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Las “mujeres invisibles” son la clave para lograr la seguridad alimentaria, opina Catherine Bertini, exjefa del WFP

August 30, 2016
Bertini

Catherine Bertini

EL BATÁN, México (CIMMYT)—En los países en desarrollo, 43% de la fuerza laboral que genera ingresos en el sector agrícola son mujeres. Este porcentaje es incluso mayor si se incluye el trabajo agrícola no remunerado, según datos de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas.

Pese al gran número de mujeres que trabajan en las fincas, su voz no es escuchada por los donadores y formuladores de políticas de desarrollo internacional, lo cual obstaculiza las iniciativas internacionales dirigidas a lograr la seguridad alimentaria, dice la ganadora del Premio Mundial de la Alimentación 2003 y exjefa del Programa Mundial de Alimentos (WFP) de la ONU.

“Cuando los formuladores de políticas o patrocinadores analizan las necesidades de una comunidad, la poca participación de las mujeres como líderes o voceras, les impide conocer lo que realmente se necesita para apoyar de mejor manera a la comunidad”, escribió Catherine Bertini en un número especial de Daedalus, publicación de la Academia Americana de Artes y Ciencias.

“La retroalimentación proviene de los hombres, y de manera predecible se concentra en lo que los hombres necesitan”, agrega, y señala que el papel de las mujeres en la lucha por lograr la seguridad alimentaria es vital, no solo porque son agricultoras, sino porque son las que normalmente se encargan de supervisar la preparación de los alimentos y la nutrición en el hogar.

Las mujeres y los hombres no tienen el mismo acceso a los insumos agrícolas (semilla, fertilizante, tierra y servicios de extensión), y la FAO estima que si los tuvieran, la producción aumentaría hasta en 20%, según Bertini, quien dará una conferencia el 29 de septiembre en la Ciudad de México como parte de los festejos del 50 aniversario del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT).

Asimismo, es más probable que los recursos económicos que controlan las mujeres se utilicen para atender las necesidades del hogar; en cambio, es muy probable que los recursos que controlan los hombres se utilicen fuera del hogar, opina Bertini.

En su ensayo titulado Invisible Women (Mujeres invisibles), Bertini, que actualmente es profesora en la Universidad de Siracusa, cita un problema de género relacionado con el uso de azadones como ejemplo de lo terriblemente mal que pueden resultar las cosas cuando no se consulta a las mujeres agricultoras para saber qué necesitan.

Durante su gestión en el WFP, Bertini visitó una zona rural de Angola que estaba recuperándose de más de 25 años de guerra civil. Los agricultores dijeron que no podían trabajar los campos porque no tenían implementos agrícolas, aunque había un ciento de azadones apoyados en una valla cercana.

El caso era que la organización no gubernamental (ONG) que los había obtenido no sabía que en Angola los hombres y las mujeres utilizan distintos tipos de azadones.

“La ONG no había hablado con las mujeres”, señala Bertini. “En esa región de Angola, las mujeres son las únicas personas que labran la tierra, pero no utilizan azadones de mango largo. Resulta que los azadones de las mujeres tienen un mango de madera más corto y cuchillas semejantes a palas en el extremo.”

A diferencia de los hombres, que permanecen de pie, las mujeres se ponen en cuclillas cuando usan sus azadones porque acostumbran cargar a sus bebés en la espalda; así sienten menos presión en la espalda y el trabajo les resulta menos difícil.

“Para mí, este incidente se convirtió en una metáfora de la importancia de siempre hablar con la gente porque sabe cuáles son sus necesidades, y que quienes no hablan específicamente con las mujeres para entender sus necesidades pueden anular toda su contribución al fin que quieren alcanzar”, destaca Bertini.

“Esto me recuerda también que por lo general las mujeres no desempeñan funciones de liderazgo en sus comunidades y con demasiada frecuencia son políticamente invisibles.”

Dice que para que las mujeres sean vistas y escuchadas, y para que la sociedad se beneficie de sus conocimientos, deben producirse cambios como los siguientes:
• Educar a las niñas
• Comenzar la investigación teniendo en mente las necesidades de las mujeres
• Dar más apoyo a la salud de las mujeres
• Apoyar la lactancia materna
• Mejorar la alfabetización de las mujeres
• Crear programas de extensión agrícola que incluyan a las mujeres
• Expandir los micropréstamos bancarios y los seguros
• Crear derechos legales para que las mujeres puedan poseer y heredar tierra
• Considerar los papeles del género en la sociedad en todas las propuestas de desarrollo


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