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Monica Mezzalama mantiene un cuidadoso control de la sanidad de semilla y la bioseguridad

February 22, 2017
Monica Mezzalama, head of CIMMYT's Seed. Photo: Xochiquetzal Fonseca/CIMMYT.

Monica Mezzalama, jefa del Laboratorio de Sanidad de Semilla del CIMMYT. Foto: Xochiquetzal Fonseca/CIMMYT.

EL BATÁN, México (CIMMYT)–En el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), todo empieza con una semilla. Cada año, el Centro recibe solicitudes y envía desde su sede en México más de 700,000 paquetes de semilla a investigadores, organizaciones agrícolas y agricultores de todo el mundo. Esta semilla tolera los efectos del cambio climático, produce mayores rendimientos con pocos insumos y aporta los elementos nutritivos que necesita la creciente población mundial.

Sin embargo, antes de que una semilla atraviese una frontera internacional, es necesario asegurarse de que tenga un certificado de sanidad y esté libre de virus, hongos y bacterias. La semilla infectada debe ser controlada, porque de lo contrario, existe el riesgo de que los fitopatógenos se propaguen, afecten el desarrollo de los cultivos y se conviertan en una amenaza para la seguridad alimentaria.

Allí es donde interviene la experta en fitopatología Monica Mezzalama, jefa del Laboratorio de Sanidad de Semilla del CIMMYT.

“El desplazamiento de semilla en todo el mundo está regulado a fin de limitar la propagación de patógenos a través de las fronteras internacionales”, explica la científica. “Yo coordino y superviso las pruebas de sanidad de semilla para asegurarnos de que toda la semilla que llega o sale del CIMMYT cumpla con estos estándares internacionales y no constituya un riesgo.”

Garantizar la sanidad de la semilla garantiza que los investigadores, mejoradores y organizaciones colaboradoras no recibirán semilla infectada, lo cual es esencial para que la investigación agrícola siga siendo eficiente y genere impactos, agrega.

Desde que me hice cargo del Laboratorio de Sanidad de Semilla hace 15 años, toda la semilla que se inspecciona y se envía desde el CIMMYT debe cumplir con las normas de certificación. Si encontramos semilla infectada, ésta se pone en cuarentena y se destruye conforme a los procedimientos legales vigentes, explica Mezzalama.

La semilla procedente de organizaciones colaboradoras, investigadores o agricultores también se somete a pruebas para detectar enfermedades; si está limpia, es aprobada por Mezzalama y su equipo de trabajo. Una vez autorizada, parte de la semilla se envía a los investigadores del CIMMYT, quienes la utilizan en sus estudios para obtener resistencia a enfermedades, tolerancia al calor y contenido de micronutrientes, y la incluyen en los programas internacionales de mejoramiento. El resto se almacena en el banco de germoplasma de maíz y de trigo, donde se preservan, en beneficio de la humanidad, más de 175,000 variedades diferentes que se envían sin costo a quienes las soliciten.

La curiosidad de Mezzalama por las enfermedades y su pasión por curarlas fueron las que la impulsaron a estudiar la carrera de fitopatología. La primera vez que estudió los patógenos de las plantas fue cuando estudiaba la licenciatura en agronomía en su natal Turín, Italia, y visitó unos viñedos cercanos.

“Estaba trabajando en los viñedos donde por primera vez vi los fitopatógenos y me percaté del impacto que tienen en los agricultores, y lo que esto representa para sus medios de vida”, explica.

Después de graduarse en 1986, Mezzalama consiguió su primer empleo en el CIMMYT donde trabajó con el virólogo Peter Burnett en un proyecto sobre el virus del enanismo amarillo de la cebada (BYD), que afecta a la cebada, el trigo, el maíz, el arroz y otros cereales en todo el mundo. Esta experiencia le abrió un mundo nuevo donde aprendió el funcionamiento interno de los fitopatógenos que la llevó a estudiar un doctorado en fitopatología en Italia.

Desde que regresó al CIMMYT en 2001, Mezzalama ha tenido bajo su responsabilidad el Laboratorio de Sanidad de Semilla, ha implementado protocolos institucionales de bioseguridad para proteger la semilla de incidentes graves, que incluyen inspecciones regulares de bioseguridad en las instalaciones del laboratorio y la implementación de los lineamientos que se tienen que seguir, y ha participado en varios proyectos de investigación. Más recientemente, se unió a un proyecto para controlar la propagación de la necrosis letal del maíz (MLN), una enfermedad devastadora que constituye un grave riesgo para la seguridad alimentaria en África oriental.

Esta compleja enfermedad es causada por la infección de dos virus letales: el virus del moteado clorótico del maíz y el virus del mosaico de la caña de azúcar. La enfermedad se propaga mediante semilla de maíz y plagas de insectos infectadas. Dados sus conocimientos y experiencia en la detección de fitopatógenos, se solicitó a Mezzalama que organizara el establecimiento de laboratorios de sanidad de semilla en Kenia y Zimbabwe, y que también capacitara al personal para detectar semilla infectada con la MLN o los dos virus causantes de la enfermedad.

Ahora Mezzalama está terminando de elaborar un protocolo de detección, el cual proporcionará a la industria agrícola conocimientos de las mejores prácticas y herramientas de costo accesible para detectar semilla de maíz infectada con MLN.

“Hay varios productos y métodos que se pueden utilizar para detectar la MLN en la semilla, pero deben ser probados para ver cuál de ellos produce los resultados más precisos de manera eficiente y a un precio razonable”, señala.

La precisión, el tiempo y el costo son factores importantes cuando se elaboran protocolos de detección de MLN que se convertirán en una práctica común que implementarán nuestros colaboradores en Kenia y otros países donde trabajamos, concluye Mezzalama.

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