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Más datos sobre las funciones del género que son esenciales para la seguridad alimentaria mundial, opina Anya Umantseva

June 26, 2017

Abriendo caminos es una serie regular que destaca las actividades del personal del CIMMYT

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EL BATÁN, México (CIMMYT) – La desigualdad social, incluida la discriminación de género, obstaculiza el potencial del desarrollo económico, un enfoque clave de la comunidad de la agricultura para el desarrollo.

Las mujeres de los países en desarrollo constituyen más del 40% de los trabajadores agrícolas que son retribuidos, y ese porcentaje es incluso más alto si se incluye el trabajo agrícola no retribuido, según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas. Pese a que forman parte significativa de ese sector, las mujeres suelen padecer pobreza severa debido a que no tienen el mismo acceso a semilla, fertilizante, tierra y otros insumos agrícolas.

Aunque los desafíos son enormes, el propósito de lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas del mundo para 2030 está incluido en el marco de desarrollo internacional como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

Impulsado por los ODS, el género se ha convertido en tema importante de la investigación agrícola y las políticas para el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) y los programas de investigación agrícola del sistema CGIAR en los últimos años.

“A pesar de que se han hecho mejoras, sigue habiendo oportunidades de reducir considerablemente la desigualdad entre hombres y mujeres”, afirma Anya Umantseva, investigadora de género del CIMMYT. “No hay muchos datos sobre las funciones del género en las comunidades rurales, pero lo más importante es que la integración sistemática de componentes sociales como el género en la investigación científica basada en datos podría ayudar mucho a lograr que los resultados y los impactos lleguen a más mujeres y más hombres”.

“Las mujeres de las comunidades rurales suelen tener que sujetarse a normas muy estrictas de género”, explica Umantseva, al referirse a las funciones y el comportamiento que se espera de las mujeres y los hombres. “Lo que estamos tratando de hacer es investigar cómo estas normas influyen en la forma en que los hombres y las mujeres adoptan las innovaciones agrícolas, y cómo la adopción de diferentes innovaciones afecta las normas de género en las diferentes comunidades”.

Umantseva es una de los muchos investigadores que colaboran en GENNOVATE, una iniciativa de investigación comparativa internacional que estudia cómo las normas de género influyen en los hombres, las mujeres y los jóvenes a la hora de adoptar innovaciones en la agricultura y en el manejo de los recursos naturales.

Las normas de género incluyen el acceso restringido a la tierra y los recursos económicos, e incluso el tabú social de que las mujeres no deben caminar solas, lo cual dificulta que tengan acceso equitativo a la capacitación y otros insumos agrícolas, explica.

Umantseva se crió en Yurga, Rusia, durante la transición económica de ese país al capitalismo después de la caída de la Unión Soviética. “Haber sido testigo del abrupto cambio del régimen político y económico, y del impacto que eso tuvo en la sociedad, despertó mi interés en las ciencias sociales y la antropología”, relata la investigadora. “Decidí que quería estudiar cómo se construyen las normas sociales y la cultura históricamente”.

“El género en la investigación agrícola para el desarrollo no es un tema aislado, sino que está estrechamente interrelacionado con la inclusión social de los grupos desprotegidos en general”, según la investigadora. “El género no solo afecta a hombres y mujeres, sino que también define quiénes son esos hombres y esas mujeres. Mediante GENNOVATE queremos profundizar en sus historias, su estatus socioeconómico, su religión, qué lugar ocupan en la familia y más”.

Aproximadamente 8,000 personas de distintas edades que participan en el estudio de GENNOVATE y que proceden de diferentes estratos socioeconómicos están reflexionando en las normas del género y cómo éstas afectan su capacidad de acceder, adoptar, adaptar y beneficiarse de las innovaciones en la agricultura y el manejo de los recursos naturales.

“GENNOVATE es el primer estudio de esta envergadura que proporciona este tipo de datos basados en el género para las iniciativas de investigación agrícola para el desarrollo”, explica Umantseva. “Pero lo más importante es que queremos convencer a la comunidad de investigación para el desarrollo de las oportunidades importantes que puede abrir el hecho de conocer este tipo de datos. Quizá no siempre sea fácil integrar el género en la investigación, y es posible que requiera que hagamos ciertas cosas de manera un poco diferente, pero esto es necesario si queremos generar impactos de desarrollo inclusivo”.

Junto con otros investigadores, Umantseva está analizando los datos de GENNOVATE para elaborar una serie de informes, artículos científicos y otros productos, para que los investigadores y los gerentes de proyecto empiecen a incorporar los hallazgos de GENNOVATE en su trabajo.

“Por ahora estamos estudiando el caso de hombres y mujeres que han adoptado con éxito las innovaciones agrícolas, cuáles son los factores que podrían tener en común y cómo difieren los hombres y las mujeres al adoptarlas. Esperamos producir un documento con estos hallazgos este año”, agrega Umantseva.

Umantseva estudió lingüística y traducción en la Universidad Estatal Romsk de Rusia. Posteriormente estudió una maestría en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica, donde estudió políticas de minorías, relaciones étnicas y normas de género.

Antes de venir al CIMMYT en 2016, trabajó en la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, donde se concentró en la trata de personas y la migración. Actualmente radica en la Ciudad de México y trabaja en la sede del CIMMYT en El Batán, en las afueras de la ciudad.


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