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El CIMMYT debe replantear su estrategia agrícola a largo plazo para resolver problemas nuevos

September 20, 2016

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WASHINGTON, D.C., 19 SEPT 2016—Las organizaciones de investigación agrícola a las que se atribuye haber salvado del hambre a cientos de millones de personas en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, como el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), tendrán que cambiar su enfoque, la base de su financiamiento y sus alianzas en las próximas décadas para poder seguir contribuyendo a la seguridad alimentaria y la prosperidad, y reduciendo la degradación del medio ambiente en los países en desarrollo, afirma el economista agrícola Derek Byerlee.

Byerlee hace esta advertencia en una publicación que describe el trasfondo económico y político y los eventos que dieron lugar a la fundación del CIMMYT, ahora que éste celebra su 50 aniversario. Con sede en las afueras de la Ciudad de México, el Centro ha ayudado a reducir el número de personas que padecen hambre, de casi 50% de la población mundial en la década de los años sesenta a menos de 20% hoy en día. Los beneficios económicos anuales generados por las actividades de investigación y capacitación del Centro, realizadas con un presupuesto de US $180 millones, equivalen, según estimados conservadores, a US $4000 millones. Varios de los científicos que trabajan o que han trabajado en el CIMMYT han sido distinguidos con el Premio Nobel de la Paz, tres Premios Mundiales de Alimentación y muchos otros importantes reconocimientos.

Sin embargo, la investigación agrícola mundial tiene que hacer frente a diversos problemas de tipo financiero y político. En 2015, el Banco Mundial redujo sus aportaciones anuales al CGIAR, la organización a la que pertenece el CIMMYT, de US $50 millones a US $30 millones y, además, planea suspender sus donaciones en los años siguientes. Al mismo tiempo, muchos países donde el CIMMYT trabaja están enfrascados en conflictos, lo cual hace que las actividades de investigación y desarrollo sean difíciles e incluso peligrosas.

“Los sistemas nacionales de investigación tendrán que hacer el trabajo que el CIMMYT y otros Centros realizan hoy en día”, opina Byerlee, execonomista y asesor del Banco Mundial quien dará un discurso durante la inauguración de la conferencia para celebrar el 50 aniversario del CIMMYT del 27 al 29 de septiembre de 2016 en México. “Los gobiernos nacionales son en gran medida responsables de asegurarse de que esto ocurra, pero el apoyo continuo del CIMMYT será vital, particularmente en la capacitación y las asociaciones colaborativas, para asegurar una capacidad nacional continua.”

Según Byerlee, investigador y profesor australiano que ahora radica en Estados Unidos, el CIMMYT tendrá que adaptar sus métodos para atender la rápida urbanización y la emigración rural en los países en desarrollo donde el maíz y el trigo son los productos alimentarios básicos.

“Donde la mayoría de los que padecen hambre son pequeños productores, como en África hoy en día, el problema es asegurar un crecimiento amplio de la productividad para los agricultores”, explica. “Pero en el futuro, en muchos países, la mayoría de las personas desnutridas vivirán en zonas urbanas. El crecimiento de la productividad puede generar alimentos a precios accesibles, pero mucho dependerá de la distribución focalizada de los alimentos y de las redes de seguridad social”.

Byerlee también cree que empoderar a las mujeres será esencial en todos los contextos. “Desde hace mucho se sabe que las mujeres tienen un papel fundamental en la seguridad alimentaria internacional”, afirma. “Constituyen el 43% de la fuerza laboral agrícola remunerada, y este número aumenta si se incluye el trabajo no remunerado. Las mujeres también supervisan las necesidades de alimentos del hogar”.

Como se describe en la nueva publicación de Byerlee “The birth of CIMMYT: Pioneering the idea and ideals of international agricultural research”, el Centro y, en última instancia, el CGIAR surgieron de programas regionales y nacionales de desarrollo agrícola establecidos después de la Segunda Guerra Mundial. Al principio, estos programas fueron patrocinados por la Fundación Rockefeller y tenían la misión de garantizar la seguridad alimentaria en los países desfavorecidos a causa de conflictos, la poca inversión de los imperios coloniales en la investigación y desarrollo, y la desigualdad económica.

“En aquella época, el crecimiento desmedido de la población, el desmantelamiento de imperios coloniales, la amenaza de hambruna en Asia y la política de la Guerra Fría crearon un sentido de que era urgente aumentar la producción de alimentos”, dice Byerlee. “Surgió la idea de que la cooperación internacional en la investigación agrícola podía resolver el problema del hambre y fomentar una mayor prosperidad en las naciones emergentes”.

“La situación a mediados de la década de los años sesenta era terrible, por la gran explosión demográfica y la disminución de la producción de grano per cápita en el mundo en desarrollo. Excepto en África, esa tendencia se revirtió. Al mismo tiempo, ahora sabemos que no fue suficiente, y los fundadores del CIMMYT seguramente se sentirían decepcionados de que hoy en día todavía haya 800 millones de hambrientos en un mundo donde hay cada vez más ricos. Esto exige que nos volvamos a comprometer a erradicar el hambre mediante acciones políticas a nivel local, nacional e internacional”.

Byerlee agrega que, basándose en la experiencia de los pasados 50 años, deben mantenerse ciertas funciones básicas de la investigación internacional, como los bancos de germoplasma para conservar los recursos fitogenéticos o la investigación estratégica de las enfermedades de los cultivos.

Además de esto, el autor opina que la colaboración internacional en la investigación agrícola continuará, y debe continuar, siendo un pilar fundamental para mejorar el bienestar humano.

“Los ideales básicos de facilitar, producir e intercambiar conocimientos y productos científicos, alianzas estratégicas a largo plazo para trabajar en la ciencia más avanzada, el apoyo continuo, la libertad de los científicos de alta calidad y la capacitación—todos estos ideales evolucionaron hace más de 50 años pero siguen siendo igualmente válidos hoy en día”.

Byerlee fue asesor estratégico del Banco Mundial en asuntos rurales en el Departamento de Desarrollo Rural y economista líder de Desarrollo Agrícola y Rural en las oficinas del Banco en Etiopía y Sudán, con base en Addis Abeba. Culminó su trayectoria en el Banco co-dirigiendo la elaboración del Informe de Desarrollo Mundial 2008 de la organización, el primer informe sobre agricultura desde 1982. Antes de trabajar en el Banco Mundial, Byerlee fue director del Programa de Economía del CIMMYT y profesor adjunto de la Universidad Estatal de Michigan.

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Acerca del CIMMYT
El CIMMYT, con sede en El Batán, México, es el líder mundial en la investigación de maíz y trigo y los sistemas de cultivo de ambos cereales. El CIMMYT trabaja con cientos de colaboradores en los países en desarrollo para incrementar de manera sustentable la productividad de los sistemas de maíz y de trigo y mejorar la seguridad alimentaria y los medios de vida de los habitantes de esos países. El CIMMYT es uno de 15 miembros del Consorcio del CGIAR y coordina los Programas MAÍZ y TRIGO del Consorcio. Para sus actividades, el CIMMYT recibe fondos de gobiernos nacionales, fundaciones, bancos de desarrollo y otras instituciones de los sectores público y privado.


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