¿Por qué suscitan tanta polémica los organismos genéticamente modificados? Respuestas a 10 preguntas frecuentes acerca de los OGM
Matthew Feldmann,1 Michael Morris1 y David Hoisington2 1Programa de Economía, 2Centro de Biotecnología Aplicada, Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) Febrero 7 del 2000
Introducción En el umbral del siglo XXI, la agricultura mundial se encuentra atrapada en un acre debate sobre los organismos genéticamente modificados (OGM). Este debate, caracterizado por una tempestuosa mezcla de ciencia, economía, política y ética, se lleva a cabo tanto en laboratorios de investigación, salas de juntas empresariales, cámaras legislativas y oficinas de periódicos, como en cafeterías comunes y corrientes, y hogares particulares: en síntesis, en casi todos los lugares donde la gente produce y procesa alimentos o simplemente habla de ellos. En Gran Bretaña, el Príncipe Carlos de manera pública y reiterada declara su oposición a los OGM, llamados "alimentos Frankenstein" por la prensa británica. En México, activistas encapuchados trepan al monumento del Ángel de la Independencia y cuelgan cartelones de protesta contra la importación de maíz transgénico. En la India, los manifestantes toman por asalto estaciones experimentales y arrancan de cuajo las plantas genéticamente modificadas de las parcelas de ensayo. En Italia, manifestantes desnudos y empapados con pintura roja que simula sangre arrojan tomates genéticamente manipulados al Secretario de Agricultura estadounidense, que está de visita en el país, para demostrar su oposición a las importaciones de maíz y soya transgénicos. ¿Cuál es la causa de estas protestas difundidas, que reciben tanta publicidad? ¿Por qué los OGM de pronto se han convertido en tema de debate público? ¿Es válido el argumento de los defensores de los OGM de que la modificación genética de plantas y animales es sencillamente la más reciente de una serie de tecnologías que aumentan la productividad y que han contribuido a que la provisión de alimentos no se rezague con respecto al crecimiento demográfico mundial? ¿O es correcto el argumento de los críticos de que los OGM son fundamentalmente diferentes de otros tipos de organismos, tan diferentes que deben ser prohibidos de inmediato, sin efectuar más pruebas para determinar su inocuidad? En este artículo intentamos esclarecer esta polémica
abordando 10 preguntas básicas acerca de los OGM. Llegamos a la conclusión de que los
OGM podrían generar beneficios considerables, pero advertimos que es probable que
continúe la oposición pública hasta que se aclaren los interrogantes acerca de su
inocuidad para las personas, los animales y el medio ambiente. Al abordar esas preguntas
es importante promover un diálogo público abierto e incluyente, basado en información
científicamente convalidada, y evitar ser desviados del tema por una retórica de
motivación política. 1. ¿Qué es un OGM? Los OGM son organismos vivientes (plantas, animales o
bacterias) que han sido genéticamente "manipulados" mediante la inserción de
un gen extraño. Se inserta el gen extraño, que puede provenir de muchas fuentes
diversas, para aumentar el valor del organismo receptor. Los cultivos genéticamente
modificados, que constituyen el tema central de este artículo, por lo general se han
creado para hacer una de dos cosas: (1) reducir los costos de producción a nivel de
fincas (por ejemplo, por su resistencia a plagas y enfermedades) o (2) incrementar la
calidad del producto (por ejemplo, porque mejoran la apariencia, el contenido nutricional
o las características de procesamiento o almacenamiento del cultivo). Si bien es cierto
que los OGM se crean mediante la biotecnología, es importante distinguir entre las dos
cosas. Lo que se denomina "biotecnología" abarca un campo de investigación muy
amplio, del cual la producción de OGM es sólo una parte. 2. ¿Cómo se producen los OGM? Los OGM se producen mediante un proceso conocido como ingeniería genética, en el cual genes que confieren características útiles son transferidos de un organismo a otro. La ingeniería genética comienza con la identificación del gen responsable de una característica de interés. (Cabe aclarar que muchas características económicamente útiles son controladas por el efecto conjunto de numerosos genes, pero, para simplificar, este documento se refiere a características controladas por un solo gen.) Una vez identificado y aislado el gen, puede ser insertado en una célula en este caso la célula de una planta de cultivo usando una de varias técnicas. Tal vez la más conocida es la que consiste en disparar el gen usando una "pistola de genes", dispositivo que usa estallidos de helio para impulsar directamente en la célula receptora partículas microscópicas recubiertas con muchas copias del gen. En otra técnica usada con frecuencia se emplea una bacteria llamada Agrobacterium tumefaciens como vector viviente. Cualquiera que sea el método de transformación utilizado,
el gen extraño es insertado en forma aleatoria en uno o más cromosomas de la célula
receptora. Como no todas las células reciben una copia del gen insertado, es necesario
identificar las que sí la recibieron cultivando las células receptoras en una serie de
medios especiales de cultivo y luego en medios que las inducen a formar plántulas. Muchas
de estas plántulas con el tiempo se desarrollan normalmente y son sometidas a una
selección para determinar si está presente el gen extraño y si funciona adecuadamente.
Una vez insertado un gen en una planta, suele ser mucho más fácil trasladarlo a otras
plantas mediante las técnicas tradicionales del fitomejoramiento. Por ejemplo, tan pronto
como se ha producido con técnicas de ingeniería genética una planta de maíz
transgénico resistente a los insectos, mediante la cruza de esa planta con otras plantas
de maíz es posible transferir a las segundas la característica de resistencia. 3. ¿Por qué son objeto de tanta polémica los OGM? En ciertos aspectos, la ingeniería genética no es muy diferente de otros tipos de manipulación genética ordinariamente usados para crear organismos con características útiles. Por ejemplo, el fitomejoramiento tradicional también implica la transferencia de genes entre organismos; la diferencia estriba en que la ingeniería genética facilita la transferencia de genes a través de las barreras taxonómicas, es decir, que permite transferir genes no sólo entre organismos estrechamente emparentados (por ejemplo, un gen que confiere resistencia a una enfermedad es transferido del trigo al arroz) sino también entre organismos completamente distintos (por ejemplo, un gen que otorga tolerancia al frío es transferido de un pez a una planta de fresa). En el mejoramiento tradicional, los procesos reproductivos biológicos imponen límites a la recombinación genética erigiendo barreras que impiden el cruzamiento entre organismos biológicamente diferentes y, en consecuencia, o no se da el cruzamiento o la progenie es estéril. Con la ingeniería genética es posible rebasar estos límites "naturales". Por esa razón, hay quienes consideran que los OGM son organismos "artificiales" que violan las leyes de la naturaleza. Otros opinan que esta distinción es arbitraria porque la mayoría de los alimentos que consumimos hoy día han sido radicalmente modificados durante miles de años, ya sea mediante la selección deliberada o la mutación accidental. Una característica curiosa del debate público sobre la
ingeniería genética es que se suelen invocar normas diferentes para los distintos tipos
de OGM. A algunos de los críticos que más vociferan en contra de los alimentos
genéticamente modificados no parece perturbarlos el hecho de que muchos productos
farmacéuticos de uso difundido también sean productos genéticamente manipulados. Por
razones no muy claras, las mismas personas que argumentan que modificar genéticamente
cultivos alimentarios equivale a "actuar como si uno fuera Dios" no suelen
oponerse al empleo de la ingeniería genética para producir la insulina, la hormona del
crecimiento humano y muchos otros fármacos de uso común. Asimismo, rara vez expresan
objeciones de carácter ético al uso industrial de los OGM, como la bacteria transgénica
que come petróleo, usada para procesar ciertos tipos de desechos industriales. 4. ¿Quién produce los OGM? Los beneficios que podrían generar los cultivos genéticamente modificados no han pasado inadvertidos para las empresas que producen y venden insumos agrícolas. La mayoría de las grandes empresas que dominan el mercado de la semilla están invirtiendo en la ingeniería genética de cultivos. Al contrario de lo que sucede con el fitomejoramiento tradicional, que se efectúa en todo el mundo, gran parte de la investigación sobre cultivos transgénicos se realiza en países industrializados, principalmente en América del Norte y Europa Occidental (aunque ahora muchos países en desarrollo han iniciado investigaciones de ingeniería genética). Por tanto, no sorprende que la investigación sobre productos transgénicos se haya concentrado en los cultivos de importancia económica en esos países, como la soya, el maíz, el algodón, la colza, la papa y el tabaco. Entre las principales empresas de la industria semillera
mundial (con un valor de 23 mil millones de dólares) figuran DuPont/Pioneer,
Monsanto/Pharmacia & Upjohn, Novartis, Aventis, Groupe Limagrain y Advanta, cuyos
ingresos combinados sumaron 5.6 mil millones de dólares en 1997. Sin embargo, estas
empresas multinacionales representan sólo la punta del iceberg de esa industria, ya que
son apoyadas por cientos de empresas de investigación más pequeñas, fabricantes de
equipo especializado y laboratorios de universidades, de los cuales obtienen productos y
servicios esenciales. 5. ¿Dónde se siembran actualmente OGM? Aunque la investigación sobre cultivos genéticamente modificados se inició hace ya unos decenios, hace poco que éstos alcanzaron la etapa de distribución. A comienzos de los años 90, China se convirtió en el primer país que introdujo un OGM comercial, una variedad de tabaco resistente a los virus. En 1994, una variedad de tomate de maduración tardía (la muy conocida Flavr-SavrTM), desarrollada por Calgene, fue el primer cultivo genéticamente modificado producido y consumido en un país industrializado. En los últimos años, los cultivos genéticamente modificados se han ido introduciendo en los campos de los agricultores y se producen hoy día en muchos países tanto desarrollados como en desarrollo. En términos generales, la mayoría de los agricultores que
han empezado a sembrar cultivos transgénicos están satisfechos con ellos. La rápida
aceleración de la tasa de adopción de los cultivos transgénicos constituye un buen
indicador de su aceptación entre la comunidad agrícola. Sin incluir a China, la
superficie sembrada con cultivos transgénicos aumentó de 1.7 millones de ha en 1996 a
11.0 millones de ha en 1997 y a 27.8 milllones de ha en 1998 (James 1998). Las ventas
mundiales de cultivos transgénicos han crecido en forma similar: aumentaron de US$ 235
millones en 1996 a US$ 670 millones en 1997 y a US$ 1.5 mil millones en 1998 (James 1998). 6. ¿Cuáles son los beneficios de los OGM? (a) Una mayor productividad La mayoría de los cultivos transgénicos que se siembran hoy día poseen características que podrían aumentar la productividad a nivel de fincas, ya sea reduciendo el empleo de insumos o incrementando los rendimientos. El ejemplo más conocido de un transgen que reduce el empleo de insumos es quizá el Bt, un gen proveniente de una bacteria que existe naturalmente en el suelo, Bacillus thuringiensis, que induce a las plantas a producir una proteína tóxica para varias plagas comunes de insectos. Los cultivos que poseen este gen están muy difundidos, pues abarcaban alrededor de 7 millones de ha de maíz y 1 millón de ha de algodón en 1998 (James 1998). A pesar de la escasez de datos sobre su comportamiento, es evidente que la resistencia conferida por el Bt puede aumentar considerablemente los rendimientos y/o reducir la necesidad de aplicar productos químicos para controlar las plagas. Sobre la base de ensayos en campo efectuados en los Estados Unidos, Koziel et al. (1993) estiman que el rendimiento del maíz con Bt fue mayor que el del maíz "normal" hasta en un 8% (donde no hay problemas de insectos, esta diferencia sería, por supuesto, inferior). James informa que la cantidad de insecticida aplicado a la papa se redujo hasta en un 40%. Para la mayoría de los agricultores, el menor empleo de plaguicidas se traduce directamente en mayores utilidades, que sumaron entre US$ 7 y 36 por ha en el caso del maíz en EUA (Carlson, Marra, Hubbell 1997). Estos beneficios a corto plazo no incluyen el beneficio para el medio ambiente por el menor empleo de plaguicidas, que seguramente se producirá con el paso del tiempo. Otro ejemplo bien conocido de un transgen que reduce la aplicación de productos químicos es el gen que otorga resistencia a los herbicidas con glifosato. Monsanto utilizó este gen para desarrollar variedades de algodón, soya y maíz resistentes al glifosato. Estas variedades, que se venden con la marca registrada Roundup Ready, han tenido buena aceptación entre los agricultores. Se estima que en 1998 se sembraron con materiales tolerantes a los herbicidas (principalmente las variedades Roundup Ready) unos 15 millones de ha de soya, 2 millones de ha de colza y 2 millones de ha de maíz (James 1998). Una sola aplicación del herbicida Roundup de Monsanto por lo general es suficiente para lograr un control eficaz de las malezas de hoja ancha, lo cual reduce el número de aplicaciones que se hacen. Aunque el ahorro asociado con la resistencia a los herbicidas es muy variable, los datos preliminares obtenidos en Estados Unidos indican que la soya Roundup Ready aumenta las utilidades de los productores en un promedio de US$ 14 por ha (Carlson, Marra, Hubbell 1997). (b) Mayor calidad Muchos cultivos transgénicos "de primera generación" han demostrado que reducen los costos de producción a nivel de fincas. La investigación ahora se concentra en transgénicos "de segunda generación" que tendrán mejores cualidades nutricionales y/o industriales. Desde hace mucho tiempo, se ha tratado de generar variedades con mayor contenido de vitaminas o minerales; con los avances recientes de la ingeniería genética, se espera que se acelere notablemente el progreso en este campo. Las variedades con mayor valor nutricional resultarán especialmente valiosas en los países en desarrollo, donde millones de personas sufren carencias alimentarias. No obstante, los beneficios no se limitarán al mundo en desarrollo. Los cultivos con mayor valor nutricional también serán atractivos en los países industrializados porque permiten reducir el consumo de grasas, proteínas y almidones poco saludables. De hecho, ya se han generado variedades de soya y colza que producen aceites más saludables, con cantidades menores de ácidos grasos. Los OGM con mayor valor nutricional beneficiarán no sólo
a los seres humanos sino también a los animales. Se está trabajando para obtener
cultivos para la producción de forraje y grano con un mayor valor nutricional. Los
cultivos genéticamente manipulados podrían contribuir a aumentar la tasa de conversión
de alimentos, ya que se piensa que, si la composición de aminoácidos del alimento del
animal fuera igual a su propio balance de aminoácidos, entonces disminuiría la cantidad
global de alimento animal que se necesita y, en consecuencia, se reduciría la
contaminación causada por los desechos de origen animal. Los especialistas en salud
animal examinan incluso la posibilidad de generar variedades mediantes las cuales sería
posible suministrar vacunas contra enfermedades comunes. 7. ¿Cuáles son los riesgos asociados con los OGM? (a) Riesgos para la salud humana Los opositores de la ingeniería genética se han concentrado en resaltar la amenaza que representan los OGM para la salud humana. Si bien no hay pruebas de que ninguno de los transgenes encontrados en los alimentos genéticamente modificados sea nocivo para el ser humano, una preocupación con frecuencia expresada es que el consumo difundido de estos alimentos pudiera llevar a un aumento de enfermedades resistentes a los antibióticos de amplio espectro. Esta preocupación surgió porque los plásmidos vectores mediante los cuales se insertan los genes extraños a veces también contienen genes de resistencia a los antibióticos (aunque estos genes no se expresan). Algunos especialistas en salud temían que, si estos genes estaban presentes en los alimentos transgénicos en cantidades excesivas, se acumularían en los organismos de los consumidores y, finalmente, causarían un aumento de enfermedades resistentes a los antibióticos. Más recientemente, se ha mitigado esa preocupación porque los investigadores han ideado técnicas de transformación que evitan el empleo de plásmidos vectores que contienen genes de resistencia a los antibióticos. Otro posible riesgo generado por los OGM es que las personas con alergias sufran reacciones después de ingerir alimentos genéticamente modificados que contengan proteínas alergénicas introducidas desde fuentes externas. En otras palabras, alguien alérgico a los cacahuates podría sufrir una reacción después de consumir soya transgénica en la que se haya insertado un gen del cacahuate. Como son muy pocos los genes que producen compuestos nocivos, hay muy poco riesgo de que eso suceda. Aun cuando el gen insertado diera como resultado la producción de un compuesto nocivo, las probabilidades de que éste llegara al consumidor son insignificantes teniendo en cuenta las rigurosas pruebas de inocuidad a las que deben ser sometidos todos los productos nuevos (incluyendo los OGM). (a) Riesgos para la salud animal Algunas de las preocupaciones acerca de la posible amenaza que representan los OGM para la salud humana también han sido expresadas en relación con la salud animal. Como el ganado y las aves de corral consumen grandes cantidades de maíz y soya (que pueden haber sido genéticamente modificados), la posibilidad de que esto genere resistencia a los antibióticos ha sido señalada por algunos ganaderos. Si los OGM provocaran un aumento de la resistencia a los antibióticos, éstos podrían volverse ineficaces, lo cual incrementaría el costo de mantener la salud de los animales. También se ha expresado la preocupación de que la resistencia a los antibióticos pudiera ser transferida a las personas que consumen productos de origen animal. Hasta el momento, no hay pruebas que demuestren que el consumo de alimentos genéticamente modificados haya afectado la salud animal, pero dichos alimentos no han estado en el mercado el tiempo suficiente para efectuar ensayos alimentarios a largo plazo y, por consiguiente, tal vez sea prematuro concluir que se ha resuelto definitivamente la cuestión. No obstante, el hecho de que las técnicas de transformación ya no utilizan genes de resistencia a los antibióticos indica que, si no se han detectado problemas hasta el momento, no es probable que se presenten en el futuro. (b) Riesgos para el medio ambiente El aspecto de los OGM que probablemente suscite la mayor polémica son sus repercusiones a largo plazo en el medio ambiente. Aunque en este documento no es posible tratar este complejo tema como se merece, es preciso mencionar algunos problemas específicos. Un riesgo obvio asociado con cualquier cultivo (transgénico o de otro tipo) que haya sido mejorado para que sea resistente a los insectos es la posibilidad de que los insectos que se pretende combatir desarrollen con el tiempo resistencia a las toxinas producidas por el cultivo. Respecto a los cultivos genéticamente modificados con Bt, algunos ambientalistas argumentan que es probable que surja resistencia al Bt con bastante rapidez ya que los insectos están continuamente expuestos a las toxinas producidas por este gen. De hecho, varias especies de insectos comunes, incluyendo plagas tan importantes como la catarinita de la papa (dorifora) y la polilla de la col, ya han desarrollado resistencia al Bt (no obstante, hay que señalar que esa resistencia es resultado de la exposición a aspersiones con Bt, no a cultivos transgénicos con Bt). Esto ha generado interrogantes acerca de la duración de la resistencia a los insectos de los cultivos genéticamente modificados y ha llevado a algunos a preguntarse si los beneficios justificarán los costos de producir esos cultivos. Otro riesgo vinculado con la posible aparición de resistencia en los insectos es que el Bt podría perder su eficacia como plaguicida de uso tópico. Los plaguicidas basados en el Bt se usan para combatir plagas en diversos cultivos frutales y hortalizas. Como el Bt es de origen natural, esos plaguicidas son especialmente populares entre los productores que practican la agricultura orgánica. Si la siembra difundida de cultivos transgénicos con Bt promoviera la aparición de insectos resistentes al Bt, esos productores podrían sufrir pérdidas importantes. También se podría producir la aparición de insectos resistentes al Bt como consecuencia del empleo excesivo de la aspersión de plaguicidas, pero esto es menos probable porque la exposición a las toxinas es menos continua. Ya sea en plantas transgénicas o aplicado como insecticida tópico, el Bt tendrá que formar parte de un método de manejo integrado de las plagas (MIP) para mantener su utilidad a largo plazo. Una estrategia para retrasar la aparición de resistencia al BT consiste en aumentar la toxicidad de las plantas transgénicas incrementando la cantidad de toxina presente en la planta o escalonando varios tipos diferentes de genes Bt para producir un coctel de toxinas naturales. Otra estrategia es crear refugios para los insectos, es decir, zonas exentas de cultivos transgénicos donde pueden continuar viviendo los insectos no resistentes. Estos insectos no resistentes se aparearán con los expuestos al Bt, con lo cual se mantendrá la susceptibilidad de la población general. En Estados Unidos, se recomienda a los agricultores mantener el 20% de la superficie cultivada como refugio y usar allí los métodos tradicionales de control de insectos con el fin de asegurar la supervivencia de insectos no resistentes. Hasta la fecha, no se ha determinado si esta estrategia funciona. El acatamiento de esta recomendación por parte de los agricultores podría llegar a ser un problema porque, si los cultivos transgénicos son muy rentables, ellos tendrán fuertes incentivos para hacer trampa y no sembrar tierras como refugios. En contraste con quienes se preocupan porque los cultivos con Bt no son suficientemente eficaces, otros piensan que lo serán en demasía, porque matarán insectos no dañinos. El estudio de la Universidad de Cornell sobre la mariposa monarca, que recibió tanta publicidad, mostró un aumento de la mortalidad de larvas de monarca alimentadas con polen de maíz transgénico con Bt, lo cual plantea la posibilidad de que puedan ser dañados insectos que no constituyen una plaga (Losey, Rayor, Carter 1999). Desde que se publicó ese estudio, investigadores de la Universidad Estatal de Iowa han señalado que no se deben extrapolar esos resultados, pues fueron obtenidos en condiciones de laboratorio, muy diferentes de las condiciones reales que afrontan las mariposas monarcas silvestres (Rice 1999). Actualmente se realizan investigaciones para determinar si existe este peligro en el campo. Además de la atención puesta en los posibles riesgos
ambientales de la resistencia de los insectos, también se ha expresado preocupación por
el empleo de la resistencia a los herbicidas. El principal riesgo en este caso es que los
genes de la resistencia a los herbicidas pudieran pasar de los cultivos transgénicos a
otras especies silvestres o cultivadas y producir "supermalezas" que resistan
los métodos tradicionales de control. Para combatir esas supermalezas, los agricultores
tendrían que utilizar herbicidas más fuertes y quizá más nocivos para el medio
ambiente. La preocupación se justifica, ya que numerosos estudios han demostrado que las
plantas de cultivos pueden cruzarse con plantas que crecen en campos vecinos y así
pasarles estos genes. Por otra parte, la amenaza para el medio ambiente varía mucho de un
lugar a otro, dependiendo en parte de las especies ahí presentes. Por ejemplo, aunque
siempre existe cierta posibilidad de que los genes pasen del maíz transgénico al no
transgénico en campos vecinos, las probabilidades de una transferencia inadvertida a
parientes silvestres varían notablemente. En África o Asia, hay pocas probabilidades de
que la resistencia a los herbicidas pase del maíz a un pariente silvestre ya que, como el
maíz no es autóctono en esas regiones, no tiene parientes silvestres. En cambio, en
México y América Central la amenaza sería mucho mayor porque ahí todavía existen los
parientes silvestres de los que surgió el maíz cultivado. 8. ¿Por qué difieren tanto las actitudes respecto a los OGM? Una característica importante del debate sobre los OGM es el marcado contraste entre las actitudes del público de un país y de otro. El Océano Atlántico en particular representa una importante línea de fractura en cuanto a esas actitudes: los OGM aparentemente han sido aceptados en forma tácita en los Estados Unidos, pero han inspirado grandes manifestaciones de protesta en muchas partes de Europa. Esta pronunciada diferencia de opiniones parece deberse a dos factores principales. En primer lugar, los consumidores de ambos lados del Atlántico difieren considerablemente en cuanto a su confianza en los sistemas oficiales de supervisión de alimentos. Los estadounidenses en general confían en la capacidad de su gobierno de protegerlos de productos alimentarios nocivos. Los organismos supervisores estadounidenses cuentan con un amplio apoyo: el 90% de los estadounidenses respalda al Departamento de Agricultura y el 84%, a la Administración de Fármacos y Alimentos. En Europa, las actitudes son muy diferentes. Los organismos supervisores europeos son vistos con desconfianza: sólo el 4% de los europeos creen que esos organismos dicen la verdad acerca de los cultivos transgénicos (Gaskell, Bauer, Durant, Allum 1999). Este escaso grado de apoyo es resultado, al menos en parte, de una serie de incidentes en los cuales los organismos supervisores inicialmente no detectaron la gravedad de un problema y luego trataron de restarle importancia a sus probables consecuencias, como sucedió con el brote de la enfermedad de las "vacas locas" en Gran Bretaña y el escándalo en Bélgica de los pollos contaminados con dioxina. Un segundo factor que ha contribuido a la variabilidad de
las actitudes del público es la disponibilidad de información acerca del contenido de
los productos alimentarios. Los consumidores europeos tienden a prestar muchísima
atención a los alimentos que ingieren e insisten en conocer su procedencia. En parte por
esta razón, se exige a los comerciantes europeos mencionar en la etiqueta si un producto
contiene OGM, lo cual, además de proporcionar información importante a los consumidores,
también ha servido para alertarlos acerca de la proliferación de alimentos
genéticamente modificados. Los fabricantes estadounidenses de alimentos no están
obligados a especificar en las etiquetas que se trata de alimentos genéticamente
modificados y han luchado denodadamente (con el apoyo de grupos de cabildeo agrícola)
para evitar esa exigencia. Por consiguiente, la mayoría de los consumidores
estadounidenses no saben que muchos de los alimentos que ingieren contienen ingredientes
genéticamente modificados. Esta falta de información que algunos dicen que lleva a
una peligrosa ignorancia sin duda ha contribuido a la relativa complacencia de los
consumidores estadounidenses. 9. ¿Son los OGM apropiados para los países en desarrollo? A pesar de que el debate público se ha producido principalmente en el Norte, los resultados son importantes para el Sur (Consejo Nuffield de Bioética 1999). Muchos de los países en desarrollo todavía dependen en gran medida de la agricultura y, por lo tanto, se beneficiarían enormemente con toda tecnología que pueda aumentar la producción de alimentos, reducir los precios de éstos y mejorar su calidad. Tal vez el Príncipe Carlos tenga razón cuando dice que los OGM son innecesarios en Gran Bretaña, donde el costo de la materia prima representa solo una pequeña parte del precio final pagado por los consumidores por alimentos sometidos a intensos procesos de elaboración, cuidadosamente empaquetados y objeto de gran publicidad, pero es difícil argumentar lo mismo en países en desarrollo donde cada noche millones de personas se van a la cama con hambre porque no hay alimentos o no tienen dinero para comprarlos. En los lugares donde a menudo se carece de alimentos suficientes para subsistir y donde los precios de éstos afectan directamente los ingresos de una gran parte de la población, no es fácil ignorar el potencial que tienen los OGM para aumentar la productividad. El mismo argumento se puede esgrimir en relación con el potencial de los OGM para mejorar la calidad nutricional: quizás no se necesiten con urgencia alimentos con mayor valor nutricional en la mayoría de los países industrializados, donde casi todos los consumidores tienen la posibilidad de satisfacer sus requerimientos nutricionales, pero en muchos países en desarrollo esos alimentos podrían cumplir una función clave contribuyendo a aliviar la desnutrición. En la actualidad no se producen cultivos transgénicos en muchos países en desarrollo y, por lo tanto, es difícil pronosticar su valor final, pero los estudios basados en la predicción mediante la extrapolación indican que es probable que los OGM aporten considerables beneficios tanto a agricultores como consumidores (Qaim 1998, 1999). Si bien es cierto que los posibles beneficios de los OGM son desproporcionadamente grandes en los países en desarrollo, también lo son sus posibles costos. La mayoría de esos países no cuentan con capacidad científica suficiente para evaluar la inocuidad de los OGM, los conocimientos económicos para estimar su valor, la capacidad para implementar normas que rijan su distribución sin riesgos y sistemas jurídicos adecuados para imponer sanciones y castigar las transgresiones de la ley. Además, como en los países en desarrollo se encuentran los centros de origen de muchos de los principales cultivos alimentarios del mundo, todo efecto negativo sobre la fauna y la flora silvestres podría tener repercusiones en la biodiversidad mundial. Dado que es mucho lo que está en juego en los países en
desarrollo, varias organizaciones trabajan para aumentar la capacidad local de manejar la
adquisición, la distribución y la vigilancia de los OGM. Los centros de investigación
internacional que son miembros del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola
Internacional (CGIAR) recientemente han intensificado sus actividades en este campo.
Convencidos de que las decisiones respecto a la producción y empleo de OGM tienen que
quedar en manos de los gobiernos de los países, en estos centros se piensa que los
encargados de formular las políticas pueden hacer elecciones bien fundadas si cuentan con
los conocimientos técnicos, económicos y políticos necesarios. En consecuencia, muchos
de esos centros adiestran a investigadores de los países en desarrollo en el empleo de
técnicas de ingeniería genética, facilitan el acceso a tecnologías protegidas por
derechos de propiedad intelectual y disponibles principalmente en el Norte, y promueven la
implementación de sistemas eficientes para evaluar en forma objetiva los OGM. 10. ¿Cuáles son las perspectivas a largo plazo de los OGM? En vista del tumultuoso debate sobre los OGM, sería absurdo intentar predecir en qué terminará. Aun así, a pesar de la incertidumbre actual, hay varios puntos que quedan claros. En primer término, como tecnología para crear variedades de cultivos valiosas, desde el punto de vista económico la ingeniería genética no se puede dejar de lado. Dados los avances recientes de la biotecnología, el proceso mediante el cual el hombre mejora los cultivos ha cambiado para siempre. Si bien no en todos los casos será posible identificar genes de interés y desplazarlos a voluntad usando técnicas de ingeniería genética, en las situaciones en que sí se puedan identificar y manipular genes económicamente valiosos a menudo resultará muy ineficiente utilizar los métodos tradicionales de fitomejoramiento. Con los métodos tradicionales, se tienen que cruzar grandes cantidades de plantas progenitoras para crear recombinaciones aleatorias de genes y luego trabajar arduamente para seleccionar la progenie óptima. En segundo lugar, el efectuar transferencias de genes entre especies hace posible la creación de organismos que sean diferentes en aspectos importantes de los organismos encontrados en la naturaleza. Es cuestión de opinión si las diferencias son de índole o de grado, pero, en cierto sentido, esto no tiene gran trascendencia. Como sucede con todo producto nuevo, las repercusiones de los OGM en las personas, los animales y el medio ambiente son difíciles de predecir; por consiguiente, es importante evaluar los riesgos antes de aprobar el lanzamiento de OGM. El proceso de evaluación inevitablemente tendrá que incluir ensayos en campo cuidadosamente controlados, ya que sólo las pruebas sobre el terreno generarán la información necesaria para determinar cómo se comportarán los OGM en manos de los agricultores. En tercer lugar, dada la importancia que las personas dan a los alimentos que consumen, las políticas concernientes a los OGM tendrán que basarse en un debate abierto y franco donde participe un amplio sector de la sociedad. Considerando la situación en forma retrospectiva, es evidente que la industria de la biotecnología agrícola se equivocó al afirmar que los alimentos genéticamente modificados no son diferentes de los otros alimentos y, por lo tanto, no es preciso someterlos a un tratamiento especial ni distinguirlos en los mercados. Esta actitud sólo sirvió para aumentar las sospechas entre algunos consumidores de que la industria busca aumentar sus utilidades promoviendo una tecnología que tiene pocos beneficios obvios y puede en realidad ocultar riesgos. Con el fin de lograr el consenso requerido para proseguir, todas las partes que intervienen en el debate tendrán que reconocer la validez de las preocupaciones de los demás y tomar medidas para resolver interrogantes aún sin respuesta. En este contexto, la experiencia de Suiza es aleccionadora. En ese país, las difundidas preocupaciones acerca de los OGM llevó a una campaña efectuada por científicos del sector público, apoyados por la industria de la biotecnología, para instruir al público acerca de los aspectos científicos de la biotecnología; en un referéndum posterior realizado a nivel nacional, los antes escépticos electores suizos respaldaron la biotecnología. Por último, las decisiones acerca del futuro de los OGM deben basarse en datos científicamente convalidados, no en afirmaciones infundadas, verdades a medias o simples impresiones. Un gran problema en el debate actual es que las partes opositoras usan la información de manera selectiva; a veces interpretan a su favor las lagunas en los conocimientos y con frecuencia apoyan sus argumentos en datos erróneos. Al promover los OGM, la industria de la biotecnología agrícola en ocasiones ha sido culpable de ponderar en exceso los posibles beneficios y restar importancia a los posibles riesgos. Quienes se oponen a los OGM han hecho lo contrario: han ignorado los beneficios y exagerado los riesgos. Si se quiere resolver esta polémica, la retórica con motivaciones políticas debe ser sustituida por un diálogo serio, basado en información científica confiable. Hay demasiadas cosas importantes en juego para adoptar posturas inútiles.
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