Con los cultivos de cobertura se necesita menos fertilización mineral en África

En el distrito de Lilongwe, Malawi, el agricultor Bikoni Yohane y su esposa muestran orgullosamente su parcela de maíz-frijol chino, la cual producirá grano y hojas para autoconsumo y mejorará la fertilidad del suelo. Foto: Christian Thierfelder/CIMMYT.

Cuando se siembra frijol terciopelo en rotación con maíz, aumenta la fertilidad del suelo, hay más producción de biomasa, que se aprovecha para alimentar al ganado, y no hay malezas. Esta foto fue tomada en Chipata, Zambia, por Christian Thierfelder

Es ampliamente aceptado que el germoplasma de maíz mejorado solo expresará su potencial si se aplican prácticas agronómicas óptimas: siembra a tiempo, distribución óptima entre plantas/espaciado y control oportuno de malezas y plagas. Sin embargo, quizá la intervención agronómica más importante es la fertilización adecuada. Aunque los agricultores de Europa y América han utilizado fertilizante mineral por generaciones, en África se empezó a distribuir hace relativamente poco tiempo. Pero el uso excesivo de estos fertilizantes en Europa y América ha provocado contaminación del agua y eutrofización, además de un aumento en la demanda de energía para el proceso de producción de los mismos.

En África, los fertilizantes minerales siguen siendo escasos, costosos y una fuente de riesgo para muchos de los agricultores de pequeña escala. Utilizan menos de 10 kg/ha de fertilizante NPK, en promedio, y muchos ni siquiera lo aplican. El precio del fertilizante es de 3 a 5 veces más elevado en África que en Europa, por la falta de infraestructura e instalaciones de producción, lo cual a menudo impide que los agricultores puedan adquirirlo. Este insumo se aplica principalmente a cultivos comerciales y hortícolas que, a diferencia del maíz, producen mayores rendimientos por la inversión que hacen los agricultores.

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En el distrito de Lilongwe, Malawi, el agricultor Bikoni Yohane y su esposa muestran orgullosamente su parcela de maíz-frijol chino, la cual producirá grano y hojas para autoconsumo y mejorará la fertilidad del suelo. Foto: Christian Thierfelder/CIMMYT.

Muchos agricultores del sur de África practican la siembra extensiva de maíz, cosechan menos de 1 t/ha en promedio y minan los ya agotados nutrientes del suelo en su afán por lograr su seguridad alimentaria y escapar de la pobreza —una tarea imposible. Sin embargo, ahora se están ofreciendo varias soluciones, como una vía para que los agricultores escapen de la trampa de la pobreza: germoplasma tolerante a la sequía y otros factores adversos, agricultura de conservación (AC), mejores sistemas de rotación con leguminosas y cultivos verdes de cobertura.
La aplicación de los principios de la AC (movimiento mínimo del suelo, retención de rastrojos y diversificación mediante rotación e intercultivos) depende de la capacidad de los agricultores de retener suficientes residuos en la superficie para proteger el suelo de las lluvias excesivas, la evaporación y la luz solar. Sin embargo, los agricultores que trabajan en sistemas mixtos agro-pecuarios tienen que afrontar el problema de la competencia por la demanda de dichos residuos, dado que los utilizan también para alimentar a sus animales.

Es en este contexto en que la FAO invitó al CIMMYT a participar en un pequeño proyecto destinado a introducir abonos verdes en las regiones del oriente de Zambia y centro y sur de Malawi, para los agricultores de pequeña escala. El principal objetivo al sembrar abonos verdes es mejorar el suelo, producir biomasa para proteger la superficie y obtener forrajes; algunos producen también grano para consumo humano y animal.

El Programa Global de Agricultura de Conservación ha estado ensayando diversas variedades en los últimos cinco años. Se ha visto que el frijol terciopelo, la judía, el frijol chino, el cáñamo de Bengala, la canavalia, el frijol de palo y el cacahuate son opciones viables con gran potencial para los pequeños agricultores. Producen de 5 a 50 t/ha de biomasa adicional que se utiliza como mantillo y/o forraje, dejan de 50-350 kg/ha de nitrógeno residual en el suelo y no necesitan fertilizante extra para crecer. Con el nuevo proyecto se están ensayando estas especies en rotación o intercaladas con maíz en las parcelas de agricultores de las tres regiones meta. A fin de aumentar la adopción, el proyecto utiliza un proceso participativo intensivo para adaptar los abonos verdes a las condiciones en que trabajan los pequeños agricultores.

Esta iniciativa relacionada con abonos de cobertura no es la única en la que el CIMMYT ha participado: en el norte de Mozambique, como resultado de su colaboración con CARE International se reporta que el rendimiento aumentó de 4 t/ha a 13 t/ha solo con el uso de cáñamo de Bengala y germoplasma mejorado en los sistemas de producción de yuca donde se aplicó agricultura de conservación. El proyecto ZimCLIFFS, patrocinado por ACIAR, en Zimbabwe, también obtuvo muy buenos resultados con la siembra de judías y frijol terciopelo para producir forraje adicional para alimentar ganado durante la temporada de invierno.

Con el uso de métodos innovadores, el CIMMYT explorará nuevas maneras de integrar los abonos verdes en los sistemas de producción de pequeña escala, de manera que se conviertan en el statu quo y ¡no sean solo una opción!