturas más altas afectarán el rendimiento de los cultivos y las lluvias erráticas podrían afectar tanto el rendimiento como su calidad. Para las personas de escasos recursos que gastan la mayor parte de sus ingresos en alimentos, los aumentos de precios que esto conllevaría harían que su vida fuera mucho más difícil.

“Un esfuerzo de investigación de orientación más global para encontrar soluciones incrementará la eficiencia de la inversión global en agricultura y ayudará a fortalecer la seguridad alimentaria”, dijo Reynolds y agregó que las alianzas público–privadas podrían aprovecharse para impulsar la investigación coordinada a nivel mundial.

Puede leer en inglés el artículo de la revista científica aquí: http://science.sciencemag.org/content/357/6349/359?utm_campaign=toc_sci-mag_2017-07-27&et_rid=34810037&et_cid=1462865

Entre los autores:

  • Matthew Reynolds, Científico Distinguido, CIMMYT
  • Ren Wang, Director General Adjunto, FAO
  • Tang, Presidente de la Academia China de Ciencias Agrícolas
  • Catherine Feuillet, Directora de Investigación de Cultivos, Bayer Crop Science (que acaba de adquirir a Monsanto)
  • J. Cavalieri, Funcionario Senior de Programa (Investigación y Desarrollo Agrícola) Fundación Gates
  • Steve Visscher, Director Ejecutivo Adjunto, BBSRC
  • Philippe Ellul, Funcionario Senior de Ciencia, CGIAR
  • Mark W Rosegrant, Director de la División de Medio Ambiente y de Tecnología de Producción, IFPRI
  • Wayne Powell, ex Funcionario Senior de Ciencia, CGIAR
  • Martin Kropff, Director General, CIMMYT, y Presidente del Consejo del Sistema de Administración, CGIAR
  • Hans Braun, Director del Programa Global de Trigo de CIMMYT y del CRP Trigo
  • Bram Govaerts, Líder Estratégico para la Intensificación Sustentable en Latino América, Representante Regional en Latino América y Representante en México de CIMMYT

Si desea obtener más información o concertar entrevistas en línea o en persona, diríjase a:

Julie Mollins
CIMMYT News Editor and Media Manager
j.mollins@cgiar.org
@jmollins


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