Desde el oriente hasta al sur de Asia, vía México: Cómo un gen cambió el curso de la historia

January 3, 2016

Norman Borlaug con los científicos Swaminathan y Kohli, los principales promotores de las variedades modernas en una parcela de producción de semilla en la India, en 1964. Foto: CIMMYT

En 1935, el científico japonés Gonjoro Inazuka cruzó un trigo criollo japonés con dos variedades americanas y esto dio como resultado la variedad mejorada conocida como Norin 10. Con el tiempo, las variedades derivadas de Norin-10 llegaron a manos de Norman Borlaug y así comenzó una de las revoluciones más extraordinarias de la historia. Posteriormente, este intercambio internacional de germoplasma salvó a cientos de millones de personas de la hambruna y revolucionó el mundo del trigo.

Es posible que el viaje del trigo semienano de Japón a México haya empezado en los siglos 3 y 4 en Corea, donde se cree que se originaron los trigos enanos. Desde el este de Asia, los mejoradores de trigo empezaron a buscar y utilizar los genes del enanismo para obtener variedades de alto rendimiento, resistentes al acame y con la capacidad de producir más macollos que las variedades tradicionales.

El término Norin es un acrónimo de la estación experimental agrícola del Japón, como se escribe utilizando letras latinas. Norin 10 redujo la altura de las plantas de 60 a 110 cm, en comparación con la de otras variedades, que alcanzaba más de 150 cm. La corta estatura del trigo es resultado de los genes Rht1 y Rht2, que confieren una reducción en la altura.

Norin 10 empezó a atraer la atención de la comunidad internacional tras la visita de S.D. Salmon, un renombrado mejorador de trigo del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) a la estación experimental agrícola de Marioka, en Honshu. Salmon trajo algunas muestras de la variedad Norin 10 a los Estados Unidos, donde a finales de los años 40, Orville Vogel, de la Universidad Estatal de Washington, las utilizó para ayudar a producir variedades de trigo de invierno de alto rendimiento y semienanas, de las cuales Gaines fue la primera.

En el país vecino, México, Norman Borlaug y su equipo estaban concentrando sus esfuerzos en resolver el problema del acame y la resistencia a la roya. Después de buscar inutilmente en toda la Colección Mundial de Germoplasma de Trigo de USDA, variedades robustas de menos altura, Borlaug le escribió a Vogel para solicitarle semilla con los genes de enanismo de Norin 10. De esta forma, Norin 10 fue un golpe de suerte, ya que confería tanto baja estatura como resistencia a la roya.

Norin 10 graph

Figura reproducida de Foods and Food Production Encyclopedia, Douglas M. Considine

En 1953, Borlaug empezó a cruzar variedades semienanas de trigo de invierno con variedades mexicanas. El primer intento de incorporar los genes de Vogel en las variedades mexicanas falló. Sin embargo, después de una serie de cruzas y recruzas, el resultado fue un nuevo tipo de trigo de primavera: variedades de tallo corto y robusto que producían abundantes macollos, más grano por espiga y eran menos propensas al acame. La progenie de los trigos semienanos mexicanos empezó a distribuirse a nivel nacional y en siete años los rendimientos promedio de trigo en México se habían duplicado. Para 1962, 10 años después de que Vogel proporcionara por primera vez semilla de la progenie de trigo seminenano japonés Norin 10 a Borlaug, fueron liberadas dos variedades derivadas de Norin 10, Pitic 62 y Penjamo 62, para la producción comercial.

Como se indica en la Figura, posteriormente, estas variedades de trigo fueron las precursoras de una serie de variedades de alto rendimiento, entre ellas, Sonora 64 y Lerma Rojo 64, que dieron origen a la Revolución Verde en India, Pakistán y otros países, y Siete Cerros 66, que en su apogeo se llegó a sembrar en más de 7 millones de hectáreas en el mundo en desarrollo. La variedad más sembrada durante este periodo fue la variedad de madurez muy precoz Sonalika, que se sigue sembrando en India hasta el día de hoy.

A principios de los años 60, la población del sur de Asia padecía hambruna generalizada e inseguridad alimentaria extrema. Para hacer frente a este reto, científicos y gobiernos de la región comenzaron a evaluar la utilidad de las variedades de trigo semienanas de México en sus países. Los ensayos realizados en India y Pakistán fueron convincentes, pues produjeron altos rendimientos con el potencial de lograr un avance notable en la producción de trigo, pero solo después de que las prácticas agronómicas cambiaron. Sin estos cambios, la Revolución Verde nunca se hubiera dado.

Borlaug Training Field 1960s

Norman Borlaug en 1964, inspecciona plantas de trigo para detectar síntomas de roya en parcelas de mejoramiento cerca de Ciudad Obregón, Sonora, al norte de México. Foto: CIMMYT

Borlaug había enviado algunas semillas de estas variedades de trigo semienanas de alto rendimiento y resistentes a enfermedades a la India para ensayar su resistencia a las cepas de roya locales. M.S. Swaminathan, citogenetista especialista en trigo y asesor del Ministro de Agricultura, de inmediato se dio cuenta de su potencial para la agricultura de la India y le escribió a Borlaug, invitándolo a visitar el país. Al poco tiempo de recibir la inesperada invitación, Borlaug abordó un Boeing 707 de Pan Am hacia la India.

Para acelerar el potencial del trigo de Borlaug, en 1967 Pakistán importó de México cerca de 42,000 toneladas de variedades semienanas, Turquía, 22,000 toneladas e India, 18,000 toneladas. En esa época, esta fue la adquisición más grande en la historia de la agricultura. El aumento de los rendimientos de trigo tanto en la India como en Pakistán fue algo nunca antes visto.

Cincuenta años después tenemos nuevos retos, aunque hemos seguido incrementando el rendimiento promedio de trigo. La demanda de trigo sigue aumentando debido a que la población mundial sigue creciendo y está cambiando lo que prefiere comer. El clima del mundo está cambiando; la temperatura está aumentando y los eventos climáticos extremos se están volviendo más frecuentes. Los recursos naturales, sobre todo el agua subterránea, también se están agotando; están surgiendo nuevas enfermedades de las plantas y los rendimientos no están aumentando al mismo ritmo que la demanda.

Borlaug y sus contemporáneos iniciaron la Revolución Verde al combinar el enanismo, la resistencia a la roya y la insensibilidad al fotoperiodo. Hoy en día, se están forjando un nuevo plan y un nuevo compromiso para lograr otro gran aumento en la productividad del trigo. La Asociación Internacional para Aumentar el Rendimiento del Trigo, una agrupación internacional público-privada, está aprovechando lo mejor de la investigación de trigo a nivel mundial, para aumentar el potencial de rendimiento hasta en 50%. Mediante esta iniciativa única en su clase, se transferirá germoplasma a los programas fitotécnicos de todo el mundo.